Las montañas de la tierra
parecían pirámides repletas de rocas yertas,
donde antes los pinos las vestían con su prodigiosa verdura plena.
Las praderas mostraban las heridas de la naturaleza muerta,
y al cielo las almas compungidas suplicaban que la lluvia salvadora sobre la comarca cayera.
El hombre había destruido todo por doquier en su codicia casi perpetua
y las aves habían emigrado dejando tras de sí sus voces lastimeras.
¿Cómo cambiar este sino?
es la pregunta sin respuesta…
¡Quizás la genuina entereza y sabiduría
podrían salvar la creación por vez primera
y brindar una esperanza en esta hora triste y postrera!
Marco T. Medina
Tegucigalpa, M.D.C.