“EL CHINCHÍN”

SI bien hay quienes no disfrutan de los denominados “editoriales poéticos”, quizás preferirían que pasásemos volando maceta a diestra y siniestra o sudando calenturas ajenas, o a disposición de algunos empresarios cuenta centavos, diciendo todos los días –de regalado– lo que ellos no se atreven a decir; y si a veces, lo tratado en esta columna de opinión se sopesa liviano o inofensivo, será que no todos tengan la habilidad de leer entre líneas o de imaginar lo que se le dice a fulano para que lo entienda mengano, toca de nuevo –regresando al susodicho “poemario”– otra tanda interactiva con los lectores. Es tal el agrado de muchos miembros del colectivo a los diversos temas abordados, intentando rescatar gratos recuerdos, viejas costumbres, buenos hábitos y valores, que se nos han acumulado los mensajes: “Un niño, un profesor, un libro y un lápiz –una lectora con un pensamiento de Malala Yousafzai– pueden cambiar el mundo”.

Otra lectora: “Anoche en una reunión familiar comentamos su editorial, a propósito de la reprenda que uno de los presentes le dio a su hijo: «Si vas a estar aquí es para platicar, si no mejor levántate; ¡guardá ese celular!», le dijo en tono enérgico cuando este sacó su móvil”. “El muchacho, no con poco enfado, lo guardó, pero siguió en el convivio”. “A veces pienso que esa adicción es parte estimulada por los padres al fomentar la dependencia, infiero, por comodidad, porque están como ausentes mientras los absorbe el dispositivo; es como un nuevo ‘chinchín’”. Otro lector: “Muy bueno que siempre esté hablando de este tema; la verdad que es terrible lo que está pasando; pero hasta los maestros han caído en el hipnotismo de los chats”. “Sabe, de casualidad alguien me envío la aplicación de TikTok y me encontré cosas terribles; ancianas desnudándose, y otras desfachateces”. “Inmediatamente lo cerré”. “Las redes están matando la cultura y los principios del amor a la familia y el amor a Dios”. “Se ha endiosado esos celulares demasiado”. Otro lector: “Muy importante que persista con este tema de la juventud que no lee, porque también es para padres que no observan”. “Estoy seguro que la gran mayoría de padres, con sacrificio o sin sacrificio, pagan los estudios de sus hijos, pero una minoría se suma a dar seguimiento a lo que están llevando en sus centros de estudios; si están dejando lecturas los maestros”. “Pocos padres incentivan a sus hijos a leer”. “Recuerdo a mi padre, QDDG; lo tuve poco tiempo en esta vida hasta mis 22 años, pero desde los 10 años, nos dejaba lecturas de libros interesantes, incluso clandestinos”. “Leíamos libros y le hacíamos resúmenes; nos preguntaba y a veces revisaba hasta si teníamos errores ortográficos en los resúmenes”. “Nos quitó el miedo, cuando por turnos con mis tres hermanos, esperábamos para recitarle los resúmenes y argumentos de cada libro que leíamos”. “Ahora con mis hijos ya graduados, siempre les hice conciencia que no solo se trata de estudiar y graduarse; porque la educación es mente, pero el corazón es cultura”. “No solo como ciudadanos, sino como sociedad debemos ser mente y corazón”.

Otra lectora: “Yo también recuerdo ese programa de los 80”. “Ahora que recibo a algunos alumnos de último año de colegio a hacer su práctica en la empresa, da pesar ver que tiemblan por miedo a hablar cuando uno les pide expresarse”. “Carecen de pensamiento crítico, tienen pésima ortografía que hiere la vista”. “En parte no es culpa de ellos, sino del sistema”. Otra lectora: “Qué excelente editorial; usted como siempre colocando el dedo en el renglón; cada vez hay menos interés por la lectura, por las cosas buenas; y esto no solo en los espacios académicos o políticos; también es así en las iglesias”. “Esto empeoró durante la pandemia”. “Por supuesto, decidí retornar a mi iglesia en donde sí se lee y estudia la Biblia”. (“La escritura –el Sisimite cita a Voltaire– es la pintura de la voz”. “La pluma –dice Winston que decía Cervantes– es la lengua del alma”).