“NI PASQUINES”

FUI uno de los primeros en advertir –escribe un amigo– y celebrar tu nueva práctica de compartir con tus lectores tus adictivos editoriales”. “Sí adictivos”. “No puedo prescindir de ellos”. “Gracias por haber creado en mí una única adicción”. “No fumo, no bebo alcohol, no bebo Coca Cola, café, cocaína, mariguana”. “En algún trance de mi vida solo adicción por las mujeres bellas e inteligentes”. “Ahora ni eso”. “Solo guardo como reliquia la adicción por tus editoriales”. Se refiere a lo que decíamos ayer: La técnica reciente. Abrir un espacio de interacción. Una especie de plática con lectores, publicando algunos de sus comentarios de lo tratado en esta columna de opinión. Eso sí, haciendo uso del idioma, de las palabras. No como los zombis robotizados a su adicción que prescindiendo del abecedario socializan con “emojis” y pichingos. Así, sin lo incómodo de deletrear, comunican sus estados anímicos. Pulgares hacia arriba o hacia abajo –haga lo que guste con el dedo– caritas felices, empurradas, risueñas, apagadas, sonrojadas, endiabladas, coquetas o iracundas; antebrazos mostrando músculo o el pellejo flojo; manitas pegadas para bendecir; orejas como símbolo que te oigo, pero no escucho; en fin, todo el surtido iconográfico para no tener que usar el alfabeto. Una extraordinaria regresión a la pintura rupestre de neandertales. O si se trata de memes y de “stickers”, a la escritura jeroglífica de los egipcios, allá por 3200 a.C. De los dibujos en las paredes. Vaya ironía. La era de los grandes avances tecnológicos en las comunicaciones, solo para retroceder a épocas remotas de la prehistoria.

Sobre eso mismo otra lectora comenta: “Ni se imagina lo que me ha servido su razonamiento en cuanto a que ahora nos comunicamos como en la Edad de Piedra a través de pichingos y emojis”. “Se lo repito constantemente a mis hijos y nueras, así como a mis ejecutivos que ya no se comunican entre sí como seres humanos de este siglo sino como lo hacían los primitivos a través de señales”. “Lo estoy aplicando en mi trabajo y en casa”. Un dirigente empresarial opina: “Me gusta el mensaje que le manda a los empresarios”. “Porque es cierto que a la mayoría no le gusta leer ni pasquines, creo yo”. Lo anterior aludiendo a lo que decíamos ayer: (Un aviso del Sisimite a esa colectividad de dirigentes públicos –empresarios, funcionarios, académicos, políticos, gremiales– que sienten la lectura como tortura: “La verdadera ignorancia –según el filósofo y profesor austriaco de la falsabilidad– no es la ausencia de conocimiento, sino la negativa de adquirirlo”. Algo que quizás explica la agresividad de los rociadores de odio, Winston otra vez citando a Machado: “Todo lo que se ignora se desprecia”. Una última reflexión. Lo triste es que algunos dizque dirigentes de sectores importantes del país, que debiesen ser los más versados, los más leídos, para distinguirse del montón, reciben los artículos, pero ni con el bocado en la boca lo mastican”).

Una abogada: “Ameno, agudo, perspicaz… de tantos me quedo con lo que me fabrica: admiración y algazara”. De un rector universitario: “Me uno a esa legión creciente de voraces lectores de sus ilustrativos editoriales”. “Los he sugerido en las carreras de letras y periodismo como insumo cotidiano de discusión y material de «disección» literario para sacar conclusiones congruentes apegadas a la realidad”. “Pero más con la intención que les motive a razonar y quizá lograr así la aparición de otro u otros ‘contadores de verdades escritas’”. “Siguiendo la lógica de Winston, mis sugerencias no se gastarán con repetirlas pues varias veces se las he recalcado y continuaré a la espera de resultados”. “Mientras tanto, gracias por sus editoriales”. “Que siga inagotable la fuente del Sisimite”. Otro lector: “Me complace ser parte de esta red de lectores”. “Y qué bueno ese alboroto que nos causa para escribir porque nuestras mentes y nuestras manos se activan”. “En estas líneas encontramos sesudos análisis, profundidad de conocimiento y, por supuesto, respeto a la dignidad humana inclusive de los “cuasizombies”. Un último bonito, con cautela, ya que aquí no hay que asomar mucho la cabeza porque se la cortan: “Quisiera darle “copy paste” a muchos de los comentarios de tus lectores”. “Es cierto, sin darnos cuenta nos enseñas tanto”. “Y el profundo Sisimite con la complacencia de Winston hacen que lo enseñado se nos grabe como una plática agradable”. (“Caballo viejo para cabalgar, –aconseja el Sisimite– leña vieja para quemar, vino añejo para beber, amigos viejos para conversar, y libros viejos para leer”).