Mario E. Fumero
Una de las fortalezas de todas las democracias es la simplificación de una diversidad de partidos políticos que representen las tres ideologías económicas o tendencias que prevalecen en la humanidad, las cuales son el partido de derecha, que estás a favor del capitalismo y libertades, el partido de centros, que trata de mezclar los conceptos capitalistas con los socialistas, y el partido de izquierda, que promueve el control del Estado en la producción, servicios públicos y regular la economía para no dar lugar a un capitalismo que crea desigualdades y divisiones de clases según los esquemas del marxismo.
Podemos aceptar las corrientes filosóficas y políticas diferentes dentro de estas tres tendencias son las prevalecientes tradicionalmente, pero hacer que estas tres corrientes económicas de política produzcan el surgimiento de catorce partidos políticos, nos lleva a considerar que vivimos en una democracia débil, frágil y muy dividida.
No quiero, ni puedo hablar de los partidos políticos, por que como pastor y extranjero tal asunto no me incumbe, pero sí quiero analizar el peligro que existe en vivir dentro de una sociedad fraccionada, porque eso es lo que produce la división entre tantos partidos.
Una de las estrategias del maquiavelismo es “el dividir para triunfar” y es que el diablo no sabe sumar ni restar, pero sí le encanta dividir. Divide la familia para destruirla, divide la sociedad para confrontarla, divide los partidos para destruir la democracia, divide la mente para crear confusión, divide a ricos y pobres para que se peleen y divide la iglesia para dañar el mensaje y el concepto de “ser iglesia”.
Entre las enseñanzas de Jesucristo hay una muy especial que revela el peligro de la división como estrategia del diablo, y afirmó: “Y Jesús, como sabía los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es desolado; y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá” Mateo 12:25, manifestando que cualquier división en la vida nos lleva al caos, y estableció una conclusión que se evidencia en todos los problemas existentes, si divides nunca prevalecerás. Y de ahí se desprende otro concepto muy popular como es el de divide y vencerás, expresión muy popular en los movimientos de izquierda cuando afirma que el pueblo unido jamás será vencido.
La unidad fortalece, pero la división debilita, y Honduras se encuentre con una proliferación de partidos que debilita la salud de la democracia, y aunque aducen que es por razones ideológicas, me pregunto ¿cuántas ideologías políticas existen para que haya tanta división? Creo que todas estas divisiones tienen su origen no en la visión, sino en el deseo de poder de todos los que tratan de alcanzar en América Latina los puestos clave en la política. Por lo tanto, la división partidista tiene una causa y se llama ambición, y nace del egoísmo personal.
Cuando hablamos de la división familiar, hablamos de la desintegración de la familia y cuando hablemos en términos políticos, hablamos del debilitamiento de la democracia y del hecho de que tendremos un gobierno que no tendrá una mayoría simple (51%) del país, porque si no hay una segunda vuelta, y el gobierno que sea electo gobernará casi en solitario, y con poco apoyo popular.
Es buena técnica la del diablo, divide y vencerás, pero debemos de optar por la otra técnica, unidos venceremos, y para ello es necesario dejar a un lado nuestros intereses personales, económicos y pensar en el bien común, para poder salvar la unidad familiar y la unidad laboral, y lo que es mucho más importante, la unidad nacional que hoy no solamente se ve afectada por la división política, sino por una pandemia que la tiene al borde del colapso, y de sumar la otra tragedia que es la creación de las ZEDE que fraccionarán más al país en una división geográfica.
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