Por: J. Arturo Montoya Stuva*
En el mes de septiembre, mes de la patria en Honduras y los países centroamericanos, se cumple un aniversario del viaje del prócer hondureño Francisco Morazán, al Perú.
Esta es una feliz ocasión para traer al presente, hechos del pasado que denotan una historia de relación, amistosa entre los pueblos de Centroamérica y el Perú, hechos que se inscriben en la Historia de América en la historia de todos nosotros. Pero no se trata de una mera visión al pasado, sino de una forma de comprender mejor nuestras realidades para proyectarnos solidariamente al futuro.
Es también una oportunidad que permite a los peruanos, en el mes de la patria de Honduras, rendir homenaje a la nación hondureña y a las naciones centroamericanas que celebran su aniversario patrio.
En la historia que nos vincula, encontramos la participación de un peruano en la formación de la vida independiente de Honduras, según lo relata el doctor José Reina Valenzuela, en un artículo periodístico publicado en Tegucigalpa, el 29 de julio de 1981 (en ocasión del 160 aniversario de la Independencia de Perú), que en la Historia de Honduras figura, repetidamente, el nombre de Carlos Joaquín Herrera, un distinguido médico peruano, de fructífera labor desde 1818, cuya firma aparece en séptimo lugar en vuestra Acta de Independencia, entre los nombres de don Miguel Bustamante y Fray Nicolás Hermosilla (Guardián de San Francisco), lo que le da la calidad de prócer que compartió la decisión política de Honduras. Nacionalizado, ya fue diputado por Comayagua, de la Asamblea Constituyente, que dictó la Constitución de 1848 y fue presidente de la Asamblea Legislativa en 1850.
Las relaciones diplomáticas del Perú, con Centroamérica, nacen a los pocos años de la gesta emancipadora y se afianza en ideales comunes con la convocatoria del Congreso de Panamá, de 1826, por el Libertador Simón Bolívar, conjuntamente con el gran ideólogo y político peruano, José Faustino Sánchez Carrión, Tribuno de la República, que ejercía el cargo de Secretario General de Estado. En los dos momentos, en el de San Martín y en el de Bolívar, el Perú alentó decididamente una política de franco americanismo y de unidad moral del contingente y, desde la iniciación de la República, sus mayores esfuerzos han estado dirigidos a conseguir el sincero y leal entendimiento entre los pueblos de América Latina, por considerar que la solidaridad continental es el único escudo para defender la autonomía y la paz de la región.
Por tanto, no por casualidad, llegó Morazán a tierras peruanas. En abril de 1840, a bordo de la goleta “Izalco”, partió Morazán rumbo al sur. Recién en agosto de 1841, emprende viaje hacia el Perú. La vinculación con el Perú del General Morazán, había sido antecedida por su amistad con el general Pedro Bermúdez, jefe del Estado Mayor del Ejército, en el gobierno del presidente La Mar, durante el destierro de este, en Costa Rica, cuando fuera depuesto en la madrugada del 9 de junio de 1829. El presidente La Mar, y el entonces coronel Bermúdez fueron embarcados en el Puerto Paita con un pequeño número de esclavos y una reducida escolta del batallón Pichincha, en una pequeña goleta. El 23 de junio llegaron a Punta Arenas, en Costa Rica, tras un viaje sin provisiones.
El presiente Juan de Mora recibió al depuesto mandatario peruano y a su comitiva con todos los honores de su clase, incluyendo una salva de cañonazos. La Mar prefirió vivir en Cartago por su clima apacible y por la tranquilidad de que gozaba era más de su gusto; allí se hizo amar de todos
cuantos le visitaban y trataban con él y contaba el General Francisco Morazán, cuando estuvo en Lima, que todos deploraban la desgracia del Perú al haber perdido un mandatario tan adornado de virtudes, políticas y sociales.
El coronel Pedro Bermúdez se casó en Costa Rica y volvió al Perú gracias a una ley de amnistía en 831. No pasó mucho tiempo y fue nombrado ministro de guerra de su enemigo y perseguidor el Mariscal Agustín Gamarra. El cadáver del presidente La Mar, fue exhumado por orden del presidente Francisco Morazán que había recibido el encargo de Bermúdez en Lima en 1841, pero la sublevación que derrocó al presidente Morazán demoró la repatriación de los restos de La Mar al Perú.
Después de esta digresión que pretende dar un marco referencial histórico al momento y circunstancias de la llegada al Perú de Francisco Morazán, veamos la favorable acogida que tuvo en tierras peruanas. El diario “La Bolsa de Lima” saludó la presencia del “distinguido americano” en su edición de 14 de septiembre de 1841, decía: “¿Quién ha olvidado el valor del General Morazán en el campo de batalla, su generosidad en la victoria, su humanidad en el cólera morbus? Su vida política pertenece a la historia; ella lo juzgará con imparcialidad en la calma de las pasiones; ella distinguirá, señalará la parte que ha tenido el patriotismo desnudo en su administración”. A propósito de su amistad con el general Bermúdez, referida anteriormente, se dijo también en el diario La Bolsa de Lima: “Hace pocos días que este distinguido americano pisó las playas peruanas honrándonos con su visita. El General Morazán, a quien sus propios enemigos no le pueden negar ese mérito positivo, que hace enmudecer a la rabiosa envidia, supo cuando estuvo en la cima del poder y la fortuna, dulcificar la amargura del destierro a muchos peruanos , entre ellos a S.E. el general Gamarra. La gratitud pues, la civilización y todas aquellas simpatías que hacen brotar en el ánimo la presencia del mérito desgraciado, nos obliga a dirigirle este pequeño, pero sincero homenaje de estimación y respeto, ojalá el General Morazán encuentre entre nosotros, aquellos nobles sentimientos únicos, capaces de consolar al hombre filósofo lejos de la patria y de su familia”.
Las vinculaciones del General Morazán con el Perú ofrecen una gama de razones para la decisión de su viaje a Lima. Para los historiadores Montúfar de Guatemala y Martínez López de Honduras, estando el General Morazán en su retiro en David, recibió del Mariscal Agustín Gamarra, héroe de la independencia del Perú, mariscal de Ayacucho y a la sazón jefe del Estado, varios ofrecimientos, entre otros, el que asumiera el mando de cinco mil hombres que estaban para marchar hacia la frontera con la República de Bolivia, pero el héroe, según los referidos historiadores, declinó tales ofrecimientos, dando sus más cumplidas gracias al mariscal y expresándole que sus deseos más fervientes, eran regresar de su patria; la declinación de la oferta no fue por falta de valor, pues su vida estaba pendiente de la triste situación de Centroamérica, según escribe Santos Méndez en la revista Foro Hondureño, el 15 de septiembre de 1942. Por otra parte, como lo señalé antes, el general Bermúdez había hecho gran amistad con el General Morazán durante su destierro en Costa Rica y por añadidura se encontraban en Lima por destierro los cuñados del general Bermúdez, hermanos Escalante, costarricenses y es muy posible que el llamamiento de ellos haya influenciado en la decisión del General Morazán de viajar al Perú.
El doctor Enrique D. Tovar en su obra “Morazán en la Historia del Perú” refiere: “en la capital del Perú, vinculase el General Morazán con gentes de valía. Hízose amigo del general José Rufino Echenique, más tarde presidente de la República y hombre de grandes influencias en el mundo político. Varias familias distinguidas abriéronle sus salones y recibió, en fin, múltiples pruebas de hospitalidad y afecto. Encontró en Lima también al general Pedro Bermúdez, el cual lo introdujo en el círculo de sus amistades, le significó su simpatía frente a la campaña contra el Carrerismo y tanto que posiblemente fue en esa oportunidad, cuando facilitó aquellos dieciocho mil pesos que con sus réditos, declaró Morazán en la primera cláusula de su testamento, adeudar al general peruano”.
En noviembre de 1841 murió el Mariscal Agustín Gamarra en la Batalla de Ingavi en la guerra con Bolivia. Francisco Morazán permaneció en el Perú desde el 9 de septiembre de 1841 hasta el 22 de diciembre del mismo año. Tenía proyectado seguir al sur hacia Chile, pero recibió una proclama del Supremo Director del Estado de Nicaragua, en la que se llamaba con urgencia a todos los centroamericanos, para que acudieran a defender la soberanía de la nación, pues los ingleses se había apoderado del puerto de San Juan del Norte y le llegó también una comunicación del ministro general de dicho Estado, en que le instaba para que fuese a prestar su contingente. Consta en el diario limeño “La Bolsa” del 23 de diciembre, que Morazán salió del Callao a bordo del bergantín nacional “Cruzador”. Entre los pasajeros figuraban el general Trinidad Cabañas, el general Máximo Orellana, don Cruz Lozano, don Miguel Álvarez Castro, don Alejo Escalante, don Eduardo González, don Miguel Molina y don Miguel González Saravia que habían acompañado a Morazán en Lima. En la Cronología de Ramón Oquelí que aparece en la publicación de la Secretaría de Cultura, Volumen I “Francisco Morazán Obras”. Se dice que con el préstamo que obtuvo del general Bermúdez, Francisco Morazán fletó el bergantín “Cruzador”.
Este sucinto repaso histórico identifica episodios de afinidad entre nuestros pueblos que permiten calificar a las relaciones entre nuestros países de tradicionales y amistosas. Pero la visión de la historia no es únicamente para sollozarnos en el pasado, sino para proyectar el futuro de nuestro desarrollo con la solidaridad que favorece la afinidad histórica que encontramos en las relaciones de nuestros pueblos.
En la Historia de Perú se registra con frases de vivo reconocimiento el nombre de un hijo insigne de Honduras, lo que dice de una fusión espiritual entre la nobilísima tierra de Lempira y la no menos noble de los Hijos del Sol, del Imperio de los Incas.
Muchos tal vez no lo sepan, la figura de Morazán está perennizada en Lima con un monumento en una plazuela, rodeada de jardines, cercana al mar, en el bello distrito de Miraflores, inaugurada el 30 de octubre de 1980, en la feliz ocasión de la histórica ceremonia de la firma del Tratado General de Paz, entre las delegaciones de Honduras y El Salvador, en el Palacio de gobierno de Lima.
*Exdirector de estudios de la Academia Diplomática del Perú, ex embajador del Perú en Honduras (1993-1997).