El desacierto: la nueva marca país en la política exterior hondureña

Por: Carlos G. Cálix*

“El poder se está degradando”, expresa el famoso economista internacional Moisés Naím en su obra El fin del poder. “El poder está cambiando de manos: de grandes ejércitos disciplinados a caóticas bandas insurgentes; de gigantescas corporaciones a ágiles emprendedores; de los palacios presidenciales a las plazas públicas. Pero también está cambiando en sí mismo: cada vez es más difícil de ejercer y más fácil de perder”, -reitero “más fácil de perder”-. Entender esto, -dice Naím- es clave para asimilar las nuevas tendencias que transforman el mundo. ¿Qué reflexiones podemos llevarnos de las experiencias recientes en materia internacional?, ¿es el desacierto la nueva marca país en la política exterior de Honduras?

Para saberlo, hay que hacer una panorámica que permita analizar el desempeño del actual gobierno en materia internacional, así como los tropiezos sistemáticos y en su mayoría erráticos en la política exterior. Me refiero de manera particular a la postura sobre Venezuela, Cuba y Nicaragua en la Cumbre de las Américas, al lenguaje utilizado por parte del Secretario de Relaciones Exteriores y Cooperación Internacional en referencia a la embajadora de Estados Unidos, al cuestionamiento sobre la idoneidad de embajadores en diversos países, al desaire efectuado a distintos inversionistas internacionales, al desubicado discurso de la mandataria en Nueva York, entre otras cosas. Esto demuestra que el desempeño del gobierno ha sido desordenado. Lo que denota en la política externa una baja capacidad de anticipación que no se encuentra marcada ni por el profesionalismo, ni por los objetivos estratégicos, mucho menos por la adecuada cautela de los intereses nacionales que Honduras tiene para salir del subdesarrollo.

Es evidente que la toma de decisiones en política exterior es igualmente desordenada. Hay decisiones que toma el círculo más cercano a la señora Presidenta, hay otras que son tomadas en Cancillería, hay disposiciones que las toman quienes no deben y otras que quedan en el limbo, que a su vez conducen al gobierno a reaccionar a situaciones que repercuten en la política interna. Esto demuestra mucha inexperiencia. Actualmente sobresale la incapacidad de escuchar la experiencia que ha tenido Honduras en referencia a la diplomacia, faltando el respeto a los cancilleres predecesores. En cuanto a la narrativa diplomática, se están olvidando que Honduras es una República conformada por diversas instituciones, no se trata de una feria de pueblo cualquiera en la que ostentan vender el país en función de sus prejuicios ideológicos.

En cuanto a la designación de los embajadores, se debería verificar si todos tienen el perfil idóneo para ejercer sus funciones. Ante ello, la Cancillería permite interpretar que está protegiendo más los intereses del Partido Libre que los de Honduras; en virtud que parte de la política exterior está más enfocada en hablar de “antiimperialismo” que, en mantener la cordialidad con los socios estratégicos. Quisiera ver públicos los informes de cada embajador y que denoten las acciones que están realizando para fortalecer los lazos diplomáticos, económicos y sociales con los países aliados. Las funciones en Cancillería van más allá de cócteles o cenas.

“Nos dejaron una Cancillería con un déficit de 27,000 pasaportes ya solo nos faltan unos 9,000 por entregar de esos y hemos entregado más de 150,000. Nos dejaron demandas sin pagar a empleados por 30 millones que toca afrontar, más de 120 cuerpos de fallecidos, ya llevamos más de 80. Consulados con un sistema de citas corrupto del que nadie se quejó” expresó el secretario de Relaciones Exteriores y, es excelente que lo mencione porque los hondureños le pagan para resolver problemas no para crear nuevos. Ante lo manifestado, sugiero que efectúe una auditoría y proceda judicialmente contra todos lo que cometieron ilícitos. ¡Todos!

También dijo “Ahora aparecen miles de analistas y personas que opinan o que ocuparon puestos en posiciones anteriores en gobiernos recientes”. Pero no mencionó que la Constitución vigente permite a los hondureños emitir libremente su pensamiento, -por tanto, no deben de aparecer “miles de analistas”, deben de surgir millones que cuestionen al poder, no que lo aplaudan-. Sobre el mismo párrafo, hay que enfatizar que la mayoría de hondureños nunca “ocuparon puestos en posiciones anteriores en gobiernos recientes”, esos ciudadanos se han dedicado a trabajar en el sector privado y a través de impuestos pagan los gastos de los “funcionarios” públicos.

Hay que señalar tres cosas más; la primera es que, el ejercicio del poder debe estar asociado al bien común y no a quien gobierna. La segunda, una de las vetas más importantes de la experiencia política de Maquiavelo era la diplomacia y, la tercera como dice Naím: “Los poderosos de hoy, incluso suelen pagar sus errores a un precio más elevado que sus predecesores.” ¡Recuérdenlo!

*[email protected] Carlos G. Cálix es Doctor en Ciencias Administrativas, tiene un Posdoctorado por el CONICET-IIESS Argentina.

carlosgcalix.com