Por: Óscar Armando Valladares
Con el título -a primera vista dubitable Elecciones y revoluciones en Honduras-, Ernesto Paz Aguilar acomete un extenso y meritorio estudio acerca del devenir histórico-político del país, dando lugar a un documentado libro de más de cuatrocientas páginas. Dubitable, decimos, en cuanto al término “revoluciones”, que el propio autor se adelanta en dilucidar, al advertirnos que el mismo está referido a las guerras civiles, golpes de Estado, revueltas intestinas o el americanismo “montoneras”.
Enmarcado en el espacio temporal del siglo XX, el texto eslabona su discurso en tres partes, a saber: sobre “conceptos, que “neto” estimó procedente definir; la Reforma Liberal, el enclave bananero, la alternancia cuasi cíclica de levantamientos armados y comicios fraudulentos, y un tercer apartado, en general resumido en democracia, militarismo y subdesarrollo, bajo cuyos ropajes se esconden y exteriorizan otros temas medulares como la injerencia norteamericana y la represión castrense.
En nota introductoria al asunto inicial de la segunda parte -la Reforma Liberal-, Ernesto Paz trae a la colación la frase atribuida al gobernante de turno Marco Aurelio Soto: “Es preferible gastar más plata que plomo, en evocación del pasado sangriento donde prevaleció la política de plata, plomo y palos: plata para los amigos, plomo para los enemigos y palos para los indiferentes”. Al decir de un historiador local, “Soto fue quien logró construir un trono provisional a la cultura”. Provisional -añade Paz- porque la matanza fratricida se prolongó hasta entrado el siglo XX. Efectivamente, las elecciones amañadas de 1891 -celebradas en las postrimerías del régimen de Luis Bográn- sucesor de Soto, provocó la cruenta revolución de 1893, que llevó al sillón gubernativo a Policarpo Bonilla, líder y jefe del partido Liberal, en cuya gestión tomó vigencia la Constitución libérrima de 1893, de la que el autor del libro subraya como avances: la abolición de la pena de muerte, el mandato prohibitivo de la no reelección y el reconocimiento del sufragio universal masculino, aunque el referido documento “llevó consigo los gérmenes de la instabilidad política”.
Dentro del apartado subsiguiente, el acucioso amigo aborda: el lapso transicional -con sus avances y retrocesos- de 1949 a 1956; el alba o lo que él denomina primavera democrática (1957-1963); la democracia tutelada (1963-1980); el militarismo y la democracia (1980-1990); la democracia y el neoliberalismo (1990-2002), a más de una sección de “balance y perspectivas” precedida de una cita del maestro Oquelí sobre el crítico devenir de Honduras: “Se puede decir que la mayor parte de su existencia ha sido de crisis, sobreviviendo inexplicadamente a todas”. La parte del siglo XXI, tal cual Paz simplifica, está por escribirse, y vaya que sus primeras décadas -a la vez de hechos reiterativos: fraude, reelección, narcotráfico, corrupción, militarismo-, ha dejado al sol de hoy fenómenos inéditos: y caducidad del bipartidismo y la insurgencia de una pujante bandería, Libertad y Refundación, a bordo de la cual ha subido al solio la primera mujer que registra el historial político hibuerense.
En apretado colofón, testimonio mi enhorabuena a Paz Aguilar, por cuanto el novísimo aporte suyo conlleva un significativo poder de evocación para quienes, como nosotros, hemos vivido ya bastantes lustros y sido, por ende, testigos de varios de los escenarios evocados. Y para aquellos que nos han seguido en el tiempo, el libro será, a buen seguro, objeto de detenido estudio, de saludable interés e inclusive de amena curiosidad, como esta aseveración de los comunistas salvadoreños Miguel Mármol y Farabundo Martí: “La clave del éxito de la revolución es Marxismo y huevos”.
Al repasar la nómina de documentos, informes, testimonios, entrevistas, y el acervo bibliográfico dominante en “Elecciones y revoluciones en Honduras”, he reparado en el nombre de José Mario Maldonado y en el título del ensayo biográfico “Memorias de un soldado agrarista” -referente a este conocido coterráneo-, versión libro impreso a ser presentada en los próximos días, y de que soy autor y editor. Mientras, reiterados afectos al escritor Ernesto Paz, a quien le asienta tanto acordarse y ocuparse del ayer, el ahora y el futuro de la patria, vacilante e incierta que veía Morazán.