El deterioro de la política exterior hondureña

Estado esbelto y los 7 desperdicios

Por: Jairo Núñez*

Bien decía Albert Einstein que hay dos cosas que no tienen límite: el universo y la estupidez; y que aun así no estaba seguro de la primera. Este enunciado dio paso a un estudio científico en el cual sus autores sostienen que es posible clasificar a las personas de acuerdo con su grado de estupidez. La investigación fue realizada en 2015 en conjunto por una universidad húngara y la Universidad de Baylor en Texas y publicada en la revista especializada Intelligence. Este es un estudio un poco más profundo al estilo de Facundo Cabral.

Volviendo a la investigación, en resumen, atendiendo los resultados generados, se han obtenido tres grados “jerárquicos” de estupidez (los comportamientos cotidianos considerados torpes o poco prácticos) y estos son:

1. Ignorancia-confianza. Este es el grado más alto de estupidez que una persona puede aspirar en la escala. El estudio los define como aquellas personas que asumen situaciones de riesgo, de cualquier tipo, a pesar de que puedan o no carecer de las habilidades o conocimientos necesarios para resolverlas. Algo así como el “ministre” que comparó estúpidamente al expresidente Zelaya con el paladín centroamericano Francisco Morazán o como el viceministro de Educación que afirmó que el término “patriarcado” viene de “patria” y por eso “había que eliminar ambos conceptos de nuestro vocabulario”. Aquí también cabe el “vicecanciller de Política Exterior” que, ganando la distinción al primer grado ha andado echándonos encima a la OEA solo hablando del pasado y nada de futuro.

2. La falta de control. Es el grado medio de estupidez, según el estudio. Corresponde a aquellos sujetos que tienen un comportamiento obsesivo compulsivo y carecen de autocontrol. Aquí, por ejemplo, podríamos colocar al secretario de Relaciones Exteriores y Cooperación Internacional. Como dice mi amigo Juan Ramón Martínez: “que un embajador visite a un ministro, a un alcalde o a un designado presidencial, no tiene que provocar pérdida de control de un diplomático… y que en toda la historia no habíamos tenido a un canciller más dispuesto a la confrontación, a la pelea callejera como al titular de esa Secretaría”, haciendo referencia a los fuertes mensajes de este contra la embajadora Dogu, típico de un “cuchillero de orillas” como decía Borges.

Juan Ramón, a su vez indica que el titular de dicha Secretaría, “demuestra poca capacidad para el desempeño del cargo y un nerviosismo inexplicable… poco profesional”, no podríamos estar más de acuerdo. Yo le agregaría aquí una dosis de falta a la verdad de parte del “secretario”, ya que en abril de este año 2022 la Cancillería, con él a cargo, informó que 11 compatriotas marinos hondureños detenidos desde 2019 en Venezuela habían sido liberados siguiendo los lineamientos de la Presidente Castro en acuerdos con la dictadura socialista venezolana. Falso. De primera fuente puedo manifestar que la dictadura socialista estuvo extorsionando a estos pobres hombres desde que los capturaron acusados de “contrabando de extracción”. Hoy que están liberados, se puede expresar abiertamente y sin temor a represalias hacia ellos, que se hizo las gestiones para que el gobierno anterior pudiera negociar su liberación con la dictadura venezolana, pero como todos sabemos, no existían sanas relaciones bilaterales entre Honduras y Venezuela. Claro estaba que luego que el corrupto gobierno venezolano los extorsionara por altas cifras de dólares estadounidenses, los liberara al inicio del gobierno socialista de la Presidente Castro. Nada es casualidad. ¿Cómo podríamos entonces confiar en la palabra de un secretario de Relaciones Exteriores que no dice las cosas como son?

Aristóteles estaría decepcionado que este señor comenzara una columna, mal redactada por cierto, el 5 de octubre de este año 2022 citándolo: “La dignidad no consiste en tener honores, sino en merecerlos”. ¿Qué honor hay en faltar a la verdad? ¿Qué honor hay en desafiar a la embajadora y con ella al mismo gobierno de los Estados Unidos de América de donde, literalmente, dependemos de las remesas de los migrantes que con mucho esfuerzo sostienen la economía del país? ¿Hay dignidad en ello o solo estupidez desmedida sin control?

Muy de acuerdo también con mi amigo Carlos G. Cálix, quien maneja la tesis que “el desacierto es la nueva marca país en la política exterior hondureña”. Y, por último, pero no menos importante, está el tercer grado de estupidez:

3. Distracción. Es el grado más leve de estupidez. Aparece en aquellas personas que no solventan una tarea práctica debido a una distracción o porque carecen de las destrezas necesarias para llevarlas a cabo. Aquí cabe el resto del equipo de la Secretaría, quienes, aportando al callar, son parte de la “nueva marca país en la política exterior hondureña”.

*Jairo Núñez es Doctor en ciencias administrativas y económicas, máster en administración de empresas y en ciencias políticas.

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