CONTRACORRIENTE: Política, “la guerra por otros medios”

Por: Juan Ramón Martínez

Tengo la impresión que erramos, cuando hacemos análisis científicos de la conducta de los actuales gobernantes, pasando por alto la precariedad de sus convicciones y la elementalidad de sus propuestas. Marx, no le vio futuro a la América Latina. Creyó que estaba llamada a ser dominada y desarrollada por los Estados Unidos. Y para que no quedaran dudas, emitió negativos juicios sobre Simón Bolívar que, los años se encargaron de confirmar. De allí que crea que, más que buscar explicaciones teóricas, es necesario encontrar en la idea colonial -las ansiedades de los teóricos españoles justificando su condición de imperio y la confrontación entre Maquiavelo y Santo Tomás de Aquino, sobre la naturaleza y finalidad del poder- y en las motivaciones de la guerra civil, la base que alimenta, sostiene y desarrolla las justificaciones de los actuales gobernantes.

Por ello es fácil, descubrir -leyendo a Reina- que para los ideólogos de Libre el poder es un premio para los que lo conquistan que, para legitimarse, no necesitan nada más que su posición hegemónica y su voluntad de no soltarlo. En consecuencia, no tienen necesidad de validar como justificación adicional, el servicio del poder en dirección a la satisfacción de las necesidades de la mayoría de la población, porque les basta la legitimación electoral. Esta es fundamental; pero se complementa en ese plebiscito diario en que la ciudadanía, de cara a los servicios recibidos, califica el desempeño de sus elegidos para servirles. Erramos aquí, porque el pensamiento de Libre no es democrático. Incluso las justificaciones marxistas y las posturas anticolonialistas, anticapitalistas y antiimperialistas, no se anclan en el pensamiento revolucionario de izquierda, sino que en las teorías que les han dado justificación a las guerras civiles, las montoneras y los golpes de Estado. Para concluir entonces que Libre no representa un salto cualitativo en la justificación política, sino que una continuidad con las formas que, en el pasado, fueron utilizados por los caudillos en las innumerables guerras por el poder. Esto ratifica la continuidad de la historia nacional y confirma, metodológicamente, la importancia del pasado. No en la forma abusiva que lo usa Torres que, no tiene miedo de provocar aburrimiento en el auditorio, sino que en forma más bien emparentado con Soren Kierkegaard que afirma que “la política, solo puede comprenderse bien desde la mirada histórica; pero debe seguir ejerciéndose hacia el futuro, en la más absoluta incertidumbre”. Que, solo se reducen tales incertidumbres, comprobando las opiniones de los ciudadanos que reciben por medio del gobierno sus beneficios. Luisgé Martín, previene que “es necesario recordar a cada momento que, en la antipolítica, nunca hay soluciones sino fracasos anticipados”. Por supuesto, Torres no admite estas reflexiones, porque sus justificaciones están basadas en la idea que el poder es un premio; que los que lo han logrado pueden usarlo en la forma que quieran, por lo que no aceptan opiniones, cuestionamientos; o críticas. Por lo que el comportamiento de Libre como partido, es más próximo a las guerras civiles hondureñas y justificadas en las visiones de sus principales caudillos: Medina, Bográn, Bonilla Vásquez, Bonilla Chirinos, Carías Andino, Zúñiga Huete y López Arellano.

Las justificaciones de la adhesión de los seguidores a Zelaya, en la superficie puede imaginarse como múltiple; pero en el fondo, es fiel con la lógica del saqueo, que alimentó la guerra civil en el pasado, en que los jóvenes solo por su medio, tenían la oportunidad de ascender socialmente y forjar riqueza. Iban a la guerra civil en procura de un trofeo; unas vacas, un caballo; o ahorros guardados, en precarias alcancías enterradas bajo las camas de entonces. El complemento adicional, y esto es un “avance”, son los “colectivos”, que operan cuando los adversarios, descalificados por estar allí, se niegan dejar las chambas -el precio de la lucha- para darle espacio a los que tienen derecho: los ganadores.

De modo que lo que vemos no es la alborada revolucionaria. Sino que la continuidad de las guerras civiles que la profesionalización de los militares eliminó. Lo adicional, es cierto barniz autoritario adicional, insinuado por Zúñiga Huete, y que se nota en la organización del reclamo de los ganadores, mediante organizaciones de corte fascista como los colectivos de Libre. Pronto usarán camisas idénticas. Por lo que, la reacción esperada, es la “contrarrevolución”.

[email protected]