Por: Guillermo Fiallos A.
Mercadólogo, abogado, pedagogo, periodista, teólogo y escritor.
Ha trascendido que el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), financiará los estudios y la construcción de un puente vehicular marítimo, que unirá el sector de Coyolito con la Isla del Tigre (conocida también como Amapala). Lo anterior es apoyado por un reciente Decreto Ejecutivo del gobierno actual.
Esta noticia ha despertado, una vez más, las esperanzas de todos los habitantes de la majestuosa isla sureña para concretar un largo proyecto de siglos: estar unidos con tierra firme y poder así, desarrollar todo su potencial.
A través de la historia, los amapalinos han sido engañados con promesas que nunca se concretaron pues, únicamente, en sus sueños o a través de los espejismos que producía la bruma proveniente del océano adentro, miraban la ansiada obra que les permitiría concretar sus anhelos. Sin embargo, al volver a la realidad, solo les quedaba el recuerdo de un puente fantasmal que desaparecía entre las olas del mar y la brisa marina que acariciaba sus contornos.
Amapala, además de un lugar paradisíaco, tuvo y tiene mucho que ofrecer. Su nombre proviene de lenguas indígenas y se menciona que el significado es: “Montaña de las Culebras” o “Cercano a los Amates”. En cuanto al título de Isla del Tigre, la tradición puntualiza que proviene en alusión al famoso pirata Drake, a quien por sanguinario y cazador de tesoros, le decían como apodo “El Tigre”.
Amapala, es un punto histórico, idílico y estratégico para el país. En sus costas y tierras han tenido lugar acontecimientos importantes para el devenir patrio y, asimismo, ha contado con la visita de ilustres personajes como Albert Einstein y -según leyendas costeras- también, se escondieron en sus veredas y cuevas, bucaneros y piratas de la talla del citado Francis Drake.
Amapala, tiene una extensión aproximada de 75 kilómetros cuadrados y funcionó, hasta finales de los años 70 del siglo pasado, como el principal puerto de Honduras en el Pacífico. Fue considerada, en un momento, como la capital de la República Mayor de Centroamérica.
En el siglo XIX, según memorias históricas del periodista estadounidense, Ephraim Squier, del muelle de Amapala salía y entraba mercadería hacia puertos europeos como: Liverpool, Marsella, Bremen; y de la América como: Nueva York, El Callao y Valparaíso.
Importantes y prósperos negocios se situaron en el poblado y numerosos inmigrantes de origen italiano, alemán, inglés y portugués entraron por su aduana. Sus descendientes son, actualmente, orgullosos hondureños que contribuyen al adelanto nacional.
Con un imponente volcán extinto cuya cima es escondida por diáfanas nubes, alberga una rica fauna y flora únicas por aquella zona, que aporta mayor relevancia a este sitio de la geografía hondureña. Algunos, conocen esta área como el Mirador del Pacífico, pues desde sus cumbres se divisan tres países y la inmensidad de un océano que se pierde en el azul de sus relieves.
Toda esta apretada exposición geográfica e histórica que he reseñado sobre Amapala, es para insistir en la importancia que tiene para Honduras y, sobre todo, las posibilidades presentes y futuras no solo en aspectos turísticos, sino, en la infraestructura nacional para unir el Atlántico con el Pacífico a través del Canal Seco y, quizá, de un ferrocarril interoceánico.
Ya es tiempo que hagamos realidad el eslogan: “volvamos al sur” y permitamos el desarrollo de un paraje especial de esta patria, que aspira a un brillante porvenir. Amapala, con una de las bahías más profundas del continente, merece la oportunidad de despegar y convertirse, nuevamente, en la rosa de los vientos del Golfo de Fonseca.
No permitamos que este sueño de nuestros hermanos amapalinos -que hoy parece más cercano que distante-, se esfume entre la espuma del mar o los cálidos aires. Es importante apoyarles y con nuestro interés, demostrarles que también ellos forman parte de la soberanía de esta maravillosa Honduras.
El florecimiento de Amapala por medio de este puente vial, permitirá no solo la prosperidad de sus habitantes, sino también, de todo el país. Es el momento histórico que autoridades actuales y las de enero próximo, aúnen esfuerzos y horizontes para que esta estructura se convierta en realidad.
En cuanto al puente de Amapala, no es importante cuando se coloque la primera piedra, sino, -como decía un apreciado amigo-; lo determinante es cuando se coloque la última piedra del mismo.
¡Ya suficiente tiempo han sido burlados los ciudadanos de Amapala!