Por: Carlos Medrano*
Uno de los más sagrados e imprescindibles derechos fundamentales de una sociedad democrática y representativa es la libertad de expresión, que es ni más ni menos un privilegio que tienen las personas a decir, manifestar y difundir de manera libre lo que piensan sin tener represiones o consecuencias.
En la democracia, la libertad de expresión es esencial porque permite el debate, la discusión y el intercambio de ideas entre todos los actores de la sociedad en los diferentes temas de la vida nacional.
Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la libertad de expresión es un derecho humano, y se encuentra señalado en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que establece: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.
La libertad de expresión está ligada a la libertad de pensamiento, de coincidir, pero también de disentir, de discrepar sobre las determinaciones que un gobierno adopte y repercute en las mayorías, que incida sobre la libertad económica, política y social.
La libertad de expresión y los medios de comunicación tienen derecho a investigar, informar y difundir informaciones sin ningún tipo de limitaciones, como la censura previa, el acoso o el hostigamiento.
Para la Convención Americana de Derechos Humanos, no se puede atacar la libertad de prensa por medios indirectos, como el control abusivo del suministro de papel (caso de periódicos), restricción de frecuencias radioeléctricas, o de enseres o aparatos usados en la difusión de información, que impidan la libre difusión de ideas y opiniones.
Cuando se amenaza a la prensa con interponer recursos sin siquiera ser escuchados y se lanzan campañas de descrédito por la venta de publicidad, con el fin de intimidar, de desacreditar y de extorsionar para que no se hable de las ilegalidades que están ocurriendo en el país, hay que tener mucho cuidado.
Gobiernos antidemocráticos tienden a amenazar a la libertad de expresión para imponer sus prácticas impositivas, dictaduras y autoritarismos censurando de distintas maneras sus políticas e ideologías con populismos que al final afectan a los supuestamente beneficiados.
Muchos gobiernos, funcionarios y autoridades cuando restringen la libertad de expresión o pretenden intimidar con planes perversos y maquiavélicos mediante la ejecución de un método que les beneficie, hay que tenerle extremo cuidado, hay que ponerle atención y deben ser revisadas sus decisiones, pues se puede caer en la dictadura o la continuación de ese régimen.
Nadie desconoce que la libertad de expresión no es sinónimo de libertinaje, ya que existen en la sociedad deberes y derechos, que proteja los derechos de terceros, del Estado, del orden público o de la salud moral de la ciudadanía.
Existen periodistas que en su afán de llamar la atención o mejorar sus ratings, utilizan sus medios para el chantaje, como una apología del odio, manifiestan la intolerancia racial y religiosa, preferencias sexuales o incitan a la violencia o a realizar acciones ilegales.
Conocemos al expresidente Manuel Zelaya, conocemos su relación con la prensa y su vocación democrática y le solicitamos detenga toda intención de acallar a la prensa mediante recursos ilegales que al final a quien más afectará es la Presidenta Xiomara Castro.
*Periodista
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