“COFRES SECRETOS”

“LOS amigos son una familia escogida que vas aumentando a lo largo de la vida y que –como dice Winston– las palabras de Alberto Cortés lo dicen todo”. “Y lo lindo es que la amistad no tiene edades ni duración”. Gracias por ese editorial, amigo. “Te mando este texto –nos dice– porque lleva mucho de lo que la memoria obra en la amistad”. Esta es respuesta de una vieja amiga –a los editoriales sobre los padres, los hijos, los abuelos, los nietos y los amigos– otra perla de una profesora, escritora y poetiza brasileña: “La memoria es contraria al tiempo”. “Mientras el tiempo se lleva la vida como el viento, la memoria devuelve lo que realmente importa, eternizando los momentos”. “Los niños tienen el tiempo a su favor y la memoria es todavía muy reciente”. “Para ellos, una película es solo una película; una melodía, solo una melodía”. “Ignoran cómo la infancia está impregnada de eternidad”. “Con el tiempo, envejecemos, nuestros hijos crecen, mucha gente se va”. “Pero para el recuerdo, seguimos siendo jóvenes, atletas, amantes insaciables”.

“Nuestros hijos son niños, nuestros amigos están cerca, nuestros padres aún viven”. “Cuanto más vivimos, más eternidades creamos en nuestro interior”. “Antes de que nos demos cuenta, nuestros cofres secretos –porque la memoria es dada a los secretos– están llenos de lo que amamos, de lo que dejó una nostalgia dentro de nosotros, de lo que duele más allá de lo que se cuenta, de lo que duró más allá del tiempo”. “La capacidad de emoción surge de esto, cuando nuestros compartimentos se abren de alguna manera”. “Un día enciendes la radio del coche y pones música; nadie se da cuenta, pero esa música ya ha formado parte de ti –fue la música de fondo de una relación amorosa o la banda sonora de una depresión– y aunque hayan pasado los años, tu memoria afectiva no obedece a los calendarios, no va con las estaciones; una parte de ti retrocede en el tiempo y recuerda a esa persona, ese momento, esa época”. “Los verdaderos amigos tienen la capacidad de durar para siempre dentro de nosotros”. “Es habitual ver cómo amigos de nuestra juventud se reencuentran al cabo de los años –ya adultos o incluso ancianos– y vuelven a comportarse como adolescentes tontos e inmaduros”. “Las reuniones de clase son especiales por eso”. “Nos devuelven a las personas que fuimos, niños llenos de alegría, divertidos, capaces de actitudes infantiles y debilitantes, como lo fuimos hace 20, 30 o 40 años”. “Descubrimos que el tiempo no pasa por la memoria”. “Eterniza a los amigos, las bromas, los apodos”. “Aunque por fuera haya canas, artritis y arrugas”. “La memoria no nos permite ser adultos cerca de nuestros padres”. “Tampoco se dan cuenta de que hemos crecido”. “Siempre seremos niños, no importa si ya tenemos 30, 40 o 50 años”.

“Para ellos, el recuerdo de la casa llena, las peleas entre hermanos y hermanas, las historias contadas al anochecer… son todavía muy recientes, porque la memoria amó y aquello se ha hecho eterno”. “Por eso es tan difícil decir adiós a un amor o a alguien especial que por alguna razón ya no forma parte de nuestras vidas”. “Dicen que el tiempo lo cura todo, pero no es tan sencillo”. “Calma los sentidos, suaviza las aristas, le pone una curita al dolor”. “Pero lo que amamos tiene vocación de emerger de las profundidades, romper los candados y asombrar de vez en cuando”. “Somos la suma de nuestros afectos, y lo que amamos puede reactivarse fácilmente con nuevos detonantes: nos traiciona el argumento de una película, una vieja canción, un lugar especial”. “Del mismo modo, somos recuerdos vivos en la vida de nuestros hijos, cónyuges, antiguos amores, amigos, hermanos”. “Y aunque el tiempo nos aleje, seremos recordados para siempre por aquellos que un día nos quisieron”. (“La memoria es como el mal amigo; –sale el Sisimite con su refrán– cuando más falta te hace, te falla”. “Somos nuestra memoria –Winston recordando a Jorge Luis Borges– somos ese quimérico museo de formas inconsistentes, ese montón de espejos rotos”).