Por: Jorge Roberto Maradiaga*
La importancia creciente de la innovación y del conocimiento en las economías hace de la educación no solo una inversión con alta tasa de retorno, sino un campo que incide en el acceso a trabajos inteligentes y a redes de circulación del conocimiento a lo largo de toda la vida en el contexto global.
Es admitido unívocamente que la educación es considerada como el principal campo de reducción de desigualdades de cara al futuro y de superación de la reproducción intergeneracional de la pobreza, dados los círculos virtuosos entre mayor educación, movilidad socio ocupacional y mejores ingresos. Además, en un momento de crisis de proyectos de transformación social y de emergencia de la dimensión cultural del desarrollo, la educación debe contribuir a repensar críticamente la realidad, a idear nuevos proyectos colectivos, y a aprender a vivir en un mundo multicultural.
De otra parte, la educación es un espacio privilegiado para construir una ciudadanía en el marco de las democracias del presente siglo, y de la urgencia por perfeccionar la institucionalidad política. Más aún, las nuevas formas de ciudadanía en una sociedad de la información requieren también fortalecer nuevas destrezas: capacidad de expresar demandas y opiniones en medios de comunicación para aprovechar la creciente flexibilidad de los mismos; aptitud para adquirir información estratégica que permita participar en los sistemas de redes; y, competencia organizativa y de gestión para adaptarse a situaciones de creciente flexibilización en el trabajo y en la vida cotidiana.
En la actualidad, existe univocidad de criterios en torno a la necesidad de mejorar la calidad, la equidad y la pertinencia de la educación. Debe replantearse el papel del Estado en la provisión de educación y del conocimiento, desarrollar mecanismos de monitoreo y de evaluación periódica de logros en el aprendizaje de los educandos, reformular los mecanismos de financiamiento del sistema educacional con mayor participación del sector privado, reformar los contenidos y las prácticas pedagógicas en función de los nuevos soportes del conocimiento y de los cambios en el mundo del trabajo, repensar el rol y la formación de docentes, e introducir en las escuelas las nuevas Tecnologías de la Información y del Conocimiento (TIC).
Existe consenso respecto a las deficiencias estructurales de los sistemas educativos, y a la necesidad de actualizarlos para lograr mayor equidad, pertinencia, eficiencia y calidad. Existe coincidencia en la necesidad de mejorar la calidad y la pertinencia del sistema educacional, con el fin de que este cumpla una función estratégica en el tránsito de las sociedades nacionales hacia un orden global, competitivo y altamente interconectado, centrado en el paradigma de la sociedad del conocimiento.
No cabe la menor duda que nuestro país enfrenta grandes problemas de logros y de equidad, pues los hechos demuestran que el nivel de los logros educativos ha aumentado a un ritmo menor que en otras regiones, como resultado de las deficiencias en la cobertura de la educación secundaria, pues un alto porcentaje de alumnos abandonan el sistema escolar, obviamente antes de cumplir dicho ciclo.
Además, la disparidad en logros y aprendizajes es alta debido a que, si bien las nuevas generaciones alcanzan mayor nivel educacional que las precedentes, dentro de cada generación persisten brechas notorias en logros educativos según ingresos, clase social y localización territorial de los educandos. La calidad de la educación es muy inferior para los alumnos de familias de bajos ingresos, quienes asisten a escuelas públicas y no acceden a educación superior de mayor calidad. En síntesis, la educación padece un alto grado de estratificación, que reproduce, más que corrige, las desigualdades de ingresos.
Igualmente se puntualiza que hay desigualdades en el acceso y el manejo de las redes informáticas, así como a los medios audiovisuales, donde la producción de conocimientos circula y se renueva incesantemente. Si bien se realizan esfuerzos para dotar a la infraestructura escolar de soportes informáticos tanto para alumnos como para los profesores, el ritmo al que se difunden estos bienes, así como su uso, es insuficiente. Preexiste una importante brecha digital entre los niños y jóvenes habituados al manejo interactivo en redes y aquellos de ingresos bajos y medio bajos no habituados a ese tipo de interacción, y cuyo acceso a las Tecnologías de la Información y la Comunicación y consiguientemente a los lenguajes informáticos es mucho más restringido.
En todo caso, estimamos que en nuestra Honduras debe existir un programa estratégico de educación y formación con miras al adecuado uso de los recursos tecnológicos e informáticos y evitar los abusos y accesos que se materializan a través de las redes sociales y que son de público conocimiento.
*Doctor en Derecho Mercantil, catedrático universitario y especialista en Derecho Aeronáutico y Espacial.
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