Abrazándose como si fueran los amantes más apasionados, los luchadores se embarran el uno al otro de sudor, saliva y — cuando se cortan accidentalmente — sangre. Los pulmones agitados, las bocas abiertas, inhalan y exhalan frente al rostro de su rival. Con sus cuerpos brillosos, es imposible distinguir los fluidos de su rival de los propios.
Competencias de lucha, la prueba más dura contra coronavirus en Tokio 2021