Encuentro con Rama

Deseos extraterrestres de Año Nuevo

Por: Otto Martín Wolf

Estoy seguro que el título será entendido por los amantes de la verdadera ciencia ficción, nada que ver con La guerra de las galaxias ni cosas parecidas.

La comunicación y, aún más, el contacto cercano con otras inteligencias es algo que aún está pendiente, espero que ocurra pronto, de eso trata la novela con ese título, que fue seguida por tres más (sí, me las volé todas).

El autor (Arthur C. Clarke) ya fallecido, uno de los más destacados escritores del tema y esta, al igual que Odisea del espacio, considero son las dos más importantes dentro de su obra, mucho muy extensa.

Quiere conocer algo sobre Rama?

La trama de la novela, ubicada en un futuro relativamente cercano, se desarrolla a partir de que se detecta un enorme cuerpo proveniente de fuera de nuestro sistema solar acercándose a la Tierra.

Los temores iniciales de una colisión desaparecen cuando el objeto se coloca en órbita alrededor de Marte; se trata de una nave creada -obviamente- alguna inteligencia.

Pronto, el temor inicial se convierte en una duda fácil de comprender; vendrán con malas intenciones?

Un aparte aquí para aclarar que las distancias interestelares son tan grandes y el viaje es tan costoso que nadie vendría a comernos ni a esclavizarnos. Seres con capacidad para desarrollar semejante aparato podrían fabricar comida a partir de casi cualquier elemento y, también, toda clase de robots, por lo que no necesitaría esclavos. No debemos temer eso.

Por otra parte, los elementos existentes en la Tierra abundan por todo el cosmos, así jamás vendrían por oro ni otras tonterías a las que les damos tanto valor aquí.

Siguiendo con la novela, pronto la Tierra recibe un mensaje explicando en qué consiste la misión de Rama.

Es un robot enorme, un cilindro tamaño bestia (50 kilómetros de largo y 20 de diámetro) enviado por una inteligencia -no determinada con claridad- para recoger muestras de seres vivos que deseen viajar y conocer sobre otras formas de vida.

Los voluntarios deberán trasladarse por su cuenta hasta la enorme nave lo que, en la novela, ya es relativamente fácil.

La oferta es casi irresistible: un viaje interestelar con la oportunidad de conocer cualquier clase de maravillas.

Se trata de un viaje sin retorno, pero que tiene garantizado todo lo necesario para sobrevivir durante mucho tiempo, inclusive permitiendo reproducirse y, algún día, llegar a un destino desconocido donde podrían -ellos o sus descendientes- iniciar una colonia humana.

Otra aclaración necesaria: En 2017 el primer objeto interestelar conocido que llegó a nuestro sistema solar fue nombrado Oumuamua (casi impronunciable) que quiere decir algo así como “mensajero de lejos que llega primero”, yo creo que debió haberse llamado Rama, para honrar la memoria de Clarke, quien concibió algo parecido varias décadas atrás.

Le recomiendo que la lea o, en su defecto, espere una mala película que se dice está produciendo el mismo que perpetró “Duna” y masacró “Blade Runner 2049”, pésimas y aburridas adaptaciones de las novelas, solo famosas debido a la maquinaria publicitaria de Hollywood.

El objetivo de este artículo no es otro que tratar de lanzar un poco de comprensión sobre el viaje espacial, las enormes distancias, sus limitaciones, altísimos costos y, con ello, la casi imposibilidad de visitas de seres extraterrestres, ahora o ancestralmente.

Dos naves espaciales no tripuladas enviadas por la NASA hace unos 47 años (Voyager 1 y 2) viajan a más de 60 mil kilómetros por hora.

Es bien rápido, lo sé, pero nada que ver con la velocidad y el tiempo requerido para llegar a la estrella más cercana (Próxima Centauri) que se encuentra a un poco más de 4 años a la velocidad de la luz que son aproximadamente 300 mil kilómetros por segundo.

Las naves Voyager a su velocidad (60 mil Km hora) tardarían unos 6,300 años en llegar.

Todo lo vivido en la historia registrada por la humanidad debió haber transcurrido para que una nave lanzada por nuestros antepasados llegara ahí nomás, a la estrella más cercana.

Seis mil y pico de años atrás nos coloca poco antes del desarrollo de los Sumerios, primera civilización de la cual se tiene conocimiento y pruebas de su existencia.

Y Próxima Centauri (una estrella lo mismo que nuestro sol) se encuentra en el vecindario, “apenas” a 4 años a la velocidad de la luz y a 6,400 años a la alcanzada por las naves Voyager.

Para cruzar la Vía Láctea de un extremo a otro se requieren 100 mil años y para alcanzar la galaxia más próxima (Andrómeda) se necesitarían 4 millones de años/luz.

Para llegar a Andrómeda una nave tendría que haber empezado su viaje cuando aún toda la masa de tierra estaba unida en un súper continente, conocido como Pangea, mucho antes de se dividiera y adquiriera su forma actual.

No había seres humanos, ni siquiera se había enfriado el planeta. La Tierra era bombardeada por millones de planetoides y materiales sobrantes de la formación del sistema solar.

No había agua y la vida estaba muy lejos de iniciarse.

Quizá esa relación, esa comparación de tiempo y distancia, pueda lanzar un poco más de claridad sobre lo difícil del viaje espacial, desde una estrella cercana y de una galaxia a otra.

Esa dificultad, consecuentemente, también es aplicada a posibles visitantes.

Más adelantados que nosotros? Con mejor tecnología? Todo es posible, pero las distancias siguen siendo las mismas.

Podemos lanzar sondas robóticas como las Voyager pero, para que viaje un ser humano la cosa es muchas veces más complicada, empezando porque nuestra vida es demasiado corta para considerarlo posible.

Agua, oxígeno, alimentos, el tamaño de una nave tal sería enorme.

Claro, en las películas se habla de “agujeros de gusano, portales, hibernación, velocidad Warp” y muchos otros conceptos, que pertenecen todavía al área de la ficción.

Digo todavía porque no se puede descartar nada, pero tampoco darlo como un hecho sólo por haberlo imaginado.

La forma más lógica de viajar a otras estrellas es con una nave que tenga todo un ecosistema propio, donde sus habitantes se reproduzcan, evolucionen y se vuelvan a reproducir, miles y millones de veces.

Atmósfera propia, amplias zonas de cultivo, sistema de reciclaje de agua y todos los desechos que produce el ser humano, granjas de animales para alimentarse.

Así quizá, algún día, los tatatatatatataradescendientes de esos primeros viajeros espaciales tendrán la oportunidad de establecer contacto cercano con otra inteligencia.

Si para entonces el espíritu guerrero del ser humano ha desaparecido y no nos hemos exterminado en una guerra nuclear idiota.

Y, también, si no llegamos como conquistadores y -ahora sí, como las de las películas, con rayos láser y todas esas cosas- entonces a lo mejor podamos intercambiar conocimientos y hasta convivir con otros seres, quizá muy diferentes a nosotros.

Como lo ha sospechado amigo, usted ya viaja en esa nave interplanetaria enorme, el querido y maltratado planeta Tierra, que se traslada en el espacio a unos 300 kilómetros por segundo.

Nuestro planeta móvil algún día llegará cerca de otros planetas habitados, ojalá por seres inteligentes.

Esos planetas estarán bien lejos siempre, orbitando su propio sol, pero a lo mejor para entonces ya tendremos la tecnología que nos permita visitarlos; siempre sería un viaje interplanetario, pero a un destino mucho más cercano, digamos “un poquito” fuera de nuestro sistema solar, unos cuantos millones de kilómetros más lejos que Plutón.

La Tierra es nuestra casa pero también es la nave espacial ideal para explorar el universo.

Datos importantes:

Rama: dios del hinduismo que representa el más alto grado de virtuosismo.

Los continentes se separan en la actualidad unos 6 centímetros al año.

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