Rafael Delgado
Las consecuencias de las ideas y las reformas que introdujo Mijaíl Gorbachov han sido y será un tema de interminables discusiones. El final inesperado que para algunos resultó ser una tragedia, pero para otros lo mejor que pudo pasar, resulta ser el punto en el que se centran las discrepancias. En efecto, la Unión Soviética no pudo sostenerse ante las nuevas exigencias del glasnost y la perestroika. En cuestión de pocos años las propuestas reformadoras se quedaron cortas ante los acontecimientos que apuntaban hacia algo más radical debido a los terribles problemas que se acumularon por tanto tiempo en la economía estatizada. Pero no solamente eso. Contribuyó también a esa disolución el tremendo error de las potencias occidentales, en especial de los halcones de la política exterior norteamericana que consideraron el debilitamiento de su antiguo enemigo como algo favorable y deseado. Finalmente, la poderosa Unión Soviética se disolvió en varios estados que tomaron su propio camino desmantelando el sistema socialista planificado.
Pero no hay duda alguna que las propuestas de Gorbachov, vinieron a darle un giro fundamental a la política mundial. Enfrentadas las grandes potencias a una carrera armamentista en una espiral ascendente, las tensiones subieron a su máximo. Cada vez más el desarrollo y emplazamiento de nuevas armas nucleares llenaban el mapa del mundo y amenazó con llegar al espacio exterior con el plan de Reagan. Un movimiento de Estados Unidos y su poderoso complejo militar en la carrera armamentista era seguido por otro movimiento de la Unión Soviética que reunía recursos para responder a costa de una economía que cada vez se debilitaba más. En esa carrera absurda, el final predecible no era la completa disuasión sobre la base de la supremacía militar de un lado sobre el otro, sino algo de dimensiones apocalípticas donde quizás poco o nada quedaría en pie después de un conflicto nuclear, provocado ya sea por un error técnico o por una decisión deliberada: el ataque nuclear de uno conduciría a una respuesta inmediata del otro y después a continuas respuestas recíprocas que envolverían al mundo en un conflicto sin precedentes y a un invierno nuclear donde los humanos que sobrevivirían a los ataques nucleares perecería por sus consecuencias.
Esa dinámica de la destrucción total, se quiso esconder sobreponiendo las supuestas capacidades de uno de vencer al otro. Fue Gorbachov quien planteó desactivar eso. La iniciativa de una reunión partió de él y según las versiones de primera mano de la cumbre en Ginebra de noviembre de 1985, donde por primera vez se encontraban dos mandatarios de estos países después de seis años, la actitud de ataque de Reagan contrastaba con la del reformador soviético. Este último, ante las acusaciones de su contraparte sobre la amenaza del marxismo-leninismo de dominar el mundo, le respondió que no venía hablar de marxismo-leninismo, sino de un fin a la carrera armamentista ya que el mundo estaba atento, esperando un desenlace positivo de la cumbre. Lo que vino después de este primer encuentro fue un proceso de alivio en las tensiones y de reducción de la carrera armamentista, alejando así al mundo de un desenlace fatal.
La muerte de Gorbachov en días pasados reaviva la discusión sobre lo que ocurrió en aquellos años. Indudablemente que las potencias occidentales y en especial EUA llegaron al proceso de desarme con las mejores condiciones y él, al contrario, con las mejores intenciones. Además, al interior de la Unión Soviética las reformas para construir un socialismo más humano, menos estatizado y más democrático generaron una profunda división de la que se aprovecharon los sectores poderosos de la burocracia soviética que se veían amenazados por todo lo anterior. Al final fue Gorbachov un héroe trágico que se quedó con las manos vacías. Ahora, después de tres décadas y ante los eventos que han ocurrido recientemente que han ensombrecido el panorama internacional, es cuando nuevamente surge la necesidad de romper esa ideología de la confrontación para entender el valor de los grandes consensos que necesita la humanidad para salir adelante.