MÁS CERCANO

PUBLICAMOS los versitos de un peruano enviados por dos miembros del colectivo sobre el “triunfo de la eñe”. El colofón al editorial fue que el Sisimite y Winston sacaron papel y pluma para hondureñizar la rima: “Sin eñe, se nos ocurre decir,/ tampoco habría hondureños,/ el género no hay que omitir;/ tampoco habría hondureñas./ Ni isleños, ni lempireños ni porteños,/ Y para esa gracia, tampoco,/ cómo no habría paceños,/ no hubiese habido ROSUCO./ Y en lo que al tema aplique/ tampoco los zombis, ni en broma/ tendrían de trompo de ñique/ ni el abecedario ni el idioma./ La “eñe” no ha de existir/ es solo una letra más/ para el zombi; que leer y escribir/ ni para adelante ni para atrás”. (Fin de la consonancia). Mensaje recibido: “Tan buena está la rima, que saca una sonrisa, incluso al menos risueño, y en pleno feriado”. “Quienes no salimos de Tegucigalpa, leemos el editorial, tempranito en la mañana, al lado de la ventana, apreciando las montañas, pensando en cuánta razón tiene, en seguir dando caña a quienes andan con mañas”. Otra opinión: “Bonito giro el que ha tenido la opinión editorial: primero la exposición central complementada con valoraciones de un selecto público que antes permanecía como espectador, pero ahora enriquece el diálogo, integrado activamente en el colectivo”.

“Me encanta este nuevo estilo de escribir presidente –comenta una lectora– lo siento más cercano a lo que verdaderamente importa en el ser humano”. “Pensar y existir, en armonía con uno mismo, con los demás y con la naturaleza sin olvidar los detalles”. Otro lector: “Admiro su buen humor, el gusto por lo bien hecho y sentido práctico de la vida que, de manera peculiar, lo expresa con gracia en sus editoriales”. “Debo reconocer que detrás de esas líneas escritas con buena pluma, tenemos un arsenal de material positivo; moralejas y lecciones de altos quilates sobre qué reflexionar”. Otro comentario: “Gracias por abrir ese espacio y tomarse el tiempo para acomodarlos en sus originales editoriales; realmente nos identificamos plenamente cuando nos toma en cuenta”. De otro lector: “Es que esos vocablos, patria, próceres y patriotismo, han ido perdiendo fuerza a medida los pueblos son absorbidos por la era digital”. “No debería ser así, pues paralelo a ello la información también es más accesible”. “Aunque hay que reconocer que los libros de texto siguen siendo más seguros en cuanto a la veracidad de su contenido”. Otro lector: “Lo que sucede es que las tecnologías son de saberla manejar”. “¿Quién induce o educa a los jóvenes a hacer uso de ellas?”.

“Pues, esa labor recae en nosotros los mayores, para orientar en el contenido apropiado al que ellos deberían tener acceso”. “Dejar a un joven el camino libre en el uso de la tecnología además de una irresponsabilidad de parte nuestra es como dejarlo cabalgar en un potro salvaje». “Ni más, ni menos”.

Un estimado amigo: “¿Y la autoridad educativa sabe algo o estará dispuesta a seguir el ejemplo de Morazán?”. “Todos sus editoriales son piezas que deberían utilizarse para enseñar en las aulas clases de moral y cívica que honda falta hacen en la Patria”. “Somos mansos espectadores de la destrucción de nuestro tejido social; no hay valores, cambios de actitud, concepto de dignidad, mucho menos de identidad nacional”. “Lo único que llama la atención es el show político y no el bienestar ciudadano”. “Llamar la atención con escaramuzas –según convenga– para ganar notoriedad con la llamada comunidad internacional”. “Respirar por la nariz prestada de extranjeros destruyendo la institucionalidad y la dignidad nacional”. “Soy fiel a los dichos de Winston y el Sisimite; calan hondo”. (“He tenido la suerte de tener la cercanía de muchos –el Sisimite de a saber quién lo dijo– y la amistad de muy pocos”. Para no desvariar, interrumpe Winston, una frase del anfitrión del feriado: “La grandeza de la patria no se mide por la extensión de su territorio sino por la dignidad y honor de sus hijos”).