ESPACIO interactivo: “Pregunta –indaga un amigo lector–¿habrá otro medio de comunicación del nivel de La Tribuna, que interactúe con sus lectores sus editoriales, como lo hace el diario en mención? Lo dudo”. Otra contribución: “Por alguna razón, este editorial me recordó que, en el fuerte de San Cristóbal, en Gracias, Lempira, en la tumba donde reposan los restos de Juan Lindo, se lee la siguiente frase: «Puedes ser un gobernante odiado de tu tiempo, pero si quieres que te favorezca el voto de las generaciones venideras, ¡Abre escuelas!». Otro lector agrega: “En realidad nunca me he puesto a pensar detenidamente cuál fue el propósito de crear este nuevo feriado”. “Se me ocurre que pudo haber sido para incentivar el turismo interno, lo que estaría bueno porque muchos ni Honduras conocemos”.
“Pero sobre algunas potenciales zonas turísticas”. “Aquí en Cortés, Currusté, ejemplo, un sitio ubicado a pocos minutos del centro de San Pedro Sula, pero no cuenta con una estructura para recibir a los turistas”. “El Zapotal en el noroeste de la ciudad, totalmente abandonado, una que otra inversión o esfuerzo privado”. “Por lo demás el río hasta se está secando por la deforestación de la «multicitada» cordillera del Merendón”. “Armenta también, se ha convertido en un asentamiento olvidado de las alcaldías y los gobiernos”. “La gente se va para las playas, total, con solo ver el mar se divierten o pasan encerrados comiendo en un hotel”. «De esos hoteles que pasada la hora de salida ya le están tocando la puerta a las familias para que se pierdan». “No hay atención lo que hay es un malsano deseo mercantil de arrear a la gente para que gaste su «pistillo». Pues bien, como durante toda la semana –llueve, truene o relampagueé– continúa el feriado morazánico, pero a la cívica afición turística lo menos que le interesa es dedicar tiempo al recuerdo de próceres y de su legado, dos miembros del colectivo de Winston y el Sisimite mandan esta contribución a la lectura del día: “EL TRIUNFO DE LA EÑE”, Hugo Pazos (peruano): “En el idioma español/ la “eñe” es muy importante/ y en todo computador/ debe ser una constante./ Tan importante es la eñe/ que sin ella yo no sueño,/ y aunque te parezca extraño/ ni me estriño ni me baño./ Aunque sin eñe no hay daño/ resultaría dañino/ que nos faltara el empeño/ y no existiera el cariño./ No verías a mi limeña/ con su linda piel de armiño,/ tampoco habría cabañas/ para albergar a los niños./ Sin eñe yo no te riño,/ aunque tampoco regaño,/ y mira que no te engaño/ si te digo que te extraño./ Sin beber un vino añejo/ en una criolla peña,/ ¿qué gracia tendrá el mañana?./ ¿Acaso habría buñuelos/ o chuzos para la niña/ como los hacía la abuela/ con sus trocitos de piña?./” “No existiría el otoño/ sin la eñe en nuestras letras/ y tampoco habría moño,/ donde prender las peinetas./ Habría sido muy extraño/ que Bill Gates no la pusiera,/ quedaba como el tacaño/ más grande de todo el año!”/
Bueno, basta de regaños/ porque ya me vino el sueño/ y aunque pongo mucho empeño/ los ojos no me acompañan./ “Termino pidiendo a todos/ los que hablan el español, que/ defiendan la “eñe”… ¡Coño!/ que así el idioma es mejor./ Si no existiera la eñe ¿cómo quedaría el feliz año? o ¿cómo se pronunciaría el cumpleaños?”. (Fin de los versitos). (Sin embargo, para rellenar espacio y de paso hondureñizar la rima sacan la pluma Winston y el Sisimite: “Sin eñe, se nos ocurre decir,/ tampoco habría hondureños,/ el género no hay que omitir;/ tampoco habría hondureñas./ Ni isleños, ni lempireños ni porteños,/ Y para esa gracia, tampoco,/ cómo no habría paceños,/ no hubiese habido ROSUCO./ Y en lo que al tema aplique/ tampoco los zombis, ni en broma/ tendrían de trompo de ñique/ ni el abecedario ni el idioma./ La “eñe” no ha de existir/ es solo una letra más/ para el zombi; que leer y escribir/ ni para adelante ni para atrás”).