SOBRE TOPONIMIAS

Óscar Aníbal Puerto Posas

I. CONCEPTO
Conforme define este término, la Real Academia Española, toponimia (de topos y onimia), es el estudio del origen y significación de los nombres de lugar. Visto así la toponimia se constituye en ciencia auxiliar de la Historia, la Geografía y la Antropología, entre otras ciencias vinculadas al hombre y al ambiente que habita.

II. “DICCIONARIO HISTÓRICO-GEOGRÁFICO…”
No conozco ningún compatriota que haya profundizado en esta temática, de suyo apasionante. Para escribir este artículo he tenido que acudir a una obra de una gran mujer, hoy día olvidada: Marcelina Bonilla, autora de “Diccionario Histórico-Geográfico de las poblaciones de Honduras”, editado en “la primera quincena de mayo de 1952, en los Talleres de la Imprenta Calderón, de Tegucigalpa, DC, Honduras, C.A.” (Cita textual del colofón).

III. SEMBLANZA BIOGRÁFICA DE LA AUTORA
Antes de entrar en materia, hablemos un poco de doña Marcelina Bonilla, excelsa dama. Nativa de Marcala, La Paz. Donde vio la primera luz el 17 de diciembre de 1886. Fue hija del jurista Pedro H. Bonilla (1853-1916). Paulino Valladares, se expresa así del Dr. Bonilla: «[…] “Es un hermoso ejemplar de los pocos que quedan de esta clase de hombres de amplio corazón, que saben que a la lucha por la patria debe preceder la confraternidad de los hombres. […] No lo halaguéis con empleos públicos ni con honores de similor. Él vuelve a su terruño, a su querida Marcala, y allí sentirá transcurrir el tiempo, lentamente con ese ritmo no oído que prepara las eternidades”. De ese linaje ilustre procedía doña Marcelina Bonilla. El aire mustio de Marcala, no favorece la vida espiritual, por eso su padre la envió a Tegucigalpa, a cursar la educación primaria en la escuela privada de la educadora guatemalteca Carolina del Castillo. Continuó los estudios en San Salvador donde su padre era embajador. Enseguida realizó estudios de magisterio en León, Nicaragua. Empezó a escribir. Temerosa de rechazos o burlas usó un pseudónimo “Carolina del Valle”. Refiere Elsa Ramírez García, en “El orgullo de ser mujer”, que doña Marcelina “fue la primera mujer hondureña en publicar un diccionario Geográfico Nacional… de enorme valor cultural para los hondureños: Diccionario Histórico-Geográfico de las poblaciones en Honduras”. Fue –según doña Elsa- una labor que le llevó muchos años. Antes había escrito “Monografía histórica de Marcala (1931) y “América Indígena (1943). Fue una mujer sorprendente. Autodidacta, sin fuente de información a la mano. Su audacia y su tesón, no tienen aún paralelo. Dio a Honduras dos hijos excelentes: Roberto Arellano Bonilla, ingeniero. Brilló en Guatemala, país que le dio refugio político, durante la así llamada “Revolución de Octubre” (1944-1954). A la caída de Árbenz, volvió al terruño. Dirigió un diario con un nombre poco ortodoxo: “A.M.”. Su hermano Lempira, este último economista, dejó el sello de su prestigio en el Banco Mundial. Marcelina Bonilla, falleció el 15 de febrero de 1955 en El Salvador.

IV. ALGUNAS TOPONIMIAS
Veamos ahora, algunas toponimias contenidas en su obra magna: “Diccionario histórico-geográfico de las poblaciones de Honduras”. La Historia construye las toponimias. De suerte que las toponimias hondureñas son producto de las culturas indígenas o de la conquista hispana. Muchas son una sindéresis: voces indígenas unidas al idioma español. Presentamos algunas. Sin pretender ser exhaustivo. Tomadas al acaso a vibración sentimental. Me sorprende sí, la repetición de algunas toponimias en el terruño patrio. “Ojo de Agua”; para el caso: hay –asómbrese- treinta sitios con ese toponimio; diseminados por toda Honduras. Igual ocurre con la denominación Azacualpa. Hay veintidós aldeas, caseríos y un municipio – departamento de Santa Bárbara- que lleva este toponimio.

El calor indígena, se manifiesta en otras toponimias. Camasca, para el caso, según la autora, deriva de la voz indígena -mexicana para mayor precisión- “lugar consagrado al Dios Comaxtli”. De Camasca es oriundo el flamante director de la Academia Hondureña de la Lengua, el médico y escritor Víctor Manuel Ramos Rivera. Gualala, significa en mexicano “abundancia de buenas tierras”. Gualala es la cuna de Jesús Aguilar Paz, quien recorrió valles, sierras y montañas para perfilar el primer mapa de Honduras. Otro de sus hijos epónimos se llamó Miguel Andonie Fernández. Farmacéutico, empresario y político. Exitoso en las primeras dos actividades. Fallido en la última; para infortunio de Honduras. Su última voluntad fue que su cuerpo fuese incinerado. Sus cenizas arrojadas al Ulúa.

Tegucigalpa, capital de la República, lleva orgullosamente un nombre indígena, fue fundada en 1579 con el nombre de Real de Minas hasta el año de 1762 en que Don Alfonso Fernández de Heredia, le dio el título de Villa de San Miguel de Heredia. Sus habitantes le quitaron tan pomposo nombre y es simplemente Tegucigalpa. En la escuela nos enseñaron que significa “Cerro de plata”. La voz autorizada de Rafael Heliodoro Valle (1891-1959), da otra versión: Tegucigalpa, significa “la casa de las amatistas”. Hay que creerle a nuestro inmenso polígrafo.

Siguatepeque, ciudad situada en el centro de Honduras (departamento de Comayagua), significa “Cerro de las siguatas” (españolizado: “cerro de las muchachas”); que las hay, y muy bellas… Sinuapa, pueblo principal del municipio homónimo, en el departamento de Ocotepeque, significa “en el agua de los canarios”. Sensenti, en el mismo departamento de Ocotepeque, significa: “espiga de maíz seco”. Sorprende la imaginación poética de nuestros antepasados aborígenes.

Los españoles, bautizaron pueblos y ciudades con nombres tomados del santoral cristiano: San Pedro (en honor al conquistador Pedro de Alvarado; de escasa valoración a la vida de sus semejantes). Nombre atenuado por la voz indígena Sula. De manera que la segunda ciudad de Honduras, expresa un sincretismo, se llama San Pedro Sula. También tienen sabor a incienso: Santa Bárbara, Santa Rosa de Copán. Hay topónimos con sabor botánico: La Ceiba, cabecera del departamento de Atlántida y La Lima, una de las principales ciudades del departamento de Cortés. “El Níspero” y “El Negrito”, municipios del departamento de Santa Bárbara y “El Ciruelo”, aldea de Macuelizo, municipio del citado departamento. De igual procedencia es vasta la toponimia nacional.

V. TOPONIMIAS DEDICADAS AL TRABAJO
Hay topónimos que expresan la dedicación ocupacional de seis habitantes: La Labor, municipio del departamento de Ocotepeque, es un nombre fascinante. Un himno al trabajo, “Minas de Oro”, en Comayagua. Explica lo que un día fue el quehacer de su vecindario.

“Minas de Oro”, no solo ha dado el metal valioso, sino que también hombres de especial valía intelectual y ética: los hermanos Carías Donaire: Ramón y Rubén; maestros y el último ingeniero civil, además de docente. Rigoberto y Marco Antonio Padilla Rush, dirigente del Partido Comunista, el primero e ingeniero agrónomo el segundo de ellos. Neyda Sandoval, periodista internacional (Telemundo). José María Sandoval, elevado jurista y su ilustre estirpe.

Marcala, La Paz

VI. “LA TIERRA DEL ORO Y DEL TALENTO CUNA”
Juticalpa, significa “en la casa de los caracolillos”. Le ha proporcionado a Honduras multitud de mujeres y hombres valiosos: Froylán Turcios, Alfonso Guillén Zelaya, Rubén y Antonio Bermúdez, Clementina Suárez, Abel García Cálix, Juanita Zelaya, Medardo Mejía (estos últimos, la una de Salamá y don Medardo de Manto; pero culminaron las luces del saber en Juticalpa). También le ha dado a Honduras presidentes: Manuel Bonilla, Francisco Bertrand y Porfirio Lobo Sosa. “Mel” Zelaya es de Catacamas; aunque olanchano siempre.

VII. LA TIERRA COMO LA MUJER SE AGOTA
La tierra como las mujeres agota su vientre. Olancho ya no produce intelectuales. El último fue Medardo Mejía (1907-1981). Fue un denso escritor. Exploró casi todas las ramas de la literatura. Con excepción de la oratoria. Hizo un esfuerzo por ubicar a nuestros intelectuales en el sitio que les correspondía; de ahí sus ensayos: “Capítulos provisionales sobre Paulino Valladares”. “Froylán Turcios en los campos de la Estética y el Civismo”. “José Antonio Domínguez y el himno a la Materia”, entre otros. Publicó “Historia de Honduras” (6 volúmenes). Se atrevió a hacer teatro. Fue un poeta de altos vuelos: “Niña hermosa yo te he visto en las onzas españolas”. Fue abogado. Además, nuestro primer periodista titulado, egresado de la Universidad de San Carlos de Borromeo, en Guatemala, donde pasó su exilio en tiempo del cariato. Olancho no ha podido, después de su deceso, producir otro intelectual de su calibre.

Empero, Olancho, heredó su fecundidad intelectual a su hijo biocultural, el municipio de Olanchito (departamento de Yoro). Allí nació Ramón Amaya-Amador (1916-1966). Nuestro mejor novelista social. Al nivel de Jorge Amado (brasilero), de Ramón Marrero Aristey, el dominicano autor de “Over”; y superior al costarricense Carlos Luis Fallas. Amaya-Amador, sin duda alguna, es un orgullo nacional. También Olanchito ha dado poetas, citamos unos pocos: Céleo Murillo Soto (1912-1966). El autor de “Afán”, fue además periodista y orador. Livio Ramírez (1943). Cincelador de bellísima poesía. “Escrito sobre el amanecer”, celebra el regreso a España de Pedro Rojas, Dolores Ibárruri, “La Pasionaria”, Rafael Alberti y otros. Livio vivió el suceso siendo diplomático. Otra faceta de su fulgurante personalidad. Tiene otras obras, se complilan en “Inyama”.

A la última hornancia literaria pertenece Hebert Sorto (1973) y otros y otras. Olanchito ha dado también abogados notables: Florencio Puerto (1909-1976). Andrés Alvarado Puerto (hermano del anterior), abogado también. Político y excelente orador, ministro de Relaciones Exteriores en el gobierno del doctor Ramón Villeda Morales (1957-1963) y la administración fugaz del abogado Ramón Ernesto Cruz (1971-1972). Falleció en 2004.

En el seno de una familia: los Zelaya Lozano, surgieron ilustres profesionales: Lucas (Procurador General de la República en la administración del general Oswaldo López Arellano); Cecilio, economista, rector de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH); Emilson, médico y cirujano; Jacinto, profesional de la Pedagogía, y Amílcar, abogado, recientemente fallecido. ¡Hermosa gavilla de doctos profesionales!

Abro un párrafo aparte para referirme a Juan Ramón Martínez (1941). Un olanchito singular. Maestro de educación primaria, sirvió en la escuela “Modesto Chacón” durante breves períodos. Emigró a Tegucigalpa, estudió Ciencias Sociales en la entonces denominada “Escuela Superior del Profesorado Francisco Morazán”, dio un salto al sur. Dirigió –por cierto, el primero- en Langue, Valle, el “Instituto John F. Kennedy”. De ahí afinció sus pies en la acción social. Trabajó en “La Colmena”; para entonces el mejor centro de capacitación campesina del país. Fue cofundador del Partido Demócrata Cristiano de Honduras (PDCH). De infortunada presencia política en Honduras, debido, a mi juicio, a que fue acaparado por una élite pequeño-burguesa oportunista. De vuelta a Tegucigalpa, estudia Ciencias Jurídicas y se graduó de licenciado en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH). Nunca ejerció su profesión. Su pasión ha sido las letras y el periodismo. Mozalbete aún formó parte del Bloque de Prensa de Olanchito. Ha publicado mucho. Su obra cúspide es: “Ramón Amaya-Amador: Biografía de un escritor” (editada por la Editorial Universitaria, en mes de diciembre de 1995, con un tiraje de 1,000 ejemplares). Como periodista, mantiene una columna en diario “La Tribuna” y hace periodismo televisivo en Canal 10.- Una vez, tuvo el atrevimiento de querer ser presidente de Honduras. Noble intención. Lo traicionó su propio partido: PDCH. Por varios períodos se desempeñó como director de la Academia Hondureña de la Lengua (AHL), donde hizo una magnífica labor.

VIII. TOPONIMIAS SUBLIMES
Progreso (se escribe sin artículo). Lo define, doña Marcelina Bonilla, así: “Tiene gran movimiento comercial, grandes almacenes. Escuelas primarias de ambos sexos. Oficinas telegráficas y agencia postal. Sobre el Ferrocarril del Ulúa. Zona bananera, buenos edificios para sus oficinas” (Ops. Cit. p. 231). Según la misma fuente, recibió el título de ciudad en 1926 (gobierno del doctor Miguel Paz Baraona). Ahora bien, al ser fundada tuvo un nombre reñido con la sindéresis y el buen gusto: “Santa María del Canaán y el Río Pelo”. Un alcalde, no recuerdo su nombre, tuvo la fortuna de darle su actual nombre. Progreso no solo vale por lo anteriormente apuntado. Hay un suceso que baña esta ciudad de gloria. Alojó en 1954 al Comité Central de Huelga (el legítimo, el que presidió César A. Coto). La Gran Huelga de 1954, duró 69 días. Puso de manos caídas –en toda Honduras- cerca de 50,000 obreros y obreras. De la huelga de 1954, derivaron las grandes conquistas sociales en pro de los trabajadores hondureños: Código del Trabajo, Seguridad Social, Reforma Agraria y otras. Fue uno de los acontecimientos matrices de la Historia Nacional. Luego de la Independencia (1821); y la Revolución Morazanista (1829-1839); le sigue la Gran Huelga Obrera de 1954.

Nueva Arcadia. “Pueblo principal del municipio de Nueva Arcadia, en el departamento de Copán”. “Arcadia en la antigua poesía clásica, país imaginario habitado por pastores que llevaban una vida sencilla de paz y ventura”. ¡Noble aspiración la de sus fundadores” ¡Que la Historia les sea propicia a lograr tan nobles propósitos!

El Porvenir. Son dos –al menos- los municipios con esa toponimia. Uno en el departamento de Atlántida y el otro, recientemente constituido en Francisco Morazán. El nombre, de suyo elocuente, no amerita explicación. El periodista Renato Álvarez, es oriundo de El Porvenir, Francisco Morazán (valle de Siria).

San Buenaventura. “Pueblo principal del municipio de Sabanagrande, en el departamento de Francisco Morazán”. Ventura es una palabra con muchas acepciones, la principal es: Felicidad. Ojalá la alcancen sus habitantes…!

El Paraíso. Es la toponimia de un departamento oriental de Honduras, fronterizo con la República de Nicaragua. También así se denomina una de las ciudades principales del departamento indicado. Gautama Fonseca, mi maestro y amigo, ponía en duda el acierto de esta toponimia. Aunque estaba equivocado. Una toponimia define no lo que se es sino lo que se debe ser. El Paraíso, será algún día eso un paraíso. El vocablo evoca “el Edén perdido”. El departamento le ha dado a Honduras grandes personalidades: Lucila Gamero de Medina, nuestra gran novelista; Manuel Adalid y Gamero, nuestro gran filarmónico; Esteban Mendoza, gran jurisconsulto, excanciller miembro de la Delegación de Honduras ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya. “Supo imprimir a sus actos el timbre de la seriedad y la honradez”. Manuel Gamero, periodista exdirector del desaparecido diario “Tiempo”. Otro Manuel Gamero, también originario de Danlí, fue presidente, como Diputado por el departamento de El Paraíso, de la Asamblea Nacional Constituyente que promulgó la Constitución de 1980.

IX.LAS POBLACIONES DE HONDURAS EN LA VOZ DE SUS POETAS
Justiniano Vásquez (1929). Fue el primero poeta contemporáneo que puso su vista en el sector rural. Su libro: “Confesión de la sangre” (1951); es una viva expresión de la poesía bucólica.

Jaime Fontana (1922-1972), en su único libro publicado: “Color Naval” (Poemas, Buenos Aires, Argentina, 1951), incluye un bello poema que tituló: “Marcalino”, de largo aliento. Obvio, lo inspiró Marcala (La Paz). Es más, en la pequeña ciudad fue escrito en el año 1944. Jaime Fontana se inscribe entre los mejores poetas hondureños de todos los tiempos.

Roberto Sosa (1930-2011). Le escribió un poema a Amapala, Valle. Amapala significa en mexicano: “Cerca de los Amates”.

Constantino Suasnávar (1912-1974). Fue un gran poeta, no suficientemente valorado. En “La Siguanaba”, escribe: “El río Simistrán / bajo luna transmontana / corre por el Alto Verde / a las tres de la mañana”. Suasnávar en estos versos no solo recoge nombre de lugares propios, incluye a un personaje siniestro de la tradición oral hondureño: “La Siguanaba”.

Rolando Kattán (1979). XX Premio Casa de Américas de Poesía Americana, en su libro: “Los cisnes negros”, incluye dos poemas conmovedores y hermosos. “La cometa de Gualcinse” y “El mar de Esquías”. Da un ejemplo: los poetas deben conocer su país.

Explende por su talento José Luis Quezada (1948-2009). Autor de varias obras: “Sombra del blanco día”, lo inmortaliza. “Pepe Luis”, cual le decían sus amigos; fue catedrático del Departamento de Letras de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Fue uno de nuestros mejores poetas. Sin embargo, a su sepelio solo acudimos cuatro intelectuales: Livio Ramírez, quien desgranó bellas frases ante su tumba; Rafael Murillo Selva, Jorge Federico Travieso h., y el que escribe estas líneas.

X.ISLAS DE LA BAHÍA: EL MISTERIO DE SUS TOPONIMIAS
Islas de la Bahía, estuvo bajo el dominio de Inglaterra. Sus toponimias no proceden del idioma español sino del anglosajón.

El canta-autor Domingo Trimarchi, en una canción dedicada a Islas de la Bahía, dice: “Roatán, Utila y Guanaja, Elena, Barbareta y Morat / son voces de viejos marinos al lanzar sus redes al mar”.

La imaginación de un artista, puede ser tomada en cuenta para desvelar cualquier misterio. Trimarchi, amigo nuestro, abandonó la canción. Hoy se dedica a una actividad más edificante: la ingeniería civil.

XI.TOPONIMIAS QUE EXPRESAN DESALIENTO, QUEBRANTO Y TRISTEZA
En la obra tantas veces aludida, hay una toponimia aplicada a dos poblaciones hondureñas que llenan de congoja, de espanto: “Peor es nada”, caserío del municipio de Choluteca.

También hay otro sitio con ese nombre. Se trata de un caserío de la aldea de Santiago, municipio de Pimienta, departamento de Cortés. Uno en el sur y otro en el norte. Rompiendo el mito que el sur es pobre y el norte es rico. En Honduras, la pobreza es generalizada. ¿Qué carencias; qué dificultades, qué frustraciones, influyeron en los pobladores para darle a sus poblaciones estas denominaciones inauditas?

Urge investigar si aún existen (el libro de doña Marcelina Bonilla, data de 1952). Si existen todavía habrá que sembrar en ellos la semilla del progreso. Devolverles la fe. Acompañarlos, mediante acciones concretas, a la construcción de un futuro luminoso. “Peor es nada” expresa desconsuelo. Ponerse de rodillas ante la desgracia. Es grotesca esta toponimia. Grotesca e indignante. Expresa desaliento. Centenares de miles de compatriotas, experimentan desaliento, quebranto de ánimo, tristeza. Por eso emigran. Evitemos su fuga. Construyámosles una Patria digna.

FUENTES:

– Marcelina Bonilla, “Diccionario Histórico-Geográfico de las poblaciones de Honduras”, Imprenta Calderón, Tegucigalpa, 1952.
– Elsa Ramírez García, “El orgullo de ser mujer”, S/F.
– Gonzáles, José, “Diccionario de literatos hondureños”, Editorial Guaymuras, 2ª. Edición, Tegucigalpa, 2004.
– Acosta, Óscar, “Poesía hondureña de hoy”, Editorial Nuevo Continente, 1ª. Edición, 1971.
– Kattán, Rolando, “Los cisnes negros”. Colección Visor de Poesía, S/F.
– Ramírez Lozano, Livio, “Inyama”, Casasola, Estados Unidos de América, 2001.
– Vásquez Montalbán, Manuel, “Pasionaria y los siete enanitos”, Editorial Planeta, Madrid, 1995.
– Diccionario Enciclopédico UTEHA, México, Reimpresión de 1953.

Tegucigalpa, 4 de marzo de 2022