REGRESA la afición cansada de tanto descansar. A tono con el encapotado temporal iniciamos con el soneto de un poeta español del Siglo de Oro, “La Tempestad y la Calma”: “Yo vi del rojo sol la luz serena/ Turbarse, y que en un punto desaparece/ Su alegre faz, y en torno se oscurece/ El cielo con tiniebla de horror llena./ El Austro proceloso airado suena,/ Crece su furia, y la tormenta crece,/ Y en los hombros de Atlante se estremece/ El alto Olimpo y con espanto truena;/ Mas luego vi romperse el negro velo/ Deshecho en agua, y a su luz primera/ Restituirse alegre el claro día,/ Y de nuevo esplendor ornado el cielo/ Miré, y dije: ¿Quién sabe si le espera/ Igual mudanza a la fortuna mía?/ (Fin del soneto). Ahora una gentil colaboración al colectivo de Winston y el Sisimite de uno de sus muchos afiliados. Unos inspirados versos de Silvia Schmidt pensadora y parlamentaria alemana:
“Y TUVE QUE ACEPTAR…/ Que no sé nada/ Del Tiempo…/ Que es un misterio/ Para mí/ Y que no comprendo/ La eternidad./ Yo tuve que aceptar,/ Que mi cuerpo/ No sería inmortal/ Que él envejecería/ Y un día se acabaría./ Que estamos hechos/ de, Recuerdos y olvidos;/ Deseos, memorias,/ Residuos, ruidos,/ Susurros, silencios,/ Días y noches,/ Pequeñas historias/ Y sutiles detalles./ Tuve que aceptar que,/ Todo es pasajero/ Transitorio./ Y tuve que aceptar,/ Que vine al mundo/ Para hacer algo por él,/ Para tratar de dar/ Lo mejor de mí/ Para dejar/ Rastros positivos/ De mis pasos/ Antes de partir./ Yo tuve que aceptar,/ Que mis padres/ No durarían siempre/ Y que mis hijos/ Poco a poco,/ Escogerían su camino y/ Seguirían ese camino/ Sin mí./ Y tuve que aceptar,/ Que ellos/ No eran míos,/ Como suponía, y que/ La libertad de ir y venir/ Es también/ Un derecho suyo./ Yo tuve que aceptar,/ Que todos mis bienes/ Me fueron/ Confiados en préstamo,/ Que no me pertenecían/ Y que eran tan fugaces/ Como fugaz era/ Mi propia existencia/ En la Tierra./ Y tuve que aceptar que/, Los bienes quedarían/ Para uso de/ Otras personas/ Cuando yo,/ Ya no esté por aquí./ Yo tuve que aceptar,/ Que barrer mi acera/ Todos los días/ No me daba garantía/ De que era/ Propiedad mía/ Y que barrerla/ Con tanta constancia/ Solo era una/ Fútil ilusión/De poseerla./ Yo tuve que aceptar,/ Que lo que llamaba/ “Mi casa” era solo/ Un techo temporal/ Que un día más,/ Un día menos/ Sería el abrigo terrenal/ De otra familia./ Y tuve que aceptar que,/ Mi apego a las cosas,/ Solo haría más penosa/ Mi despedida/ Y mi partida./ Yo tuve que aceptar,/ Que los animales/ Que quiero y/ Los árboles que planté,/ Mis flores y mis aves/ Eran mortales./” “Ellos, no me pertenecían,/ Fue difícil pero/ Tuve que aceptarlo./ Yo tuve que aceptar,/ Mis fragilidades,/ Mis limitaciones y/ Mi condición/ De ser mortal,/ De ser efímero”/.
“Yo tuve que aceptar/ Que la vida/ Continuaría sin mí/ Y que,/ Al cabo de un tiempo,/ Me olvidarían./ Humildemente confieso,/ Que tuve que librar/ Muchas batallas/ Para aceptarlo./ Y tuve que aceptar que,/ No sé nada del tiempo/ Que es/ Un misterio para mí./ Que no comprendo,/ La eternidad y que/ Nada sabemos/ Sobre ella./ Tantas/ Palabras escritas/ Tanta necesidad de/ Explicar,/ Entender y/ Comprender este/ Mundo y la vida/ ¡Que en él vivimos!/ Pero/ Me rendí y/ Acepté lo que tenía/ Que aceptar/ Y así dejé de sufrir./ Deseché,/ Mi orgullo y/ Mi prepotencia/ Y admití que/ La naturaleza/ Trata a todos/ De la misma manera,/ Sin favoritismos./ Yo tuve que, desarmarme/ Y abrir mis brazos/ Para reconocer/ La vida como es./ Reconocer que,/ Todo es transitorio/ Y que funciona/ Mientras estemos/ Aquí en la Tierra./ ¡Eso me hizo/ Reflexionar/ Y aceptar,/ Y así alcanzar/ La paz tan soñada!/ La Vida es un regalo/ Que Dios te da”. (Hasta aquí la poesía). (Y como rimando estamos Winston saca papel y pluma: “Yo tuve que aceptar, Que los zombis adictos/ Aquí se van a quedar;/ Campantes e invictos/ De cualquier lectura./ Ah, y el dundo completo/ Del uso del alfabeto/ Y de la correcta escritura./ Con tristeza aceptar:/ La generación analfabeta/ Que sabiendo leer/ No lee; y sabiendo escribir/ Pichingos y otras siluetas/ Es lo que sabe transmitir”).