¿Quién era Enrique Soto Cano?

Al escuchar el nombre de Enrique Soto Cano de inmediato se viene a la memoria la base aérea de Palmerola, en Comayagua, pero la verdad es que detrás de esa figura existe un hombre que defendió a Honduras en momentos de crisis.

Fue parte de los elementos hondureños que participaron en la II Guerra Mundial (1939-1945) en los operativos para rastrear submarinos alemanes en el océano Atlántico y el mar Caribe, además era el comandante de la Fuerza Aérea Hondureña (FAH), en la guerra de 1969 con El Salvador.

Fue él la persona que ordenó desde la comandancia de la base militar el despegue de los aviones Corsarios hondureños, para atacar a las aeronaves salvadoreñas que bombardearon Tegucigalpa, aquel 14 de julio de 1969.

Al contrario de lo que muchos pensarán, Enrique Soto Cano todavía da testimonio de lo que sucedió en esa ocasión. LA TRIBUNA dialogó con él en 2013 sobre diferentes aspectos y épocas de su vida, hoy recordamos esa entrevista al cumplirse 50 años de la guerra del 1969.

Entonces tenía 90 años, hoy con 96 es una enciclopedia viviente de la aviación militar, quien, con clara lucidez, relató los momentos que le tocó vivir desde su niñez, cuando a la edad de 8 años perdió a su padre, hasta llegar a máximo jefe de la Fuerza Aérea.

¿De dónde viene Enrique Soto Cano?

Vengo de una familia bastante grande, de mediana posición. Mi abuelo tenía una haciendita con 15 vacas y yo se las ordeñaba, y todos cooperábamos con él.

¿Cómo fue su niñez?

Guarda silencio y contesta… perdí mi padre a los ocho años y eso creó en la casa un desbalance, entonces íbamos con el abuelo a ayudarle; mi tío me llamaba a las 4:00 de la mañana para que fuera a arrearle las vacas y traer la leche a las 6:00 de la mañana, después me iba para donde mi madrina que me estaba ayudando a levantarme, y luego a la escuela; esa fue mi vida, recogiendo leña, haciendo mandados, fui zapatero, me fui a tocar marimba ¡y descalzo va!… luego deja escapar una leve sonrisa…

Después que muere su padre ¿le tocó trabajar duro?

Sí…, como no, la formación de nosotros fue dentro del campo, nos hicieron gente muy responsable, no había descuido, eran tiempos en que el padre de familia autorizaba al maestro y le decía: “si me le ve falla, ahí lo autorizo para que me le dé”… ahora ya no se ve nada de eso.

¿Y cómo es eso que fue zapatero?

Después que terminé la primaria no había otro camino, y un tío mío se dio cuenta que un maestro zapatero podía ayudarnos y empezar conmigo a enseñarme el oficio. Acudí a él y me recibió bien. Aprendí el oficio de zapatero, tenía como 12 ó 13 años.

¿Entonces a esa edad ya no caminaba descalzo?

Como no… yo caminaba descalzo… pues no había manera, pero un día el maestro me dice: “mire joven ahí están esos materiales debajo de ese mueble, sáquelos que los vamos a limpiar”… yo hice lo que él mandó, después me preguntó que cuál color de los materiales me gustaba, entonces elegí un color que no había visto antes; después regresó y me dijo: “esta horma es la que le va a su pie, empiece a construir sus zapatos”… y de donde se los voy a pagar maestro le dije: ¡constrúyalos! …solo eso me dijo, entonces los hice…

En medio de la plática el coronel levantó su pie izquierdo y comentó: “este es el color que elegí, son marrón, por eso me gustan, y tengo estos zapatos en recuerdo de los primeros que yo usé…

¿Y cómo se metió a tocar marimba?

Es que andaba buscándole a la vida. El barbero famoso del pueblo, adonde nosotros íbamos, era dueño de una marimba y necesitaba personal. En ese tiempo tenían un maestro guatemalteco que estaba enseñando música y a mí me gustaba aquella cosa, entonces me fui metiendo. Un muchacho hondureño me dijo: “yo te voy a encaminar en esto”…después con él andaba para arriba y para abajo en todas las celebraciones…

Con esa vida tan aventurera… ¿cómo llega a la Escuela de Aviación?

Un día cruzaba por la plaza, lo que es ahora el parque de Olanchito, y me encontré a un amigo, Octavio Soto, que trabajaba en la comandancia de armas y me dijo: “quiero que vengas conmigo, han llegado unas oportunidades, hay unas solicitudes que quiero que las leas para ver si te interesaría algo de eso”… me fui con él. Eran solicitudes de la Fuerza Aérea que estaban inaugurando la Escuela de Soldados Mecánicos y buscaban en los pueblos los que estaban interesados en aprender algo así, entonces yo francamente dije que sí…

¿Fue fácil entrar?

Mire que un tío mío, Lorenzo Cano, hermano de mí mamá, que era cuñado de Amaya Amador (Ramón), que siempre me apoyó bastante, se dio cuenta que ya no había cupos, y que me había apartado a mí de los escogidos. Mi tío al oír aquello fue a la comandancia y preguntó, y se les paró en treinta… mi tío se acordó que mi padrino de bautismo era Mauricio Ramírez, que era diputado del Congreso Nacional, platicó con él y le contó lo que me estaba pasando y le dijo que fuera; yo ya había perdido el ánimo, pero fui y le dejé mis papeles, y dos días después me llamó y me dijo: “el asunto suyo está arreglado, delo por hecho. Él era diputado y conocía al comandante de la Fuerza Aérea, Harold White.

¿Pero entró como aprendiz de mecánico de aviones?

Sí, nosotros llegamos para la Escuela de Soldados Mecánicos, pero es que se acostumbraba entonces que el piloto supiera donde estaba una falla del avión y poderle hacer siquiera una reparación. Lo preparaban a uno como mecánico primero, para entrar al curso de vuelo. Ascendí a cabo, después a sargento y de repente es que aparecieron las plazas para hacerse aviador, había que someterse a examen y lo pasé. Ahí empezó todo y el instructor mío fue el coronel Hernán Acosta Mejía.

¿Qué anécdota tiene de esos años?

A White se le terminó el contrato, dijo que ya no quería continuar, y quería estar con su familia y se fue. Yo era sargento, y recuerdo que me enviaron junto a una cuadrilla para irlo a despedir a Pan American, yo llevaba la representación y hasta di unas palabras de agradecimiento. Él solo me decía Caño…sonríe y continúa… ¡Claro!, el gringo no podía pronunciar la eñe y ese día me dijo: “Caño, siga usted como va, que va a llegar muy alto”… él siempre andaba en los talleres y siempre me encontraba trabajando y cantando.

¿Cómo era su relación con Acosta Mejía?

La suerte para mí fue que caí en su grupo, él fue el que me enseñó a volar. Recuerdo que me decía: “Mire Soto, trate el avión como si estuviera bailando con la novia, y vaya con movimientos suaves”… a las ocho horas de vuelo, yo estaba volando solo, ¡eso fue rápido!

Nos graduamos un 15 de septiembre, llegó el general Carías (Tiburcio) y nos entregó el diploma a todos.

¿Qué aviones volaban en ese tiempo?

Un avión Stevenson, de ala alta; uno de esos aviones se perdió en el Atlántico cuando estaba la Segunda Guerra Mundial, en los patrullajes contra submarinos, era muy lento. Uno volaba local, y el primer vuelo lo hice a Santa Bárbara; anduve por todo el país, y después me eligieron como instructor y el coronel Acosta Mejía me llevó de ayudante suyo. Todavía él no era comandante, era jefe de instructores. Yo preparé un montón de pilotos… entre ellos al general López Arellano (Oswaldo), en ese tiempo era sargento, él estaba en la Escuela de Artillería y pidió traslado a la Fuerza Aérea.

¿Cuál fue la misión que tuvo en la II Guerra Mundial 1939-1945?

Lo mandaban a uno como observador. Se hacían patrullajes en la costa norte, desde la tarde, la noche y al amanecer. Ya lo iban entrenando a uno en otros menesteres, esa era una guerra declarada, pero como era para todo el mundo a Honduras le tocaba colaborar en algo.

¿Cómo vivió esos momentos?

Había tranquilidad, la gente es que estaba con eso de que los alemanes estaban buscando para todos lados y se acercaron a las costas de Honduras con los submarinos, pero los patrullajes que hacíamos lograron que se alejaran. Se comprobó que venían submarinos y Estados Unidos estaba buscando que Honduras hiciera su parte, y es por eso que se realizaban patrullajes por el mar Atlántico.

¿Por qué vinieron unos periodistas de Rusia a entrevistarlo?

Ellos dijeron que había recibido informes que en el mundo, revisando todo el panorama, ya no quedaba gente que habían participado en la II Guerra Mundial, pero que tenían la creencia que en Honduras había uno todavía, entonces investigaron y determinaron que yo era el único que está vivo. Ellos vinieron, me buscaron, fueron a La Paz, filmaron una entrevista mía y la presentaron en Rusia como el único sobreviviente en todo el mundo de la II Guerra Mundial.