Por: Juan Carlos Arosemena*
Miguel Grau representa para el Perú lo que Francisco Morazán personifica para Honduras. No obstante, tanto el contralmirante Grau y el General Morazán son figuras desconocidas para la gran mayoría en Honduras y Perú respectivamente. Parte de la labor de un diplomático consiste en hermanar a los pueblos y reforzar sus lazos de amistad. Por esto, aprovechando que octubre es el mes, que tanto Perú y Honduras, los celebran, abajo algunas lecciones sobre los dos héroes.
Ambos presiden sus respectivos panteones. Son el arquetipo del ciudadano ejemplar al que todos deben seguir. En el caso del país incaico, Grau fue nombrado como “El Peruano del Milenio” y, además, es conocido como el “Caballero de los mares” por rescatar y salvar las vidas de los marineros enemigos vencidos. En Honduras, Morazán es considerado como “El primer soldado de la patria” y como el “Paladín Centroamericano”. El diplomático estadounidense John Stephens lo calificó como “el mejor hombre de Centroamérica”. Recientemente, la BBC Mundo, en un reportaje elaborado el 2019, lo calificó como “el Simón Bolívar de Centroamérica” en consonancia con los escritos del cubano José Martí por sus ideas unionistas.
Si bien el aspecto heroico de los dos es un punto en común bastante claro, considero que, su calidad humana es digna de destacar. Testimonio de Grau son las cartas que escribió en su barco, el monitor “Huáscar”, en pleno contexto de la guerra de 1879 que el Perú libró y en la cual él ofreció su vida a su patria el 8 de octubre de ese año. Una de ellas, del 8 de mayo, le indicaba a su esposa Dolores: “Me lisonjea la idea que, al separarme de este mundo, tengan mis hijos un pan que comer, pues no dudo que la nación te otorgue por lo menos mi sueldo íntegro, si es que muero en combate. Nada más tengo que pedirte, sino que me cuides a mis hijos y les hables siempre de su padre”.
A la señora Carmela Carvajal, viuda del capitán chileno Arturo Prat de la entonces escuadra rival, le dedicó las siguientes palabras: “(…) Deplorando sinceramente tan infausto acontecimiento (el fallecimiento de Prat en el combate de Iquique) y acompañándola en su duelo, cumplo con el penoso y triste deber de enviarle a usted las inestimables prendas que se encontraron en su poder (…). Ellas le servirán indudablemente de algún consuelo en medio de su desgracia y por eso me he anticipado a remitírselas”. Se le entregó un aro de matrimonio, fotografías familiares y objetos personales. Grau fue ascendido a contralmirante por su brillante labor, pero rechazó retornar a Lima y decidió seguir peleando por el Perú hasta su inmolación.
Por su parte, Morazán, en el rol y contexto del estadista de la República Federal de Centroamérica, impulsó la educación universal, a la cual él no había podido acceder sino por contados meses. “El sable de Morazán fue la educación” señala el historiador hondureño Miguel Cálix Suazo (BBC, 2019). Además, proclamó la libertad de religión y expresión. Sus políticas liberales y unionistas le valieron enemigos del bando contrario además de las élites regionales de las antiguas provincias que buscaban controlar sus propios territorios. Esto sin una visión de futuro y de integración real. No buscaron un bien superior, sino solo su mezquino interés.
El “Paladín Centroamericano” vivió unos meses en Perú poco antes de volver a Costa Rica, donde continuó luchando por sus ideales y murió fusilado un 15 de setiembre después de haber sido traicionado por el comandante Mayorga, un viejo aliado, quien no le supo dar la cara. En parte de su testamento declaró lo siguiente: “Excito a la juventud, que es llamada a dar vida a este país que dejo con sentimiento por quedar anarquizado, y deseo que imiten mi ejemplo de morir con firmeza antes que dejarlo abandonado al desorden en que desgraciadamente hoy se encuentra” (Morazán, 1842). Morazán murió por su visión unionista y auguró que la posteridad le haría justicia, que así continúe siendo.
** Diplomático, fi lósofo, Lic. en Relaciones Internacionales y jefe de la Sección Consular de la Embajada del Perú en Honduras.