“Cara dura”

Carlos Medrano

Escuchar en los últimos días a algunos dirigentes políticos hacer algunas recomendaciones a la clase gobernante, dar consejos, exigir una justicia imparcial y expedita y pedir vehementemente políticas públicas para reducir la pobreza, realmente tiene un solo nombre: sinvergüenzas.

Sinvergüenza literalmente es no tener vergüenza, no tener pena, no tener pudor, no ser honesto cuando fueron gobierno y cometieron algunos de los escenarios más vergonzosos de la historia política de este país, contribuyendo significativamente a tener los altos índices de pobreza que hoy registra esta nación.
Haber participado activamente no solo con su voto en el Congreso Nacional sino en la construcción de la legislación para asaltar al país, como la Ley de Secretos, solo para mencionar algunas leyes, -bajo la excusa de la seguridad nacional- escondiendo compras amañadas y transferencias a empresas en la que ellos mismos estaban involucrados, formaron parte de la crisis en la que hoy estamos.

Esta Ley de Secretos que la clase política aplaudió en el reciente pasado, involucró a secretarías de Estado que nada tenían que ver con la seguridad nacional, sirvió para llenar de impunidad adquisiciones ordenadas desde Casa Presidencial, mientras el país se hundía en la pobreza.
Con todo el cinismo que corresponde a personas sin escrúpulos, aprobaron las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico, ZEDE, una vez allanado el camino en la Corte Suprema de Justicia, que al igual se prestó a muchas de las violaciones al Estado de derecho e institucionalidad que se dieron en Honduras.
Las ZEDE, aprobadas por estos ahora “críticos” de la actual administración, eran “ciudades modelo”, creadas desde cero, con personalidad jurídica, administración propia y con elevado nivel de autonomía. Pese a las protestas de organizaciones y grupos étnicos porque se violaba la soberanía del país, a la clase política gobernante en el reciente pasado, no les importó dichas manifestaciones haciéndose oídos sordos al clamor popular.

Y que decir de las “reuniones” en el Congreso Nacional en horarios anormales en donde se aprobaron contratos de energía eléctrica sin licitación a precios cuestionables, presupuestos para adquisición de insumos que “necesitaba” el gobierno, con un alto velo de corrupción y falta de transparencia, según las denuncias.
Con el inicio de la pandemia, la clase política gobernante nos mantuvo encerrados más tiempo del normal, ahogando la economía y las empresas de una manera irracional, todo por no tomar las decisiones oportunas y difíciles que se debían adoptar en esos momentos complejos para Honduras.
Se adquirieron hospitales móviles que hoy en día no cumplen los objetivos para los que se gastaron más de 1,000 millones de lempiras, se obtuvieron mascarillas, medicamentos, etc., a precios sobrevalorados, sin que las autoridades auditoras y Fiscalía hicieran nada para impedirlas.

En estos pasados 12 años, se produjo unos de los escándalos más vergonzosos que la historia registra al saquear al Instituto Hondureño de Seguridad Social, IHSS, muriendo cientos de compatriotas por la ambición desmedida de unos pocos bajo el silencio cómplice de muchos de estos políticos que hoy se rasgan las vestiduras.
Se utilizaron Organizaciones No Gubernamentales para desviar fondos del Estado para política, se concedieron patrimonios nacionales como las carreteras sin que la empresa beneficiada invierta capitales considerables, se concesionó un aeropuerto dispensándole por muchos años el pago de impuestos, en medio de una gran opacidad.

No queremos que la oposición política no señale los grandes errores que se están cometiendo en la actualidad, pero se necesita ser “cara-dura” para ser ahora gran crítico del sistema y haber participado en el reciente pasado de los años más oscuros que reconoce nuestra historia política en Honduras, registrándose los actos de corrupción más grandes y vergonzosos que ha tenido este país.

Periodista
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