La dignidad nacional y el gesto del Canciller

Por: Arístides Mejía*

No me cabe la menor duda que lo declarado por el Canciller corresponde a su genuino pensamiento, basta con leer sus artículos para deducirlo.

En los días del golpe de Estado coincidimos en una lucha cívica por el restablecimiento democrático en la que tuve que reunirme con presidentes, ministros y embajadores de muchos países al igual que él. Sus posturas fueron siempre democráticas y en favor del diálogo para solucionar el conflicto y en eso coincidíamos.

La dignidad nacional hace muchos lustros que se perdió en Honduras. No comenzó con el entreguismo de los caudillos a principios del siglo XX, pero el punto de inflexión fue Carías, último caudillo frutero apoyado por las compañías bananeras a cambio de soberanía, prebendas y tierras. Por eso Honduras fue república bananera.

Después de él muchos y el último Juan Orlando Hernández porque hizo acuerdos con Trump sobre temas migratorios totalmente desfavorables o desplazó la embajada de Honduras a Jerusalén para congraciarse con los israelíes y con Trump en un afán de protegerse de la justicia americana que ya lo acechaba. En vano.

Por su administración corrupta y su involucramiento con el narcotráfico se etiquetó a Honduras como un narcoestado, el mayor envilecimiento sufrido por nuestro país.

Por ello es importante recuperar la dignidad perdida.

¿Pero cómo y ante quién?

El nacionalismo, patriotismo y el chovinismo reclaman siempre dignidad nacional y sin embargo fueron el pretexto para el surgimiento del fascismo en Europa tras la Primera Guerra Mundial.

Mussolini y Hitler cimentaron su ideología en la dignidad nacional mancillada.

Ahora mismo Putin destruye a Ucrania alegando derechos nacionales sobre un país independiente y democrático.

Por la repetición de este gastado argumento es que ya nadie quiere morir por Dios, por la patria o por la Revolución en Occidente, los pueblos están cansados de las atrocidades cometidas en su nombre a través de la historia.

Los rusos huyen del reclutamiento, los ucranianos defienden a su país pero entendido como la defensa a su población, porque conocen a la soldadesca rusa: brutal, criminal, violadora; ya lo habían hecho allí antes y en los países que ocuparon cuando derrotaron a los nazis.

Es decir no es el concepto abstracto el que se defiende aquí, aunque este sea subyacente.

Los hondureños somos parte del gran pueblo latinoamericano, con mucha historia y características comunes, con una relación de amor y odio con los Estados Unidos pero con muchos intereses en común, con mucho futuro si las relaciones se manejan con respeto, con valores democráticos compartidos y con sentido de cooperación.

También hay un aspecto pragmático en las relaciones internacionales, en estas mandan las circunstancias, querer ganar la discusión por creer tener la razón puede ser una derrota y debilitamiento si no se hace adecuadamente.

Salvo un cálculo sobre las consecuencias de emprender una disputa con los Estados Unidos que corresponda a una estrategia para alcanzar una posición con nuevos equilibrios, sería contraproducente para las inversiones, el crédito y los programas de ayuda, si se deterioraran las relaciones con nuestro poderoso vecino. Sobre todo porque comenzaron bien a pesar de que nadie lo auguraba.

Un buen hondureño no puede estar en desacuerdo en recuperar la dignidad perdida, no me refiero por supuesto a la dignidad personal, hablo de la imagen del país y la dignidad de los funcionarios que nos representan.

Pero la dignidad no significa orgullo, que es un exceso de estimación propia porque sería falso y ridículo.

Para ser digno hay que promover el orden, la disciplina, el trabajo, la honestidad, la justicia, la equidad, el respeto a las personas y las instituciones y tener una economía fuerte que nos respalde, que nos permita decir lo que pensamos sin tener que humillarnos después al extender la mano.

La dignidad no es solamente nuestra idea del mérito propio es también la mirada del otro, es el respeto.

Si así lo piensa el Canciller, va por buen camino.

¹Exembajador, exministro, exmagistrado TSE