Armando Cerrato, periodista de primera

Por: Ricardo Alonso Flores

Fue en 1973, cuando se fundó el desaparecido Diario La Noticia, cuyo director fue Amílcar Santamaría y a mí me nombraron subdirector. Era un experimento un tanto atípico, porque se intentó revivir el tamaño standard, con ocho columnas y se decía oficialmente que se imprimía en Tegucigalpa, cuando en realidad se hacía en San Pedro Sula.

Por añadidura, era vespertino y en esas condiciones resultaba difícil competir en informaciones y no hablemos de publicidad, porque los anunciantes consideraban que era una especie de dádiva cuando contrataban un especio en el diario.

En esos momentos, se luchaba por la subsistencia y esto se logró con el aporte valioso de Armando Cerrato, Juan Ramón Durán, Rafael Lazzari, Isabel Sánchez, Magda Argentina Erazo, Patricia Murillo y René Cantarero entre otros.

Particularmente Armando Cerrato, junto a Juan Ramón Durán sacaban todo su entusiasmo, porque eran recién egresados de la Escuela de Periodismo de la UNAH y fue así como comencé a conocerlo y a entablar una excelente amistad que duró hasta su fallecimiento.

Me hablaba de sus inicios, de sus ideas y me llamaba burgués, a lo que yo le respondía que la burguesía es un sentimiento, una posición mental y eso le hacía mucha gracia.

Nunca mostró posiciones extremas; al contrario, era muy objetivo y algo que debo resaltar era su conducta rectilínea, decente donde los haya, porque no aceptaba dádivas, algo extraño en un medio donde eso es lo más frecuente.

Una de los méritos era su capacidad de redactar, con buen estilo y excelente ortografía, objetividad en el trato de la noticia y trabajaba incansablemente sin perder el sentido del humor.

Su capacidad le llamó la atención al periodista español Zoilo Martínez de Vega, jefe de la recién fundada Agencia de Noticias Acan-Efe, con sede en Panamá quien le pidió que fuera el delegado de la agencia en Honduras.

Fue así como inició una prolongada etapa con los españoles y luego con esa experiencia se convierte en catedrático en la Escuela de Periodismo en la asignatura de Periodismo de Opinión, desde la cual formó gran cantidad de jóvenes que asimilaron sus enseñanzas valiosas.

Llegó a ocupar la vicepresidencia del Colegio de Periodistas, haciendo una encomiable labor, aunque su salud lee jugó una mala pasada y comenzó a perder paulatinamente la vista, aunque eso no le impidió seguir escribiendo artículos de fondo en LA TRIBUNA, analizando diversos problemas de la vida nacional.

De igual manera, solía escribir sobre personas amigas que, como él, decía se nos adelantaron en su viaje hacia la eternidad, con el apoyo invaluable de uno de sus hijos.

Hoy, quiero rendir mi tributo de admiración a este excelente profesional, amigo que dejó una estela de capacidad y un ejemplo perdurable a las generaciones que conocieron sus ejecutorias en el campo de la comunicación.

Armando, fue ejemplar en tantos aspectos de la vida, con enorme talento practicó la sencillez, viniendo de cuna humilde, no sintió envidia por nadie y cuando tuvo sus épocas de bonanza no hizo alarde de ello. Vivió con dignidad y decoro. Se le recordará por su grandeza como ser humano y hombre de bien.

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