En el último mercado de pases, en el verano europeo, Chelsea batió su récord al incorporar al futbolista más caro de su historia. El club londinense pagó 115 millones de euros a Inter de Milán para sumar a sus filas a Romelu Lukaku en una ambiciosa apuesta.
Tras un semestre en Stamford Bridge, el belga le otorgó una entrevista a Sky Sports en la que confesó que no se siente cómodo en su nuevo equipo y que sueña con regresar al club del norte de Italia. El bombazo retumbó en toda Inglaterra y hubo consecuencias.