En honor de los caídos: la Plaza Isy Obed

Por: Óscar Armando Valladares

El domingo 26 -en la antevíspera del decimotercer aniversario del golpe de Estado (2009), tuvo lugar la ceremonia inaugural de la Plaza Isy Obed, en memoria del primer mártir que ocasionó la represión desatada por autores, cómplices y encubridores de aquel 28 de junio del año en cuestión.

Como habrá de recordarse -con nitidez u opacidad, según quien evoque el hecho-, a ocho días del madrugón, Manuel Zelaya Rosales intentó por los aires retornar al terruño, siendo esperado ruidosamente por una multitud congregada en derredor del aeropuerto Toncontín. No alcanzó a descender la nave venezolana que lo traía, por cuanto la pista estaba pertrechada de soldados y armas de todo género. El gentío mostró entonces de viva voz su descontento y, haciendo suya la prerrogativa de que “el pueblo tiene derecho a recurrir a la insurrección en defensa del orden constitucional”, al no poder ingresar a las instalaciones aventó piedras y palos sin dar en el blanco del batallón verde olivo, pero sí las andanadas de este cuerpo enardecido, uno de cuyos miembros -seguramente un francotirador- fulminó casi enseguida la joven existencia de Isy Obed Murillo Mencía, no con bala de goma, como daba a entender el “ombudsman” de turno, que utilizaba en sus correrías persecutorias del nuevo orden impostor.

Igual que tantas y tantos jóvenes, Isy Obed había engrosado las filas y participado entrañablemente en las manifestaciones del Frente Nacional de Resistencia Popular, luego en las del Partido Libertad y Refundación y, tiempo atrás, en las movilizaciones conducentes a la realización de la consulta pacífica de la cuarta urna, propósito que no tuvo buen término, y, antes bien, sirvió de excusa primaria para hacerse del poder sectores fácticos empresariales, con una cúpula político-partidaria altamente deshonesta a la cabeza.

Según recuerda su angustiada madre, Silvia Mencía, a tempranas horas la joven promesa, “comprometida con la causa popular”, se alistó el fatídico 5 de julio de 2009 a efecto de acuerpar la anunciada llegada -en horas de la tarde- de Zelaya Rosales, “su” admirado presidente, a costa incluso de atropellos brutales que el régimen cometía. Por una irreprimible asociación de ideas y sucesos parecidos, acuden a la mente los días de estudio, en la Alma Mater, y el caso concreto cifrado el 25 de julio de 1963, cuando una disputa de carácter “frentista” -FUUD versus FRU-, concluyó con la muerte impune del inolvidable compañero Rubén Merlo López, en la anochecida Calle Real de Comayagüela. Tres meses más tarde -como era previsible-, acaeció el cruento golpe castrense sobre el acosado gobierno liberal de Villeda Morales.

Inaugurada en el sitio del horrendo crimen, la plaza -con su flama encendida- conságrase en honor extensivo de las 148 víctimas caídas a manos de la dictatura. Manuel Zelaya, Enrique Flores Lanza, Natalie Roque, Jorge Aldana, Anarella Vélez, César Silva, Ivis Alvarado, etc., al grito y coro de “sangre de mártires, semilla de libertad” desovillaron el programa, en compañía de Silvia y David Murillo, progenitores del recordado protomártir, quien a la fecha andaría por los 30 años de edad.

En el polideportivo de la UNAH se verificó, acto seguido, el “Festival de la Victoria, volvimos y vencimos”, musical de ritmos amorosos y canciones de protesta a cargo de Mario de Mezapa y los conjuntos Puras Mujeres, Pez Luna, Diablos Negros, Banda del Bosque y Café Guancasco. Mirna María Barahona, icónica figura de radio y televisión, ponderó la trayectoria artística de los participantes y el espíritu revolucionario contraído en años de lucha e indignación andante.

Arremolinada en la plaza y en el recinto universitario, la asistencia ardió en deseos porque la agenda del gobierno vaya cumplimentándose paulatinamente, aun sobre las acechanzas y malignidades de una oposición que acude y acudirá a cualquier oscuro expediente con tal de que fracase el proceso de refundación y caigan en un punto muerto las esperanzas de una apretada y densa mayoría, que volvió por sus fueros en los comicios de 2021.

Que en este nuevo recordatorio del asalto a la razón -celebrado por cierto con el encanto de las bellas artes-, cuaje la idea de hacer justicia tangible a los hombres y mujeres caídos -con Ysi Obed de símbolo titular-, potenciando la decisión de llegar hasta los últimos medios para hacer factible la obra social pendiente en demasía. Y a los enemigos de la patria, a los mancomunados con el exgobierno opresor: ¡ni honra ni respeto!, como proferían en sus trincheras rebeldes Morazán y Martí.

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