Por: Mario Hernán Ramírez
Presidente vitalicio “Consejo Hondureño de la Cultura Juan Ramón Molina”.
Van pasando generaciones tras generaciones y cada una va dejando rastro de su existencia por el planeta; por ejemplo, los grandes pensadores, filósofos y científicos nos remontan a civilizaciones antiguas, tan antiguas como la creación del mundo.
En nuestro caso, como país, Honduras podríamos decir que es de reciente data porque su existencia como tal a penas se conoce desde hace 500 años cuando estas tierras fueron descubiertas por el audaz navegante.
Por eso, nos remitiremos al reciente pasado, en el que hubo mujeres y hombres de mucha prestancia, por cuyas actuaciones han penetrado en la plataforma de los inolvidables y otras personas han alcanzado la cumbre de la inmortalidad; por ejemplo, Valle y Morazán.
Más acá en el tiempo comienzan a aparecer sobresalientes figuras en el mundo intelectual y son las universidades de este cinturón de América, con Guatemala a la cabeza la que nos ofrece los primeros profesionales académicos de la región y así vemos abogados, doctores, ingenieros y muchos literatos que como diamantes en bruto pulieron su talento a través de la lectura de las más portentosas obras traídas de Europa y otras latitudes del globo.
Como en Honduras estamos viviendo la temporada periodística, época propicia para recordar algunos de los baluartes que tanta gloria le han dado a la patria por sus escritos en periódicos, revistas y libros que han trascendido las fronteras.
Para citar algunos nombres, bástenos recordar a un Ramón Rosa, Adolfo Zúniga, Julián López Pineda, Juan Ramón Molina, Rómulo Ernesto Durón, Froylán Turcios, Luis Andrés Zúñiga, Salvador Turcios Ramírez, Rafael Heliodoro Valle, Alfonso Guillén Zelaya, Arturo Martínez Galindo, José R. Castro, Paulino Valladares, Alejandro Castro padre e hijo; Céleo Murillo Soto, Vidal Mejía, Dionisio Romero Narváez, Ramón Amaya Amador, Víctor Cáceres Lara, José Dolores, González, Vicente Mejía Colindres, Salvador Turcios Parras, Alejandro Valladares, Manuel Sevilla Oliva, Guillermo Bustillo Reina, Rafael Jerez Alvarado, Salatiel Rosales, Marco Antonio Ponce y muchos más que sería prolijo señalar en estas notas, en la cual queremos destacar el nombre del siempre recordado Enrique Gómez Zelaya (La Tía Florentina), que por su conducta irreprochable, recia personalidad intelectual y honradez a toda prueba pasa a formar la galería de los inolvidables en nuestra patria.
Quique Gómez pertenece a esa generación brillante en la que destacaron Óscar A. Flores Midence, Juan Ramón Ardón, Santiago Flores Ochoa, Ventura Ramos Alvarado, Medardo Mejía Pagoada, Felipe Elvir Rojas y otros más que también cuentan como verdaderos adalides del pensamiento libre y honesto de nuestro país.
Pero, Quique como cariñosamente le llamábamos sus amigos, tuvo la oportunidad de trabajar en periódicos como El Norte de don Vidal Mejía en San Pedro Sula y el Diario Comercial como corresponsal con Rodolfo Brevé Martínez en Tegucigalpa, de aquel gran periódico, propiedad de una de las compañías bananeras de aquella región. Cuando don Julián López Pineda fundó Diario El Día el 11 de junio de 1948 logró incorporar un selecto grupo de colegas suyos entre quienes figuró Quique, el que durante la administración del doctor Ramón Villeda Morales fue llamado para ocupar el importante cargo de subjefe de relaciones públicas de Casa Presidencial con don Manuel Sevilla a la cabeza; antes, también había laborado en El Cronista y finalmente lo vimos en el Ministerio de Cultura Información y Turismo en el gobierno del general Melgar Castro, cuando el coronel y abogado Efraín Gonzáles Muñoz fundara esa Secretaría de Estado y llamara a colaborar a una buena cantidad de periodistas, algunos recién salidos de la naciente Escuela de Periodismo, otros, con experiencia como Armando Zelaya Zúniga, German Allan Padgett, Juan Ramón Ardón, Jorge Figueroa Rush y una gran cantidad de féminas, quienes bautizaron a Quique con el sugestivo nombre de El bambino de oro, precisamente por el magnetismo de su carácter, su temperamento alegre y jovial y una simpatía y cordialidad, como muy pocas personas han logrado cultivar a su paso por la vida.
En el mes de los periodistas en el 2021, cuando la histórica Asociación de Prensa Hondureña se apresta para conmemorar el 1er. Centenario de su fundación en 1925 y cuando el benemérito Colegio de Periodistas de Honduras me ha honrado con el más alto galardón que periodista alguno recibe en Honduras, “el Álvaro Contreras” no puedo menos que elevar plegarias de gratitud al Altísimo, junta directiva del CPH y jurado calificador por tan honrosa distinción, que a mis 87 años consagra definitivamente mi persona como un comunicador que deja huella, tal como lo decimos líneas arriba al comienzo de esta sentida crónica, para el más influyente diario de este país como es LA TRIBUNA; galardón que comparto no solo con mi familia, sino con amigos, colegas y múltiples personas que a través de diferentes medios de comunicación me han hecho llegar sus saludos desde el día mismo en que el señor presidente del CPH anunciara públicamente el fallo por medio del cual se me adjudicó oficialmente tan valiosa presea.
Otro sí: Mi esposa, Elsa Ramírez, está por lanzar a la luz pública su cuarta obra literaria, intitulada “El orgullo de ser mujer” en el que destaca la presencia femenina en Honduras en los diferentes órdenes del quehacer humano, trabajo exhaustivo y casi completo que recoge alrededor de 200 nombres de distinguidas damas que por su perseverancia han ocupado lugares de singular importancia a su paso por la vida.