Editorial: Peligroso revisionismo histórico

Ahora estamos, mucho más que antes, consientes que los gobiernos necesitan construir su propio relato auto justificatorio. No basta el dominio por el ejercicio de la fuerza que controla los cuerpos. Ahora, desde 1917, hay que controlar la mente de los gobernados. Y para ello, hay que utilizar la utopía cristiana, que tan bien ha sido utilizada por los marxistas e incluso por los fascistas, para satanizar el éxodo por el desierto, la aparición del “Moisés Revolucionario” y la descripción de la tierra prometida, en que inevitablemente se cumplirá el plan de la salvación colectiva. Y la propuesta, anti libertaria, que anuncia la desaparición de la desigualdad que inevitablemente se llevará de encuentro, al ejercicio de la voluntad individual, la renuncia de la singularización, la “rebañización” y la renuncia a la libertad, como búsqueda necesaria del propio ser de cada uno. Individual y diferenciado.

En Anales Históricos, durante estos últimos 25 años en que semanalmente hemos visitado los hogares de los hondureños, nos hemos orientado por el concepto que la historia –más que un determinismo mecanicista— es el ejercicio de la voluntad de los individuos, de las comunidades locales y de la nación, en procura de la libertad. Por ello, la historia no la vemos movida por los gobernantes, con exclusión de la voluntad de los ciudadanos, sino como un ejercicio en que aquellos cumplen la voluntad de estos. De allí que hayamos privilegiado en todos estos años, las figuras ejemplares de este itinerario del pueblo hondureño en la búsqueda de su libertad y en el uso de esta para la construcción de una democracia que facilite la participación y la realización de cada de los hondureños, en la dirección de sus deseos e intereses. El concepto de lucha de clases, siempre nos ha parecido poco científico, por ello no nos han entusiasmado nunca las pretensiones de los que creen que, es posible un materialismo científico, que pasa por alto que el hombre, el ser humano, es una dimensión amplia que no se agota en las necesidades y menos, en las acciones económicas exclusivamente.

Tampoco nos hemos dejado seducir por los tempranos y juveniles conceptos de Marx sobre la alienación; ni tampoco en la pretensión que “los humanos cultivan ideas creativamente y por lo tanto hacen historia, a diferencia de los animales, cuya naturaleza es repetitiva e instintiva y muy limitada en el plano de la especie”, porque suena bonito; pero es mecánica y anula la libertad del ser humano que, de acuerdo con esta declaración, hace historia, como las abejas producen miel, las vacas dan leche, prescindiendo de su voluntad. La historia, entonces es para nosotros, una acción deliberada en que los grupos humanos y las personas, hacemos historia como expresión de voluntad. Y por ello, nos oponemos a que los gobernantes y los presupuestos, sean el eje de la historia, en vez del ciudadano común, el hombre de a pie que interroga la realidad y la transforma como acto de su voluntad. También esa es la causa por la que abominamos del revisionismo histórico, impulsado desde los gobiernos, porque entraña inventar relatos justificatorios de sus errores o para disimular las emboscadas en contra de la libertad de las personas.

En el actual régimen, ha sido notoria la voluntad de reescribir la historia nacional, para adecuarla a sus intereses e incluso para acomodar las figuras principales en el plano de los héroes nacionales. La pretensión de convertir el 28 de junio en el principio de la era cristiana o en nuevo Brumario 18, es peregrina, ingenua; e, incluso ofensiva para la inteligencia de los hondureños. Además, constituye un acto traicionero en el cual, la ideología se impone sobre las verdades, sin las cuales, la historia no es posible en ninguna parte. Además, en la oportunidad del último aniversario de la independencia nacional, se soltaron, en los siempre sospechosos discursos oficiales, expresiones que ponen en cuestión los procesos de independencia, juzgado por sus resultados, y desde afuera, para concluir que tenemos una independencia incompleta. Como si esta no fuera obra de la colectividad, sino que de los gobernantes anteriores a los cuales hay que cuestionar para sobre estos juicios, mostrar que los nuevos “Moíseses” sí, nos conducirán a la tierra prometida y tendremos la fuerza para derribar los muros de Jericó. Pero, además, hablan de desenterrar a Morazán, como si el trabajo de los biógrafos y narradores de sus gestas y sus desvelos, hayan escamoteado del conocimiento popular con perversa motivación, su figura y sus acciones extraordinarias. O mantenido engañado al pueblo sobre Lempira, como dijo una periodista que, no ha terminado de entender que estilo periodístico y obligaciones de la narrativa histórica, no son dos planos de la expresión humana fácilmente asimilables.

Pero lo peor de todo es que los héroes desenterrados, deben ser prefigurados de tal manera que terminen siendo el antecedente que justifica la vigencia de los nuevos gobernantes. No es inocente que un historiador profesional –de esos que nos entrega la UNAH, confundidos en buenos orientadores y reseñadores de las acciones de la colectividad y sus individuos en la construcción de su libertad– se haya atrevido a disminuir al “desenterrado” Morazán y sin terminar de lavarle del barro que lo ha carcomido por más de un siglo, lo comparen con un ex gobernante. El siguiente paso es enseñar a los niños y a los jóvenes, esos héroes bañados, bien vestidos, de forma que terminen no solo siendo parecidos, sin que, además, antecesores que anunciaron las acciones de los actuales gobernantes, con lo cual, les justifican y los idealizan anticipadamente sin el juicio popular siquiera. José Martí ha sido usado como antecesor de Fidel Castro, con enorme éxito, excepto que los historiadores cubanos son más metódicos, más orgullosos y preparados para la defensa de la verdad, que la mayoría de los nuestros. Finalmente, desde las orillas, hay en proceso, un ataque en contra de José Cecilio del Valle, para volver al cuento que mientras Morazán es el revolucionario, el otro, el Sabio, es conservador, traidor y antipatriota que incluso nunca volvió a Choluteca. Anda por allí, un falsario que ha tomado la obra de un salvadoreño rencoroso que escribiera el “Fouche de Centroamérica”, regando cieno y mentiras, para ponernos contra la figura de Valle que Matías Fúnez, un comunista de verdad, demostró que era un hombre de su tiempo que puede ser, si lo queremos, el tiempo de nosotros.

En fin, frente a este revisionismo histórico, brusco y pedestre; interesado en la instrumentalización y la negación de la libertad sin la cual no hay historia, necesitamos levantar las lanzas del Quijote y destruir fantasmas y enmendar entuertos, porque, al fin y al cabo, el revisionismo histórico en el caso que nos ocupa, es un simple y artero ataque en contra de memoria y la libertad. Y sin libertad, no hay historia. Solo panfletos y adoctrinamiento. León Trotzky entendió esto, muy bien. Y arremetió en contra del estalinismo. Que ahora quiere negarnos la libertad y construir un relato manipulador, con un nuevo calendario de héroes recién venidos. Donde se esconden que no merecen ingresar en lugar de los escogidos, en el curso de la historia nacional. Fuera de su calidad de discretos administradores de la cosa pública.