CONTRACORRIENTE: Distanciamiento entre pueblo y gobierno

Por: Juan Ramón Martínez

Los cambios son mas fáciles, cuando se hacen de abajo hacia arriba. Los que se efectúan de arriba hacia abajo, más complicados. La autoridad del gobierno es siempre limitada por la voluntad ciudadana. Y para que esta resistencia sea menor, es necesario efectuar un trabajo de adoctrinamiento de las masas, neutralizando los sectores opositores; y creándose esperanzas que convenzan a la población, que el cambio será beneficioso. Por ello, los gobiernos tienen mucho cuidado en mantener el contacto con sus bases, mediante el cumplimiento de las promesas electorales, sobre las cuales se puede colocar los nuevos cambios. Clarificándose sus beneficios.

El gobierno de Libre -debilitado por la ruptura de su alianza con PSH y alejado de los nacionalistas y los independientes- busca implantar un nuevo modelo económico y, político que romperá las tradicionales relaciones con los conceptos teóricos cristiano-occidental y su alejamiento con las alianzas históricas, con el bloque democrático que lideran Estados Unidos y la Unión Europea. Aunque algunos líderes gubernamentales han desarrollado conciencia de la utilidad de este cambio, -el más drástico que nunca antes se ha intentado en el país en toda su historia-, la mayoría de Libre tiene dudas sobre un paso que tiene como ejemplos, el dudoso bienestar que ofrecen actualmente Cuba y Venezuela. El resto de la población, resiente y teme siquiera pensar en una ruptura con los Estados Unidos y un alineamiento con Cuba y Venezuela. De modo que, efectuar cambios tan drásticos, como el que comentamos, es materialmente imposible con un Congreso en donde Libre está en minoría. Los partidos democráticos: Partido Liberal, Nacional, PSH, DC y Anticorrupción, no aceptarán dar tan drástico paso. Se enfrentarán al gobierno. Libre sabe esto. Por ello, creemos que la estrategia que seguirá el régimen actual, es aumentar la crisis interna, enfrentando a todos los sectores de modo que, se rompa la institucionalidad democrática. Es decir que como decía el “Che” en Cuba, cuando no hay “condiciones objetivas para una acción, el revolucionario está obligado a crearlas”. Ello explicaría que el gobierno muestre poco interés en el manejo de las dificultades que provocan sufrimiento a la población; y que, en vez de mejorar las relaciones con Estados Unidos y la UE, más bien sus acciones tienden a buscar crear crisis para incomodar a la población y crear un clima que provoque, usando a los militares -bastante dominados por un grupo de oficiales que las dirigen y que sienten que son ganadores en una clima de inestabilidad en donde pueden eternizarse en los cargos- una inestabilidad que, nos lleve a la ruptura de la institucionalidad democrática.

Los sectores democráticos, las organizaciones de la sociedad civil, e incluso los aliados exteriores de nuestra frágil democracia, están alertas y se preparan las movilizaciones. Incluso sectores de Libre y algunos segmentos militares, aunque no tienen posturas definidas, están preocupados. Se nota en las redes sociales: las burlas contra la Presidente Castro, su marido Manuel Zelaya y de los ministros más impopulares del régimen, indican pérdida de respeto. Lo que los observadores imparciales, le prestamos atención, porque desde el gobierno, se endurecen los órganos con los que se perciben anticipadamente, especialmente en momentos larvarios cuando se rechaza el discurso gubernamental. Por ello, no las perciben. Ni las manejan.

El presidente de Chile, -que ha tenido la fortuna del tempranero rechazo del electorado-, dijo hace poco que hay que escuchar lo que quiere el pueblo; y, no creer que todo se resuelve con promesas, porque exigen resultados, afirmando que hay que restablecer el vínculo de confianza con las aspiraciones populares. La plana mayor de Libre: Zelaya, Torres, Moncada, Hernández, Salgado, Roque, Castro y otros, no comparten la opinión de Boric. Creen que se pierde tiempo, corriéndose el riesgo de comprometer los resultados buscados. Por ello no le prestan atención al cumplimiento de las promesas. Y, menos, valoran el manejo de los problemas que provocan las lluvias y las inundaciones. Posiblemente lo que quieren es la revuelta de la población, la salida brusca de los líderes opositores al exilio, para en la cresta de la inestabilidad y el disgusto, provocar un autogolpe, con el apoyo de las Fuerzas Armadas, sometidas a un fuerte adoctrinamiento y por la lealtad de oficiales muy politizados. Alto riesgo. Ello puede provocar la guerra civil. Peligroso.

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