Cuando me dispongo a empezar uno de estos artículos y voy al programa “Word” inmediatamente veo un título que dice: “Documento en blanco” … que frase más interesante… de allí en adelante yo podré impregnar esa Keyla Morel hoja con mi pensamiento y lograré guardarlo y lo mas importante: compartirlo. Es un poco mágico ¿no les parece? Que de la nada surja todo.
Cuando voy a comenzar a pintar me encuentro también con un “lienzo en blanco” de nuevo, aquí viene ese proceso de comenzar y terminar algo. Es de verdad emocionante (por lo menos para mí) descubrir en que acabará el asunto; por experiencia les diré que, en muchísimas ocasiones, la misma obra toma un rumbo que yo no tenía previsto, lo lindo de todo, es que ese proceso de sorpresa siempre le da sabor extra a la experiencia.
Quiero contarles que hace mucho tiempo, cuando por circunstancias laborales me tocaba pintar en mi trabajo, sucedió que hubo una época que nos visitaba constantemente un niño como de ocho años, pues su mamá trabajaba conmigo. El infante era sumamente acucioso, me encantaba platicar con él, pues era muy inteligente. El caso es que él me observaba en todo el proceso de pintar una obra y al parecer, tenía espíritu de “comentador de radio”: me decía constantemente cosas como las siguientes: “te equivocaste, se salió un poco la pintura de la línea, ese ojo esta más arriba que el otro, los dientes se ven sucios…etc., etc., etc.” Al inicio yo le explicaba de buena gana que así era el procedimiento; que al inicio hay un “estira y encoge” en la obra y que poco a poco se llega al punto a donde se quiere llegar para con satisfacción decir “he terminado”. Pero aparentemente el niño nunca me entendió, y yo sabía que al llegar él a mi lugar de trabajo, entonces comenzaría de nuevo mi “vía crucis” de sentirme como un partido de football comentado de inicio a fin. Les confieso que después de un tiempo me fastidiaba. Claro que siempre entendí que, en su mente de niño pequeño, no cabía ese amplio concepto que se llama “proceso” y mucho menos me entendería a mí, pues mis obras desde siempre han sido muy minuciosas y elaboradas; él estaba acostumbrado a los dibujos rápidos: un par de rueditas, unos palitos y ¡listo! Pues resulta que un día me descubrí siendo ese niñito juzgándome a mi misma de forma simplista; yo tenía pensamientos como estos: “hay algo mal conmigo, yo debería poder hacer tal o cual cosa… yo debería tener resuelto este asunto de personalidad… desearía ser mejor en “x” o “y” cosa… y así sucesivamente, y me autoflagelaba pensando que estaba fracasando en algunas áreas de mi vida. Un día, como revelación divina, me di cuenta de que mi vida era una obra de arte en proceso… un artículo a medio escribir… una melodía que todavía ocupa letra… y fue allí que me dejé de juzgar severamente y me dije: “voy bien, sigo adelante, estoy en camino”, ¿saben cuándo será la fecha en que mi obra de arte, que es mi vida, será terminada? El día que pueda ser contemplada totalmente: Es decir, cuando esté muerta. Y ¡ojo! Que, aunque yo ya no esté, puede ser que siempre pueda seguir afectando a otros con mi labor y así mi vida seguirá teniendo nuevos matices, arreboles y colores que incluso yo no hubiera podido plasmar.
Esta nueva filosofía me quita un gran peso de sobre mis hombros.
Mi “trabajo artístico” de vida, todavía no está terminado… tampoco soy un lienzo en blanco… pero les confieso, que en ciertas áreas donde la obra no me está gustando, aprieto la tecla “delete” y comienzo un nuevo “Documento en blanco” …