Odio, venganza y corrupción amarran a Honduras

Por: Marcio Enrique Sierra Mejía

El odio y la venganza que se percibe en el ambiente del escenario político hondureño. Tiene mucho que ver con la estrategia política que consiste en generar odio de clase. Y esta acción política emprendida con mayor intensidad, utilizando al partido Libre para lograrlo, es el “nervio principal” del cual, los sectores ciudadanos populares subordinados a este partido, obtienen su fuerza en la acción política que demuestran, ya sea a través de redes sociales o por manifestaciones callejeras.

El “malestar cultural” o antagonismo entre las necesidades pulsionales del ser humano y las restricciones que la cultura les impone, se agudiza desde que se levanta la bandera política del poder ciudadano, continúa a lo largo del gobierno de unidad nacional, y comienza a atenuarse relativamente, con la aprobación del convenio de extradición, que se acuerda a finales de este período gubernamental. Desde entonces, se aplica una intensa ofensiva de cero tolerancias para desmantelar los carteles del narcotráfico y disminuir la violencia criminal. Es durante los gobiernos de cero tolerancias y de vida mejor, que se concretan capturas de capos de los carteles narcotraficantes, instaurándose una política de seguridad ciudadana que implicó la extradición hacia los Estados Unidos, de los principales toros del tráfico de la cocaína en Honduras.

Desafortunadamente, el relativo éxito obtenido en la aplicación de una política de seguridad bastante bien compactada, coherente y bien dirigida, se ve opacada, por una desbordada corrupción pública que demerita los logros alcanzados, en el ámbito de la seguridad ciudadana. La corrupción pública desvaloriza completamente las buenas obras que se realizaron.

La proliferación de hechos corruptivos, a lo largo de los gobiernos de unidad nacional, las cero tolerancias y de la vida mejor, dio pie para que, la ofensiva política de los socialistas, aumentara el odio de clase. Y facilitó una condición política para aplicar la psicología de masas con mayor contundencia. La cual, culpa a los gobiernos de turno por el aumento del malestar cultural que se produce. De tal suerte, que es el odio de clase, lo que se constituye en la singular fuerza que, está quebrando el “continuum de la historia” bajo el supuesto de superar las relaciones de opresión que afectan la vida de las clases pobres. En otras palabras, el poder del gobierno actual, se basa en desarrollar una práctica política que promueva procesos de “subjetivación” comprometidos, con los sectores populares para fomentar una supuesta liberación cultural favorable a ellos.

Estamos viendo que es el hecho de existir profundas desigualdades sociales, en un sentido amplio, lo que se convierte en el caldo que nutre, procesos subjetivos motivacionales que impactan las dinámicas grupales y la acción colectiva, para demandar y tensionar la lucha política. Están incidiendo en las clases pobres para que actúen con venganza y culpen políticamente a los opositores políticos, principalmente a los nacionalistas, sobre los desmanes que hacen sufrir a los sectores sociales empobrecidos. El “filo de la venganza” (Marta Gerez Ambertín, 2017), es lo que incita a la acción y con lo que pretenden cercarlos.

El gobierno actual, promueve la venganza y con ello amenaza y pretende resarcir las injurias recibidas y desgraviarlas, es decir desquitarse. Adoptando una actitud política de “deslinde” oportunista ante la ciudadanía, al pretender constituirse en los defensores auténticos de la justicia social, sin realmente serlos porque igualmente padecen los vicios que quieren corregir.

Más que un tema sociológico de análisis de las condiciones de subjetivación que originan el odio y la venganza, enfrentamos un desafío analítico propio del psicoanálisis freudiano. Vemos que, en la gobernanza actual del partido Libre, existen unas actitudes políticas personales que manifiestan un desencanto freudiano en relación con el triunfo final de las leyes sociales, que deberían regular el pacto social.

El llamado a los científicos sociales se hace en el sentido de la interdisciplinariedad, pues considero que para repensar sobre la experiencia colectiva que están promoviendo en el escenario político hondureño actualmente, no puede ser enfocada, solo desde el campo de la sociología. Necesitamos del saber que el psicoanálisis puede aportar. Se producen ciertas contradicciones que demandan para entenderlas, la articulación entre diferentes disciplinas, de tal forma, que el aporte de cada una de ellas, contribuya a la construcción de un objeto de estudio, con su propio método y marco teórico.

En el caso hondureño, el nuevo estado de gobernanza. Se basa en el impulso de un odio de clases para promover una apertura histórica, que es sesgada, por la venganza y la parcialidad para corregir la corrupción. Con un brazo atacan el delito corruptivo, pero con el otro lo cometen. Existen dilemas de subjetividad vengativa y de culpa que, plantean problemas cruciales propios del psicoanálisis. La transición hacia el socialismo democrático, es impulsada con actitudes perturbadas que puede hacer fracasar ese proceso.

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