“TE DESEO”

VÍCTOR Hugo trasciende por su excepcional obra escrita. En su prolífica inspiración produce poemas, novelas, discursos, obras teatrales y un extensísimo legado epistolar. Su novela “Los Miserables”, publicada en 1862 — traducida a casi todos los idiomas– lo ubica entre los inmortales. Se trata de “una discusión sobre el bien y el mal, la ley, la política, la ética, la justicia y la religión”. Quizás, el más emblemático poeta, dramaturgo y escritor romántico francés de su época. Propicio reproducir en este espacio editorial, como obsequio a nuestro amable público lector, al aproximarse el Día de Reyes, su poema –enviado por un amigo lector en ocasión de las fiestas navideña y de Año Nuevo– “TE DESEO”:

Te deseo primero que ames,/ y que amando, también seas amado./ Y que, de no ser así, seas breve en olvidar/ y que después de olvidar, no guardes rencores./ Deseo, pues, que no sea así, pero que si es,/ sepas ser sin desesperar./ Te deseo también que tengas amigos,/ y que, incluso malos e inconsecuentes/ sean valientes y fieles, y que por lo menos/ haya uno en quien confiar sin dudar./ Y porque la vida es así,/ te deseo también que tengas enemigos./ Ni muchos ni pocos, en la medida exacta,/ para que, algunas veces, te cuestiones/ tus propias certezas. Y que entre ellos,/ haya por lo menos uno que sea justo,/ para que no te sientas demasiado seguro./ Te deseo además que seas útil,/ mas no insustituible./ Y que en los momentos malos,/ cuando no quede más nada,/ esa utilidad sea suficiente/ para mantenerte en pie./ Igualmente, te deseo que seas tolerante,/ no con los que se equivocan poco,/ porque eso es fácil, sino con los que/ se equivocan mucho e irremediablemente,/ y que haciendo buen uso de esa tolerancia,/ sirvas de ejemplo a otros./ Te deseo que siendo joven/ no madures demasiado de prisa,/ y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer,/ y que siendo viejo no te dediques al desespero./ Porque cada edad tiene su placer/ y su dolor/ y es necesario dejar/ que fluyan entre nosotros./ Te deseo de paso que seas triste./ No todo el año, sino apenas un día./ Pero que en ese día descubras/ que la risa diaria es buena,/ que la risa/ habitual es sosa y/ la risa constante es malsana./ Te deseo que descubras,/ con urgencia máxima,/ por encima y a pesar de todo,/ que existen, y que te rodean,/ seres oprimidos,/ tratados con injusticia y personas infelices./ Te deseo que acaricies un perro,/ alimentes a un pájaro/ y oigas a un jilguero erguir triunfante su canto matinal,/ porque de esta manera,/ sentirás bien por nada./

Deseo también que plantes una semilla,/ por más minúscula que sea, y la acompañes en su crecimiento,/ para que descubras de cuantas vidas/ está hecho un árbol./ Te deseo, además, que tengas dinero,/ porque es necesario ser práctico./ Y que por lo menos una vez por año/ pongas algo de ese dinero frente a ti y digas: “Esto es mío”/ solo para que quede claro/ quién es el dueño de quién./ Te deseo también/ que ninguno de tus afectos muera,/ pero que si muere alguno,/ puedas llorar sin lamentarte y sufrir/ sin sentirte culpable./ Te deseo por fin que,/ siendo hombre, tengas una buena mujer,/ y que siendo mujer, tengas un buen hombre,/ mañana y al día siguiente,/ y que cuando estén exhaustos y sonrientes,/ hablen sobre amor para recomenzar./ Si todas estas cosas llegaran a pasar,/ no tengo más nada que desearte. (Solo faltó desear –suspira para sus adentros el Sisimite– que no lo destruyan y lo dejen a uno tranquilo en su hábitat).