Por: Gustavo Milla Bermúdez
El libro de la verdad es la Biblia donde está fundamentada la palabra de Dios, y trata entre Dios y el hombre. Por medio de ella Dios se revela a sí mismo y da a conocer su voluntad y su propósito redentor. Contiene, la historia de la humanidad.
La evolución social ha sido lenta y difícil, ha contado con el factor tiempo, Adán y Eva fue el camino de la procreación humana y tuvieron un largo y angustioso camino por haber desobedecido a Dios. El hombre bifurca el camino que Dios tiene trazado para la humanidad con humanismo colectivo ya que todos somos hermanos. La Mesopotamia o el valle del Nilo es donde aprendieron los hombres a su tiempo, a escribir sus pensamientos y a llevar un registro que pudiera entender la humanidad de sus obras. Y entonces, cuando menos en una parte del mundo, termina la prehistoria de la humanidad y empezó la historia.
Hemos insistido en el fenómeno social o propiamente hablando los fenómenos sociales son comunes a todos los hombres que viven en comunidades. Pero el espíritu humano es proteico y presenta esos fenómenos en formas muy variadas y complejas, debido a serias circunstancias que las distintas teorías sociológicas deben explicar.
Las bases de la vida en común, es el comienzo de la vida civilizada como la época heroica de la humanidad, se caracteriza por la presencia de varios grupos de seres humanos, de vida social rudimentaria denominados por sus necesidades elementales.
Las necesidades sociales -síntesis de las necesidades individuales y nuevos modos de satisfacerlas-, integran la compleja vida social. El ser humano y su grupo son imperfectos para una vida apacible. Aun desde su origen el hombre es poseedor de sentimientos generosos y altruistas que dan pasos a esos grupos que apaciblemente se pierden en la historia.
En el ser humano se anidan instintos, pasiones, intereses mezquinos y egoístas, que son factores negativos que lo obligan a luchar sin descanso haciendo de la vida una contienda inacabable.
Hoy estamos viviendo un mundo lleno de incongruencias de una humanidad sin humanismo, todos queremos todo, nadie se conduele del otro, todos somos cómplices sin darnos cuenta que nuestras acciones van contra nosotros mismos. En la vida del hombre político son mucho más hondas las heridas que el mismo desprecio de la sociedad que discrimina al hombre pobre y humilde por su condición humana.
La humanidad ha vivido y ha sufrido los holocaustos más terribles que la historia escribe en las páginas más negras que se ocultan en el corazón de la humanidad en el mundo entero.
En Estados Unidos en la historia recién pasada, se dio un hombre de mucha maldad y crueldad deshumanizado, ese fue el expresidente Donald J. Trump, hombre muro. Es “Leviatán”.
Hasta ahora no se sabe a ciencia cierta cuál fue el más asesino: Adolfo Hitler, José Federico Stalin, Francisco Franco, Fidel Castro, Maduro o, Daniel Ortega. Todos estos y en cada uno de ellos hay un “Leviatán” que se interpreta como representante del Diablo.
El protagonista más grande ante la historia de la humanidad cristiana es nuestro señor Jesucristo, porque su padre Jehová lo envió a la tierra para perdonar los pecados del hombre, pero el hombre de agradecido con Jehová crucificó a su hijo.
Ese es el poder del mal que rodea al hombre en toda la dimensión de lo que es el mundo. Necesitamos principios de una política humanista con el poder de la razón que oriente a la sociedad universal, a la acción debida. En nuestros días se siguen oponiendo las dos tesis: la necesidad de un contenido humanistas para salvar al hombre, un mirador de contenido y conciencia sin temores y sin imperativos ajenos de otra índole, sino es para servir a la humanidad con humanismo de corazón y filosofía de amor cristiano.
Hay un compromiso entre los pueblos y gobiernos que no pueden ser violados, de tácito entendimiento en propósitos generales que hacen posible la acción gubernamental. La moral individual se diluye en la moral social de nuestros días. Los gobernantes aspiran a convertirse en imperativos categóricos sociales. “Equivocados”.
El único libro que humaniza a la humanidad es la Biblia que contiene los mandamientos y preceptos de la ley divina; de Jehová nuestro Dios.
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