Dime que te diré

Por: Rafael Jerez Moreno*

Cada semana ocurren acontecimientos políticos que despiertan el debate entre simpatizantes y detractores del actual gobierno de Honduras, como ha ocurrido en períodos anteriores, la dicotomía entre oficialismo y oposición. Parte del debate se centra sobre la figura de la Presidenta de la República y de quienes le rodean, y el contraste entre las políticas de esta administración y la anterior, ese dime que te diré termina relegando al ciudadano, y en ocasiones, envolviéndolo en la narrativa que beneficia a los que intervienen en la contradicción de ideas públicamente.

El poder, en sí mismo, es tan amplio y complejo que no puede analizarse con visiones tan reduccionistas que suelen colisionar en las redes sociales. Por ejemplo, esa visión tan cerrada tiende a caracterizar el debate sobre el papel que ha jugado Xiomara Castro como titular del poder Ejecutivo. Al abordar este tema no se analizará a profundidad el alcance de la alianza política que lideró Castro, porque los números son claros en explicar el ímpetu que se despertó después de que se produjo la coalición política entre la Presidenta y los actuales designados presidenciales, desconocerlo es caer en un fanatismo que los procesos electorales venideros evidenciarán. Dejando eso de lado, no puede desconocerse la legitimidad con la que la Presidenta fue electa. La participación y representación política de las mujeres en Honduras se ha caracterizado por los obstáculos impuestos por una cultura machista. Ese machismo está presente en algunos opositores, pero también hay que reconocer que la replican quienes rodean a Xiomara Castro en cargos públicos en los que encuentran una posición para demostrar su vigencia política o construir una carrera a expensas de ella. Aunque tampoco se le puede eximir de responsabilidad al ser quien conserva el poder de decisión…

Otro ejemplo es la manera en la que se contrastan las decisiones del actual gobierno con lo que ocurrió en los últimos períodos gubernamentales. Cada vez que se dice algo públicamente hay una responsabilidad que viene implícita en analizar las cosas teniendo en cuenta su naturaleza estructural y el alcance que un cambio puede tener en un corto, mediano y largo plazo. Pero no nos equivoquemos, venimos de tener gobiernos autoritarios, y tener un expresidente acusado de participar en narcotráfico no es cosa menor para un Estado. Eso es una realidad respaldada con hechos. También conviene aclarar que, si bien las actuales autoridades ejecutivas asumieron el poder con legitimidad, la han debilitado con decisiones puntuales que bien caben en criterios de inconstitucionalidad. Por ello son importantes los matices y la responsabilidad de cuestionar las promesas de quienes buscan alcanzar el poder cuando materialmente hay cosas que no se van a poder hacer.

Difícilmente cambiará la manera de abordar las decisiones políticas y la dinámica que caracteriza los debates. Paradójicamente, a la colectividad que más aqueja los problemas cotidianos es a quien le suele gustar el ataque y la descalificación en los intercambios; y al político, no muy dotado intelectualmente, se le facilita esta dinámica para replicar su discurso partidario. Entender el pasado es esencial para comprender lo fácil o lo difícil que es hacer las cosas en el presente, pero las élites políticas en el país no están preparadas, en su mayoría, para elevar la altura del debate, reconociendo los hechos, las responsabilidades y la capacidad real de satisfacer las demandas sociales.

*Abogado

Twitter: @RafaJerezHn