Por: Marcio Enrique Sierra Mejía
El abuso de poder se ha intensificado en Honduras. En este nuevo gobierno la autoridad usa su poder de gobierno para sacar ventajas con el fin de cumplir sus propios intereses. Ejecuta actos de violación de confianza asociados al poder de la autoridad, a pesar de que no tienen el poder absoluto. El poder de gobierno, es una fortaleza que tiene Libre por encima de la ciudadanía. Y que lo aprovechan haciendo abuso de autoridad. Sus altos dirigentes utilizan la jerarquía de poder que ostentan para maltratar a sus opositores. Cometen nepotismo, despotismo, expresan conductas despóticas y caen en corrupción. Contribuyendo con ello a intensificar los “conflictos de intereses” que afectan el buen curso de la nación por lo cual se supone trabajan.
Hay irrespeto a ley y al Estado de derecho. En el Congreso Nacional, se constata el abuso de autoridad y el despotismo que aplican en el manejo de dicho poder del Estado. Al imponerse un régimen legislativo ilegal. Y que lamentablemente, los diputados de oposición, se han acomodado, para evitar que la anarquía legislativa predomine. Por más que pretendan dar una imagen de productividad legislativa; su dinámica es antidemocrática, impositiva, dispersa, individualista, emocional y sin una visión de desarrollo del país debidamente dialogada. El despotismo que impera y la ilegalidad en que se encuentra la acción legislativa: opacan las intenciones legislativas que promueven los diputados. Tal es el caso de abuso de poder que se percibe al aprobar la ley de amnistía. Para beneficiar corruptos que fueron amigos y funcionarios del presidente en los tiempos del poder ciudadano.
Por el lado del Poder Ejecutivo, el nepotismo brilla por su presencia. Hasta el punto de percibirse la formación de una dinastía familiar en ciernes, que controla los aparatos claves del Estado. Dado que, en Honduras, no hay ley alguna que castigue esta práctica política. Es en este órgano de poder, en donde mejor se evidencia, el poder total del “otro presidente” que, sabemos no gusta someterse, a las leyes ni a limitaciones. Igualmente, el despotismo también “asoma sus garras”. Hay asedio aplicado en el ámbito laboral o acoso laboral. Que se evidencia en la violencia psíquica premeditada y que mantienen en el tiempo perjudicando la salud física y/o mental de los trabajadores que, buscan dejen sus puestos de trabajo. En muchas de las entidades públicas hay acosadores. Aplicando actitudes despóticas individualmente. Tal es el caso de ciertos jefes de departamento que acosan a los subalternos.
El nepotismo y el despotismo han sido constantes en la historia política de los hondureños. En tiempos del Partido Liberal, durante el gobierno del difunto expresidente Carlos Roberto Reina, gran maestro del coordinador general de Libre, se impuso un “callado” nepotismo combinados con actitudes despóticas, que generó, mucho “escandalo durante su administración”. Ahora en el actual gobierno, sucede lo mismo. Y se puede constatar, el trato preferido a familiares y amigos del coordinador general del partido Libre. Y la aplicación de actitudes despóticas en las prácticas de gobernanza del gobierno supuestamente impulsor de una diferente democracia política.
En los gobiernos de los nacionalistas también hubo nepotismo. Sendos casos de nepotismo se observaron en dos administraciones del Instituto Nacional de Jubilaciones y Pensiones de los empleados públicos, en ambos casos, se contrataron parientes y amigos en diferentes cargos públicos.
De similar actuación, en la Secretaría de Salud hubo nepotismo. También, en los dos últimos períodos continuos del Partido Nacional, el presidente, incurrió en nepotismo manifiesto. Pero menos en actitudes despóticas.
En la actual coyuntura política y de gobernanza antidemocrática que vivimos, el populismo socialista, además de aplicar el abuso de poder, el nepotismo y las posturas despóticas. Igualmente, se atreve a actuar con discriminación por cuestiones de afiliación política. Y, desafortunadamente, tales fenómenos políticos, están asociados también con una continuada corrupción en el uso de los dineros que le aportamos al gobierno por la vía de los impuestos, que se supone, son para realizar buenas inversiones que favorezcan la generación de empleos.
La triste realidad política en la que estamos inmersos puede cambiar. Toda vez que los opositores que, aún están del lado de las fuerzas democráticas no socialistas, asuman una postura innovadora y firme ante todos esos abusos que hemos identificado. Para ello, deben demostrar, una organizada y ejemplar fuerza política con visión de futuro convincente, y un plan de reforma penal, que impida la continuidad de la injusticia política.
El abuso de poder hay que enfrentarlo con acciones políticas que contribuyan a desarrollar valores. Promoviendo una estrategia política de oposición que incida en las conductas del actual régimen político, y contribuyan a redireccionar, la postura que demuestran en el día a día de su mandato. El ciudadano anhela justicia sin ventajismos. Usar el poder de gobierno para avanzar y no retroceder.