LLOVIERON los mensajes y tronaron los chats a raíz de los dos últimos editoriales alusivos a la mezquindad de empresarios “cuenta centavos”, responsables de la mala imagen que sufre el gremio entre la opinión pública; la misma cofradía de transnacionales miopes –que hasta sus gerentes mandan de afuera, como si aquí no hubiese talento nacional preparado– que solo vienen a explotar el mercado local sin ningún aprecio al país anfitrión y sin intención alguna de aproximarse a las necesidades de su gente. Esa percepción, a veces injusta –decíamos, haciendo salvedad de las muchas honrosas excepciones– que se ha forjado dentro del imaginario colectivo, es atribuible al miserable proceder en la conducción de sus relaciones y de sus negocios. Como el escrito no da nombres, la curiosidad de los afiliados al colectivo de Winston y el Sisimite, era averiguar a quién se dio como ejemplo. Tampoco llegamos al extremo de ponerlos en evidencia, aunque varios, por eliminación, adivinaron.
Aquí un escogido surtido de comentarios: “Excelente, –esto dicho por un dirigente empresarial– talvez entienden el mensaje los pulperos que tenemos en el sector privado”. “Solo cuando ocupan algo salen corriendo a pedir favores”. (Aunque tratarlos de “pulperos”, no deja de ser ofensivo, pero a los dueños de pulperías, cuando son, en su inmensa mayoría, micro empresarios humildes, sacrificados, luchadores y, pese a lo poco que tienen, muchísimo más generosos que cualquiera de esos potentados avorazados. Otro lector: “Presidente, por alguna razón su editorial me hizo recordar que en la Revolución francesa cuando subía el precio del pan les cortaban la cabeza a los panaderos, y mientras más cabezas de panadero cortaban, más subía el precio del pan”. Así estamos acá con los “cuenta centavos”, “solo que todavía no ruedan cabezas…” Otra opinión: “Exacto, puntual y oportuno” “Tiene razón, es una desgracia porque al final se evidencia la actitud hacia el país y el interés nacional de un sector de nuestro sistema productivo”. “Cuando tienen la soga al cuello –llevándose de encuentro al país– entonces son los lamentos”. “Esta actitud no solamente es tacaña y chiquita, sino que, penosamente, ausente de sensibilidad humana”. “No importa el interés ciudadano, únicamente el personal y ser como el rastrillo, para dentro y cero sensibilidades hacia los demás”. (“Tampoco sería rastrillo, porque en las rendijas algo se cuela, sino azadón”). Otra colaboración: “Pienso que hay reglas de oro y una de ellas está en la conducta humana; pero en la conducta ética y verdaderamente humana, no irracional”. “Tratar a los otros como a uno mismo”. “Esta regla es la semilla de la buena convivencia y quizás del desarrollo social y el bienestar de la familia hondureña, indistinto del nivel económico o estatus social, debe ser una regla trasversal en la sociedad que permitiría, incluso no solo desarrollo social, sino la sociabilidad”.
Otro lector: “Bueno era de esperarse de quienes en todo ven una oportunidad de enriquecerse”. “Dejan arrumbado a aquellos que siempre les han servido para dar paso a lo nuevo, lo de moda, lo que les deja más dividendos y menos ‘pérdidas’». Otro lector: “El tema de las exoneraciones arancelarias siempre trae consigo un beneficio mutuo tanto para quien corre el riesgo de invertir como para el país en general”. “Un sistema de pensiones que con mucho éxito funciona en otros países debería ser parte de nuestros réditos por la aplicación de justicia y equidad”.
“Cuando los ahorrantes con su propio esfuerzo obtienen una parte se aumenta su fortaleza y si además el Estado los apoya con transferencias se avanza como tren sobre rieles”. “Sin embargo cuando las naciones adoptan derivas ideológicas hay desconfianza”. “Además, si tenemos una clase empresarial que únicamente se preocupa por acumular y servirse de políticas estatales, ahí si vamos cuesta arriba, porque el progreso sin justicia social es retroceso”. De allí la desconfianza mutua de quienes no creen que el Estado sea buen administrador y los que propician un Estado centralista como la solución a los problemas de desarrollo y crecimiento económico”. “Solo a fuerza de favores se conquista a los espíritus mezquinos –dice el Sisimite que decía Jenofonte– a los corazones generosos se les gana con afecto”. “Mejor nada y mantener la dignidad –interrumpe Winston– que la limosna de un “cuenta centavos” mezquino”).