SFAX, Túnez (AFP). «¡Última advertencia! ¡Deténganse!». Frente a la costa de Túnez, los guardacostas interceptan de madrugada una enésima embarcación de inmigrantes ilegales, frustrando su intento de llegar a Europa. Pero para sus pasajeros, es solo un contratiempo.
Partiendo de Sfax, en el centro-este de Túnez, hacia las costas italianas, los migrantes equipados con salvavidas negros obedecen a regañadientes las órdenes de los gendarmes marítimos, a los que un equipo de la AFP acompañó a bordo de su patrulla Águila 35.
Italia, cuyas costas están a menos de 200 km del litoral tunecino, anunció en mayo del 2021 un acuerdo con Túnez que busca proporcionarle ayuda económica a cambio de mayores esfuerzos para impedir que los migrantes lleguen a Europa.
«No quiero quedarme en Túnez, la vida aquí es difícil», solloza Fatim, una marfileña de 18 años, subiendo a bordo de la lancha patrullera con otros 25 migrantes interceptados.
Afirma haber trabajado como ama de llaves durante un año en Túnez para ahorrar los 4,000 dinares (1,250 dólares) pagados a los traficantes.
Idia Sow, una guineana de 26 años -que sufre las secuelas de un accidente cerebrovascular-, forma parte de otro grupo interceptado en un bote de goma.
Afirma haber pagado el equivalente de 1,500 dólares para llegar a las costas italianas con su bebé de tres meses.
Tan solo en la noche del lunes al martes, 130 migrantes, todos de África subsahariana, entre ellos niños, participaron en cuatro travesías frustradas frente a la costa de Sfax, principal punto de partida de los migrantes en Túnez.
Pero tan pronto como llegaron al puerto, fueron puestos en libertad por orden del Fiscal General de Sfax.