Por: Rafael Delgado*
Construir una economía pujante que elabora productos de calidad capaces de prevalecer en el mercado nacional frente las importaciones y competitivos en los mercados internacionales pasa necesariamente por la implementación de un sistema efectivo de formación técnica de la gente. Podemos discutir largamente sobre diferentes estrategias que se han implementado en el pasado y las que deben implementarse en el futuro. Seguramente habrá argumentos a favor y muchos otros en contra del dogma de la liberalización para lograr competitividad y desarrollo. Igualmente habrá evidencia a favor y otros en contra de los altos aranceles como medio para proteger las industrias débiles. Pero lo mencionado al principio es indiscutible: en el camino para alcanzar la productividad y el mejoramiento del ingreso de la gente está siempre presente la inversión permanente en el desarrollo de las competencias y conocimientos.
Tan clara está esa idea central del papel de la formación técnica profesional, pero tan lejos ha estado del quehacer fundamental de los gobiernos y de los liderazgos de la empresa privada. Las ambiciones giran más bien alrededor de mezquinos intereses particulares que aspiran al control del presupuesto del Estado y de toda la institucionalidad pública. Por ello el tiempo pasa y nada diferente ocurre. A lo sumo, se aprueba un mezquino incremento en las partidas del gasto público en educación, sin modificar en lo absoluto la decrépita estructura sobre la que se ejecutan los fondos ni tampoco las estrategias que desorientan el quehacer de la institucionalidad pública y privada.
Si hay entonces una cosa que puede cambiar la situación del país es la construcción de trayectos educativos que formen a los jóvenes en la amplia variedad de profesiones que hoy en día existen en los principales rubros de la economía. Son dieciséis los que el Banco Central de Honduras clasifica para desagregar la economía del país. Pues para cada uno de ellos debería de existir trayectos educativos que preparen con las competencias y conocimientos necesarios y certificados; en una alianza muy cercana con los futuros empleadores potenciales, pero que no se agote en la ya conocida práctica profesional, sino que desde un inicio la formación técnica esté ligada al aprendizaje en una fábrica, una empresa o una institución. Esos trayectos educativos, con una adecuada combinación de teoría y práctica laboral, deberían de existir a nivel de la educación secundaria, a nivel universitario como también a nivel de la educación no formal y continua.
Esta tarea debe de sostenerse con los esfuerzos implementados desde diferentes ámbitos. Indudablemente que a la política pública le corresponde, sobre las bases de una institucionalidad menos corrupta y más ágil, una gran parte de esto. Las estrategias, el marco legal, los recursos materiales y un presupuesto a la altura de las necesidades es indudablemente parte de lo que le corresponde. Pero esto no exonera a la empresa privada ya que debe también demostrar interés real en invertir sustancialmente en la gente. Es necesario que lidere las alianzas para abrir los espacios para que los aprendices y los estudiantes en su fase formativa entren a practicar en lo que será su futuro mundo laboral; que su formación práctica se realice allí en una relación laboral especial y protegida. Es además indispensable que el empleador retribuya adecuadamente al empleado con formación técnica al momento de su contratación y durante su desempeño laboral.
Hay que empezar lo más pronto posible a darle sentido a la vida de millones de hondureños; de ofrecerles opciones factibles para que los ingresos de la mayoría de la población mejoren, para construir sobre bases sólidas la competitividad que tanto desean nuestros emprendedores. Los dirigentes de la empresa privada deben de entender que sobre la base de mano de obra sin calificación y con sueldos miserables no se construye una nación próspera. Los que deciden en el gobierno deben de replantear sus enfoques y estrategias de abandonar sus agendas sin sentido para la gente y trabajar en estas oportunidades que realmente pueden hacer la diferencia entre el fracaso y el éxito económico de todo un país.
*Economista. Catedrático universitario.