Aquel 1 de agosto de 1956

Por: Ricardo-Alonso Flores

**La juventud universitaria se rebela contra Lozano Díaz
**Un gobierno que pudo ser de conciliación termina con una rebelión
**Así se inicia el poder militar en Honduras
**Se dejó convencer con aquellos que exageradamente le llamaban “el único hondureño idóneo”

El 5 de diciembre de 1964, después de tres días de sesiones preparatorias, los representantes del Partido Liberal, reunidos en lo que hoy es la Casa de la Cultura, antes Teatro Manuel Bonilla y por entonces sede del Congreso Nacional, esperan pacientemente que los diputados electos de los partidos Nacional y Reformista asistan a las sesiones, pero nada de esto sucede.

Presidía esa directiva provisional el general Santiago Meza Cálix, por lo que, al cumplirse las doce de la noche, el entonces vicepresidente don Julio Lozano Díaz, asume todos los poderes del Estado, al romperse el orden constitucional.

Esa noche tan trascendental, registra la llegada de distintos líderes políticos a Casa Presidencial, siendo la más notoria la del doctor Ramón Villeda Morales, excandidato liberal que había obtenido la mayoría de votos en las elecciones del 10 de octubre de ese mismo año. La Constitución vigente exigía la mayoría absoluta y al doctor Villeda Morales le faltaron unos cinco mil votos para ello.

Don julio en su discurso a la nación, dijo con palabras muy elaboradas, “nadie puede decir honradamente que yo he buscado esta situación, ni siquiera la he deseado, pero tampoco la rehuyo”.

En su misma alocución, mencionó una situación bíblica al expresar que “deseo ser como el camino redentor que conduce a Damasco” agregando que “quería ser como un sol que a nadie queme y a todos ilumine”.

Nombra un nuevo gabinete de gobierno, que él llama de “Conciliación Nacional”, encabezado por el jurista don Salomón Jiménez Castro, como ministro de Gobernación, el doctor Esteban Mendoza en Relaciones Exteriores, reservándose don Julio la Secretaría de Hacienda en la que nombra como subsecretario al abogado don Pedro Pineda Madrid, general J. Antonio Ynestroza en Defensa, doctor Manuel Cáceres Vijil, Ministro de Salud y Beneficencia y a los liberales les da las carteras de Educación Pública al doctor Enrique Ortez Pinel y al ingeniero Ángel Sevilla la de Recursos Naturales.

El doctor Ramón Custodio, quien tuvo destacada participación en el asalto

La Corte Suprema de Justicia la integra con los magistrados Juan Manuel Gálvez como presidente, abogado Marcos López Ponce, Antonio R. Reina h., Juan J. Zepeda y Timoteo Chirinos. En tanto que los magistrados suplentes eran los abogados J. Blas Enríquez, Darío Montes y Jesús Zacapa. El fiscal era el abogado Rubén Álvarez Canales.

Curiosamente, a los que fueron diputados electos de los tres partidos, los nombra “consejeros de Estado”, un organismo parecido al Congreso Nacional, pero sin facultades legislativas y que preside don Antonio Castillo Vega, que no había sido candidato en las elecciones pasadas.

El gobierno de Lozano Díaz tuvo algunos aciertos y como veremos después, muchos problemas. Entre ellos el conceder el voto a la mujer por decisión propia, así como comprar los famosos aviones corsarios que tanto servicio prestaron a la nación.

Fue el primero en exponer la necesidad de un “plan quinquenal”, tema del que nadie había hablado en Honduras y en su gabinete incluye a don Mariano Guevara como ministro del Trabajo, Asistencia Social y Clase Media.

Puerta de entrada al cuartel.

La ignorancia de aquellos tiempos, llegó a considerar como algo ridículo este nombre, pero Lozano Díaz pensando hacia el futuro, sabía que la clase media era la que sostenía a un país en su desarrollo.

Don Julio seguía contando con una buena opinión pública y a su lado estaba doña Laura Vigil, quien fundó una institución solidaria que duró pocos años, “La Cruz de Lorena” e impulsó el inicio de las obras de la Basílica Menor de Suyapa.

En una entrevista que le concediese a la periodista Nora Landa Blanco, primera mujer en Honduras que dirigió un periódico, un semanario llamado “El Imparcial”, don Julio expresó: “A solas con Dios y mi conciencia, no temo el fallo de la historia”.

Todo parecía indicar que Lozano Díaz deseaba encabezar y finalizar un gobierno de transición, pero muy pronto, los áulicos, como acostumbraba llamar don Víctor Cáceres Lara, comienzan a endulzar los oídos de don Julio, para que aspire a ser el próximo presidente de Honduras, mediante una Asamblea Nacional Constituyente que le daría siete años de gobierno al igual que el septenio francés, con el patrocinio del movimiento “Unión Nacional” al que no se le quiso llamar inicialmente partido pero que, el ingenio del periodista Óscar A. Flores Midence, convierte en Partido Unión Nacional (PUN).

Julio Lozano y algunos de sus colaboradores cercanos.

La actitud complaciente y tolerante de los primeros meses de Lozano Díaz se tornan en un desconcierto total, porque al renunciar los consejeros liberales, nombra una cantidad de personas incondicionales y la persecución contra liberales y nacionalistas era cada vez más fuerte.

Considero que uno de los puntales para remover el poder de Lozano Díaz fue don Óscar Flores Midence, desde los editoriales del diario “El Pueblo”, cuando decía: “Ni Lozano, ni nadie que huela a dictador Lozano será presidente de Honduras”.

La situación se había tornado sumamente tensa y los estudiantes universitarios iniciaron un movimiento pacífico que fue muy secundado por el pueblo, cuando la Federación de Estudiantes Universitarios de Honduras (FEUH) tenía una gran credibilidad y respeto entre los hondureños.

De pronto, un 1 de agosto de 1956 las pocas emisoras del país callaron. Los pocos periódicos del país dejaron de circular y casi nadie sabía en la nación lo que estaba pasando.

El histórico Cuartel San Francisco, hoy convertido en Museo Militar

Y es que en el histórico Cuartel San Francisco se estaba produciendo un acontecimiento trascendental para aquellos tiempos, por algunos dirigentes universitarios, ciertos políticos y militares que se daban cuenta de la situación.

Tomar el Cuartel San Francisco no era precisamente el único objetivo, pero sería el principio del fin de un régimen que se había convertido en un maremágnum, donde don Julio era manipulado por muchos de sus seguidores.

Esa toma del cuartel fue un acto heroico, el inicio de la caída de Julio Lozano, el triunfo de una juventud rebelde y respetuosa de la democracia, que quería comenzar una nueva era para Honduras.

Me falta memoria, porque estos acontecimientos los viví siendo un joven estudiante de San Pedro Sula, pero no puedo dejar de mencionar al doctor Ramón Custodio López, Carlos Somoza, Carlos Martínez Castillo, Aníbal Villatoro, Ezequiel Escoto Manzano, Federico Mejía Rodezno, Céleo Arias, Enrique Navas, Francisco Ciliezar y Francisco Nery Stevez, entre otros.

El doctor Ramón Custodio dijo: “Que el objetivo era que los civiles tomáramos el control de la capital incluyendo la Casa Presidencial, capturando en ella el mayor número de funcionarios públicos y neutralizáramos a la Policía Nacional, porque las tropas del Primer Batallón de Infantería tenían armas del gobierno de los Estados Unidos, dadas en arrendamiento al gobierno de Honduras y era estrictamente prohibido su uso en un alzamiento militar en contra del gobierno constituido”.

En tanto, Ezequiel Escoto sostuvo: “Que el 1 de agosto tiene un significado especial en la historia de nuestro desarrollo institucional…, desde el punto de vista militar resultó desastroso, pero preparó las condiciones para la jornada del 21 de octubre”.

Curiosamente, don Julio Lozano Díaz, jefe de Estado de Honduras no asiste a las celebraciones conmemorativas del Congreso Anfictiónico de Panamá y Honduras es representada por el embajador Policarpo Callejas Bonilla. Tampoco asistió el presidente de Colombia, Gustavo Rojas Pinilla. Ambos fueron derrocados poco tiempo después.