“¿LA TORTURA?”

LA técnica reciente. Abrir un espacio de interacción. Una especie de plática con lectores, publicando algunos de sus comentarios de lo tratado en esta columna de opinión. Eso sí, haciendo uso del idioma, de las palabras. No como los zombis robotizados a su adicción que prescindiendo del abecedario socializan con “emojis” y pichingos. Así, sin lo incómodo de deletrear, comunican sus estados anímicos. Pulgares hacia arriba o hacia abajo –haga lo que guste con el dedo– caritas felices, empurradas, risueñas, apagadas, sonrojadas, endiabladas, coquetas o iracundas; antebrazos mostrando músculo o el pellejo flojo; manitas pegadas para bendecir; orejas como símbolo que te oigo, pero no escucho, en fin, todo el surtido iconográfico para no tener que usar el alfabeto. Una extraordinaria regresión a la pintura rupestre de neandertales. O si se trata de memes y de “stickers”, a la escritura jeroglífica de los egipcios, allá por 3200 a.C. De los dibujos en las paredes. Vaya ironía. La era de los grandes avances tecnológicos en las comunicaciones, solo para retroceder a épocas remotas de la prehistoria.

Pues bien, dicho lo anterior, pasamos a la parte epistolar: Comenzando con los que nos dan cuerda: “Cómo has alborotado a tus lectores con tus editoriales interactivos”. “Personas inteligentes que LEEN”. “Ahora, con los años, me está gustando volver a leer libros que disfruté y me doy cuenta de por qué me gustaron”. “Aunque los lea de nuevo les encuentro el mismo gusto, o más, ya con otros ojos”. Otro estímulo de un buen amigo; como muestra que todavía –pese al ambiente tóxico de insultos, de ataques, de groserías, de esos irredentos surtidores de odio– no todo está perdido: “Querido amigo; cada día disfruto más de tus editoriales”. “Realmente es asombrosa la profundidad y la diversidad con la que escribes”. “Te has vuelto como el vino bueno que mientras más añejo, mejor”. Otro juicio de valor de una lectora: “Me encanta como usted hilvana los comentarios que sus asiduos lectores hacemos”. “Eso requiere mucha creatividad”. “Por nada del mundo me pierdo leer su contenido, aunque a veces, a medianoche, cuando no he tenido tiempo durante el día, porque siempre aprendo algo nuevo de ellos”. “Me saluda al Sisimite y a Winston”. Una contribución de otro lector: “El Sisimite ha creado una «red» interactuante de lectores, con un gusto en todas las áreas del saber humano”. “Felicidades y gracias”.

Otra lectora: “Siempre he disfrutado de la enriquecedora compañía de sus editoriales, sus narrativas de pluma fina y una mente privilegiada. Nunca deje de escribir”. Uno más: “A propósito de decir verdades, qué editoriales más de primera”. “Y cómo estos y otros han inspirado y estimulado la buena lectura”. “Aprendí esa nueva palabra, “parresía”, gracias. A adoptar la actitud del apóstol”. (Un aviso del Sisimite a esa colectividad de dirigentes públicos –empresarios, funcionarios, académicos, políticos, gremiales– que sienten la lectura como tortura: “La verdadera ignorancia –según el filósofo y profesor austriaco de la falsabilidad– no es la ausencia de conocimiento, sino la negativa de adquirirlo”. Algo que quizás explica la agresividad de los rociadores de odio, Winston otra vez citando a Machado: “Todo lo que se ignora se desprecia”. Una última reflexión. Lo triste — mucho más para ellos que para los demás– es que algunos dizque dirigentes de sectores importantes del país, que debiesen ser los más versados, los más leídos, para distinguirse del montón, reciben los artículos, pero ni con el bocado en la boca lo mastican”).