VÉRTICE
Por: Fernando Berríos
Periodista
Curiosamente, la noticia de que los consumidores de menos de 150 kilovatios no pagarán energía eléctrica, lejos de alegrar a muchos, ha terminado cayendo como un balde de agua fría.
Muchos andan desjuiciados viendo cómo “reducir” el consumo energético, lo cual es bueno, porque al fin y al cabo, eso es lo que hacen todas las sociedades del mundo, sobre todo aquellas donde se pagan los precios reales de la energía.
Pero, si la idea es “premiar” el bajo consumo, ¿por qué esta buena noticia que dio la Presidenta de los hondureños, durante su discurso inaugural del pasado 27 de enero de 2022 en el estadio nacional, no llena de algarabía a los consumidores?
La respuesta la dio la propia presidenta, cuando, al enumerar 22 acciones inmediatas de su gobierno, en el punto 1 dijo textualmente: “Que más del 1,000,000 de familias que viven en pobreza y consumen menos de 150 kilowatts por mes, a partir de este día no pagarán más la factura del consumo de energía; la luz será gratis en sus hogares”.
Hasta ahí íbamos bien, pero luego agregó: “Como esta decisión significa un costo más para la Empresa Nacional de Energía Eléctrica, los altos consumidores deberán asumir un precio a su factura para subsidiar la energía que daremos gratis a los pobres de Honduras”.
Si bien en ese momento no dijo quiénes eran los altos consumidores, días después sus allegados explicaron que una parte de la “energía gratis” la deberán pagar los consumidores residenciales de más de 500 kilovatios, los altos consumidores (la empresa y la industria) y el propio Estado.
Y es esto lo que preocupa a muchos que no consideran justo pagar la energía propia pero adicionalmente y mediante un “aporte solidario”, costear la “energía gratis” de otros abonados.
Lamentablemente ni la Empresa Nacional de Energía Eléctrica sabe a ciencia cierta quiénes son los abonados que realmente consumen menos de 150 kilovatios. Solo para que se formen una idea, un consumo de 150 kilovatios significa tener una refrigeradora, un televisor y un par de focos (estos últimos siendo usados de forma muy moderada).
En virtud de lo anterior, muchos se preguntan (yo también) si en realidad hay más de un millón de familias cuyo consumo real está por debajo de 150 kilovatios.
EEH, en el pasado, ha explicado que el consumo inferior a 150 kilovatios no es real, por diversas razones como: el hurto de energía, la manipulación de medidores, los cobros promedios de 100 kilovatios a miles de familias que nunca han tenido un medidor en casa pero que sus consumos actuales son monumentales.
En el pasado, muchas de estas familias fueron beneficiadas con proyectos de electrificación rural, lo cual es plausible, pero lo que es inaudito es que nunca les hayan instalado un medidor y que, muchos años después, sigan pagando precios simbólicos de 100 lempiras por su “consumo promediado”. Por si fuera poco, ahora, con las nuevas medidas, ya no pagarán ni siquiera esos 100 lempiras porque es “gratis”.
Estos abonados, que no tenían ni un foco porque en sus comunidades no había luz, ahora tienen refrigeradoras, televisores, radios, computadoras, celulares y en algunos casos hasta aires acondicionados. Algunos tienen negocios dentro de sus casas que demandan alto consumo. Obvio, a ninguno de estos abonados les conviene la instalación de un medidor porque esto significará pagar el precio real de la energía.
Años atrás, EEH expuso que en Honduras había más de 11,000 clientes con consumos mensuales de 4,000 kilovatios hora. Además, 200,000 clientes consumiendo más de 600 kilovatios. Ambos grupos representaban el consumo del 80% de la energía.
En ese entonces, en la base de datos de la Empresa Energía Honduras se reportaban 1.7 millones de abonados. Esto significaba que los consumidores de menos de 600 kilovatios son 1.5 millones de familias que consumen el restante 20 por ciento de la energía.
Ahora bien, las autoridades del gobierno han mencionado (sin mostrar mucho respaldo) que las familias beneficiadas con energía gratis pueden alcanzar 1.3 millones. Esto significa que podría haber unos 300,000 abonados que consumen entre 150 y 600 kilovatios. Si a estos sumamos los 200,000 abonados que consumen más de 600 kilovatios, entonces estamos hablando de un impacto directo para unas 500,000 familias de clase media (baja, media y alta) que deberán asumir una parte de los costos de la energía gratis para las 1.3 millones de familias beneficiadas.
Entonces, aquí es donde la cosa no le cuadra a muchos que simple y sencillamente ya no soportan los recibos de la energía. Familias que antes pagaban entre 800 y 1,200 lempiras mensuales, hoy están pagando 2,500 lempiras y falta que vean sus próximos recibos con nuevos cobros por aportación solidaria para la “energía gratis”.
Sabemos que la ENEE arrastra una crisis histórica y alguien debe pagar la cuenta de la energía que se consume. La actual ministra de Finanzas, en su informe de país, aseguró que la estatal tiene una deuda que supera los 76,000 millones de lempiras, con pérdidas en más de 33 por ciento.
Lamentablemente, reducir esas monstruosas pérdidas requiere voluntad política y mucho coraje, porque, implica tocar la zona de confort de muchos abonados (no necesariamente pobres) que antes pagaban poco y ahora no pagarán nada.
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