El feriado y Morazán

Por: Abog. Octavio Pineda Espinoza(*)

Comenzó el mal llamado “Feriado Morazánico”, el cual se justificó hace algunos años bajo la premisa que había que aprovecharlo para promover el turismo interno del país y mover la economía y así, sin reflexionarlo mucho, los diputados de entonces se volaron al héroe más grande de nuestra historia, dejando a un lado lo que debería ser una semana de estudio, reflexión y análisis del mayor estadista que ha visto el suelo centroamericano, el que dio su vida por la unión del istmo entendiendo con visión de futuro que, en el juego geopolítico y económico del mundo, nos iría mejor como un bloque que como cinco parcelas minúsculas aparte con pocas posibilidades de enfrentarnos a los gigantes del norte del continente.

Mucho se platica mediáticamente de la instauración de la cátedra morazánica en la currícula de todos los niveles educativos del país pero hasta la fecha poco se ha visto convertirse en realidad, esto porque se ha mediatizado a Morazán, a quien se presenta como un militar básicamente obviando su pensamiento liberal, sus dotes de estadista, su visión libertadora de C.A., su vocación democrática demostrada cuando los serviles conservadores de esa época le ofrecieron la dictadura en 1838, la cual rechazó.

Su llamado a la juventud es una excitativa que todavía tiene vigencia hoy, en especial cuando todos vemos que así como lo dijo, el país está anarquizado y en desorden, su accionar en la promoción de las ideas, la instrucción pública, la razón y la libertad manifestado al asumir por primera vez la presidencia de la República de Centroamérica en 1830 es una muestra perenne de su compromiso con la educación, el que ratificó ante el Congreso Federal en 1836, su arenga volcánica en el Manifiesto de David en 1841 contra los conservadores de toda talla a los que les dice: “Hombres que habéis abusado de los derechos más sagrados del pueblo por un sórdido y mezquino interés, con vosotros hablo, enemigos de la Independencia y de la Libertad” es un recordatorio hoy de lo involucrado que estaba con esos principios y lo dispuesto que estaba a defenderlos.

Morazán era un hombre ilustre, adelantado a su tiempo, idealista pero que entendía la realidad política del momento en el área tanto a lo interno de Honduras como a lo externo de Centroamérica, lo demostró precisamente en su faceta militar defendiendo las ideas en las que creía, que profesaba y que le merecían el riesgo de hasta perder la vida por ellas, su gesta, aunque fallida al final, despertó a los ciudadanos de su tiempo y de todos los tiempos porque comprendió la importancia toral de una gran patria pero además de una, en la que sus ciudadanos fueran libres, fueran instruidos, educados y preparados para las ciencias y las artes, libres en todos sus aspectos pero primordialmente en sus ideas y creencias.

Así que cuando veo esos anuncios rimbombantes del gobierno sobre la Semana Morazánica, la parafernalia que hacen el 3 de octubre, fecha por cierto que unos identifican con los soldados y no, con el nacimiento del héroe y lo importante que es el mismo para el descanso del ciudadano, como si no tuviéramos enormes desafíos que confrontar como sociedad, no puedo más que sentirme indignado porque al final, tampoco a ellos les interesa el prócer, al que utilizan como justificación para cualquier barbaridad que se les ocurra tergiversando su pensamiento, su ideario, su filiación a las ideas liberales y democráticas.

Y parece que, al final, como lo he leído en editoriales de este diario, lo importante es mantener idiotizados a los gobernados, desfigurar lo histórico, lo bueno, lo importante de esa fecha pero sobre todo, del ciudadano que nació en la misma, rescatar su pensamiento, su posicionamiento antes de ideologías y sectarismos, su valiosa contribución al país y a la América Central, su gloria, cúspide y caída, su previsión del futuro de la franja en el corazón del continente americano, tanto así que, incluso aquellos que marchan el 15 de septiembre no le conocen, no le recuerdan, mucho menos saben lo que hizo para así robarse al Morazán histórico y convertirlo en el monigote de sus pretensiones ilegales, inconstitucionales y antidemocráticas.

En definitiva, los que permitieron semejante aberración lo hicieron intencionalmente y los que perpetúen esa equivocación son cómplices e igual de cobardes y farsantes, de paso, desangran al pueblo hondureño y destruyen su pírrica economía familiar, como si ya no fuese prácticamente inexistente, alimentan la falacia de la necesidad del descanso en un país que debería trabajar 24/7 para salir de la miseria y poder tener una nación digna y que no seamos los mendigos del mundo, que al final nos convirtamos en esa nación fuerte, culta y productiva que soñó Morazán al que ni los que se fueron, ni los que están, representan.

(*) Catedrático Universitario. Político Liberal