Por: Nery Alexis Gaitán
En este mundo plagado por los antivalores, predomina la maldad en todas sus formas. Encontrar personas con valores que dignifican la vida y están al servicio de los demás no es tan fácil. Lo normal en estos tiempos conflictivos es que las personas sean deshonestas y que su actuar sea de poco valor en las arcas de la vida.
Lo triste es que encontramos personas de poco valor en todos los ámbitos de la sociedad. Aquí son corruptos desde los que gobiernan hasta el que recoge la basura, sus actitudes son las mismas, son sinvergüenzas a más no poder.
Existe una forma correcta de vivir. Los valores eternos del alma son la brújula que siempre señala hacia el norte de la verdad. Vivir con calidad implica vivir con la verdad palpitando en el corazón. Vivir correctamente implica pensar lo correcto, sentir lo correcto y hacer lo correcto, que es el compendio de la más alta manifestación del amor.
La forma correcta de vivir implica ser justo, honesto, sincero, leal, caritativo… aunque cada cabeza es un mundo y cada quien tiene su forma de ver las cosas y de vivir a su manera, los principios éticos, morales y espirituales son los mismos e implican vivir sin hacerle daño a los demás y servir al necesitado hasta donde sea posible.
La búsqueda de la forma correcta de vivir significa que debemos ser buenos hijos, buenos padres, esposos fieles, trabajadores honestos y ciudadanos de bien. Cualquiera que sea el rol que nos toque vivir debemos desempeñarlo con honestidad, sinceridad, humildad y amor, actuando de la forma adecuada tomando en cuenta los altos valores que dignifican la vida.
Vivir correctamente significa que se es una persona digna, ética y humanista, que en toda circunstancia hará lo necesario para que prevalezca la justicia y la verdad. Enarbolar, cada día, los valores morales y espirituales es la norma de las personas de bien.
Siempre hay una forma correcta de vivir. Siempre hay una forma correcta de hacer las cosas. Busquemos, como única opción valedera, la forma correcta de vivir. Escudriñemos la forma correcta de hacer las cosas en todas nuestras acciones.
Desterremos de nuestra alma el mal proceder y la deshonestidad. Eliminemos de nuestra alma la envidia, el orgullo, el amor desmedido hacia el dinero y las cosas del mundo; por eso el libro de los libros sentencia que “el amor al dinero es el origen de todos los males”.
Esforcémonos por buscar los verdaderos valores, dejemos atrás la maldad y volvamos nuestros corazones hacia lo noble y lo bello y valoremos la vida humana tal como debe ser. Dejemos atrás la mediocridad, la maledicencia, la burla, el escarnio y tratemos a los demás como a nosotros nos gustaría que nos trataran.
Hasta donde tengo conocimiento los Diez Mandamientos todavía están vigentes, incluso el Divino Rabí de Galilea dictó uno más: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, sigamos estos preceptos y así volveremos a tratarnos como humanos que somos.
Es urgente buscar, apasionada y humildemente, la forma correcta de vivir, que está basada en los valores eternos del alma, para dejar atrás el torrente de maldad, odio, corrupción y crimen que tiene a Honduras a la deriva.
Todos somos responsables de lo que sucede en nuestra patria, cada quien carga sobre sus espaldas cierta cuota de responsabilidad. Por eso urge que cambiemos nuestra forma de vivir egoísta y pensemos no solo en nuestro bienestar, sino en el de todas las familias hondureñas.
Debemos trabajar por el bien común y aportar nuestra parte en un proyecto de identidad y bienestar colectivo. De esa forma sacaremos a Honduras de la pobreza extrema en que se encuentra.
Es urgente retomar la verdad como emblema de vida, así haremos la diferencia.