Un Monumento a la Libertad

Por: Carlos G. Cálix

Sueño con emular el significado de La Gran Torre de la Libertad y construir el mayor monumento histórico que represente el triunfo de la dignidad humana y de la democracia en Honduras, el más grande estandarte de la victoria del libre mercado, de una economía moderna y de un Estado digital, el símbolo que denote los más elevados niveles de renta per cápita de la región centroamericana.

Al igual que lo hizo John Adams, uno de los padres fundadores de Estados Unidos y su segundo presidente, quiero que defendamos radicalmente la propiedad privada y la libertad individual, pues el gobierno -según Adams- debe existir «para la preservación de la paz interna, la virtud y el buen orden, así como para la defensa de la vida, las libertades y propiedades».

En otras palabras, sueño como lo hicieron en Estados Unidos al establecer el primer sistema donde el individuo tendría garantizados tres derechos fundamentales, independientemente de la clase social o política a la que perteneciera: derecho a la vida, derecho a la libertad y derecho a la búsqueda de su propia felicidad. Por ello el monumento para La Gran Torre de la Libertad.

Pero, ¿cómo hacer para que los hondureños valoren la libertad? Me parece que el ejemplo más claro, es cuando valoran el derecho a la vida. Los hondureños que tienen visa y poseen ciertas facilidades, buscan la manera que sus hijos nazcan en cualquier ciudad de los Estados Unidos, porque de alguna forma comprenden el significado del derecho a la libertad y a la felicidad. Los mismos derechos que se deberían de garantizar para todos los padres que no tienen y no quieren otra nacionalidad que no sea la hondureña.

Por eso, en Honduras se necesita crear las condiciones para generar riqueza, seguido de políticas presupuestarias consistentes que garanticen presupuestos equilibrados y la deuda pública reducida. Se requiere que la economía se beneficie de la fuerza de los sectores de electrónica y telecomunicaciones. El país demanda de la introducción de una política económica orientada al mercado con una “simplicidad fiscal” cuya relación impuestos/PIB no sea mayor al 33%.

De hecho, después de malas gestiones gubernamentales, Honduras deberá efectuar una transición ágil al libre mercado, será menester terminar con la toma de decisiones basada en las relaciones personales y las manipulaciones políticas. No se necesitará a la gente con las viejas mañas. Se requerirá de personas capaces de crear las condiciones que instauren el respeto a la independencia judicial, a la protección de los derechos de propiedad, a la facilidad para transacciones de bienes y raíces, así como, garantizar la eficacia de la justicia, y la ausencia de crímenes contra los negocios tradicionales y digitales -para esto es fundamental un compromiso con la ciberseguridad-.

Muchos pensarán que es una simple fantasía, pero permítanme decirles que vengo de una ciudad en la que hace cien años se cumplieron muchos sueños, una ciudad que iba camino a ser la Nueva Orleans de Centroamérica hasta que se tropezó con el autoritarismo y con las malas gestiones de gobernantes locales y nacionales. Cuando uno viene de una tercera ciudad, de un país del tercer mundo, y alcanza poco a poco sus sueños, uno quiere que los niños de su ciudad y de su país, también los puedan alcanzar.

Otros pensaran que La Gran Torre de la Libertad, es solo un sueño, pero los ejecutivos del diario News & Metropolis de Miami, también soñaron y contrataron a Schultze & Weaver para construir sus sueños y así dejaron como legado la Freedom Tower en la 600 de Biscayne Boulevard.

Así que, La Gran Torre de la Libertad, más que un monumento, deberá de ser el símbolo sobre el cual descanse el desarrollo de las futuras generaciones de hondureños. Un monumento a la libertad, bajo la comprensión, en la práctica del pensamiento de John Locke: “La libertad es ser libre de restricciones y de la violencia de los demás, lo que no puede haber donde no hay ley; pero, la libertad no es, como se nos dice, «una libertad para que todos los hombres hagan lo que quieran» […] sino que la libertad es disponer y ordenar como le parezca de su persona, acciones, posesiones y toda su propiedad, dentro del marco de esas leyes bajo las cuales él se encuentra y a no ser sometido a la voluntad arbitraria de otro, pudiendo seguir libremente su propia voluntad”.

¡Nos vemos en el futuro… con libertad! Un abrazo.

[email protected] Carlos G. Cálix es Doctor en Ciencias Administrativas, profesor del Doctorado en Dirección Empresarial en la UNAH , cofundador de diversas empresas y autor de varios libros. Tiene un postdoctorado por el CONICET en el IIESS-Argentina.
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