“LAS BELLOTAS”

“CON sus escritos, por no decir literatura, –comenta un excanciller amigo– se maneja “al filo de la navaja»; corre el riesgo de que ahora digan algo así como “ya se volvió izquierdista». “De tanto navegar en las aguas de la filosofía y la literatura se convirtió en un «diletante» o peor aún, en un «moralista» y más grave, en un «intelectual». “El riesgo vale la pena, el resultado incierto; la vida, maravillosa, sobre todo, cuando se comparten conocimientos, experiencias, vivencias, alegrías y reflexiones con los demás”. “Usted presidente, lo hace, lo felicito por ello”. Fue uno de los mensajes alusivos a la mezquindad de empresarios “cuenta centavos”, responsables de la mala imagen que sufre el gremio entre la opinión pública; la misma cofradía de transnacionales miopes –que hasta sus gerentes mandan de afuera, como si aquí no hubiese talento nacional preparado– que solo vienen a explotar el mercado local sin ningún aprecio al país anfitrión y sin intención alguna de aproximarse a las necesidades de su gente. Esa percepción, a veces injusta –decíamos, haciendo salvedad de las muchas honrosas excepciones de los buenos– que se ha forjado dentro del imaginario colectivo, es atribuible al miserable proceder en la conducción de sus relaciones y de sus negocios.

Otro lector opina: “Esas empresas nunca son «fieles» al país que les da su calurosa bienvenida; una vez sienten movimiento de “olas bravas” se van del país”. “Entonces habría que empezar por cambiar los pensum académicos de la educación pre escolar hasta llegar a la Universidad”. “Pareciera que a los niños desde muy temprana edad los van formando para el fracaso”. “Se les enseña a valorar los objetos o los bienes materiales por las marcas”. “Por eso hay muchos que van creando una mentalidad de consumidor y no de emprendedor”. “Dicen, «quiero la casa de mis sueños para que mis hijos vivan en un buen vecindario». “¿Pero a costa de qué, de sacrificios?”. “¿Muebles caros, ropa cara, para qué? “En cambio la persona con mentalidad empresarial vive hasta donde sus ingresos le permiten vivir, se compra la ropa que puede pagar y da a sus hijos la educación según su presupuesto”. “Esto al final del día, si les está asegurando una estabilidad financiera como familia y a la vez forjando su futuro”. “Es cierto nos hace falta formación en valores”. “Menos aparentar, menos hábitos «nocivos» de consumo y más enfoque en inversión con propósito”. (Hasta aquí comentarios a los editoriales anteriores). Como contraste –y ejemplo de un empresariado formador de valores– ofrecimos la charla de un mexicano de descendencia japonesa. Sus cuatro pasos para el éxito: “El bien ser, el bien hacer, el bienestar –dar más de lo que se recibe fruto de la felicidad–, para alcanzar el bien tener”. Un lector ilustra: “Don Carlos Kasuga, empresario exitoso, excelente en sus charlas sobre educación formativa”. “Lo conozco”.

“Lástima que aquí los “cuenta centavos” no practican el bien ser, ni el bien hacer y menos el bienestar, solo quieren tener; y la autoridad educativa no sabe nada de educación de valores ni de educación formativa”. “Enorme contribución ese editorial, ojalá lo entiendan de verdad; lástima cada día es más evidente la falta de amor y compromiso con la Patria”. Una lectora amiga escribe: “Está de imprimirlo y pegarlo en el espejo, en la oficina para tener presente los cuatro pasos y practicarlos”. Otro lector: “Ese es el ejemplo que debemos seguir los hondureños, exaltar los valores de: honradez, puntualidad y lealtad”. Un abogado amigo: “Qué editorial, te tiraste hoy”. “Se lo dices a Juan para que lo entienda Pedro”. “Solo que a Pedro no le gusta leer ni paquines”. “Querido y apreciado amigo: no dejo de leerte todos los días; estás haciendo camino al andar». Otro lector: “Increíbles lecciones de vida y mucho aprendizaje nos ha dejado este editorial con la síntesis de lo que se tiene que hacer: el bien ser, el bien hacer y la recompensa de ambos viene el bienestar –saber compartir– que es la felicidad que tanto buscamos”. Un breve mensaje de un buen amigo respecto a no pedir frutas a los pinos si lo que dan son bellotas: “Las bellotas no deben perder la esperanza”. (Una imagen –el Sisimite citando a Sartre– es un acto y no una cosa”. A lo que Winston responde: «El comportamiento –filosofaba Goethe– es un espejo en el que cada uno muestra su imagen»).