Por: Carlos Medrano
Periodista
No juzgo a quien ya se fue a vacunar a los Estados Unidos, frente a la incertidumbre, inacción y la desesperanza que produce este gobierno al no prever ni proveer el antídoto que nos proteja ante la covid-19, enfermedad que ha desnudado lo peor de esta administración.
Es una acción lógica de los viajeros en busca de la vacuna, ya que, si tienen recursos para viajar y lograr inocularse y salvarse de no hospitalizarse si llegaran a contraer el virus, pues hay que hacer la inversión, pero en mi caso he decidido confiar en Dios que pronto tendremos el medicamento en el país y que lograré tan ansiada inmunización.
No quiere decir que antes no confiaba, pero esta enfermedad que tiene destruido a este país y miles de familias quienes han perdido a seres queridos, nos ha permitido acercarnos a Dios, reflexionar y abrigarnos bajo su manto de misericordia, aceptando su voluntad sea cual fuere su designio.
Las personas han viajado desesperadamente a vacunarse a varias ciudades norteamericanas (principalmente en Amarillo, Texas), que de manera gratuita han puesto la vacuna de Pfizer, Moderna y Johnson & Johnson. He conocido a personas que han sacado préstamos, han pedido prestado y han acudido a ahorros para viajar y estar inoculados.
Quienes no tenemos mayores recursos y vivimos del día a día, o sea, que no podemos viajar a los Estados Unidos con toda nuestra familia, tenemos la esperanza que la piedad internacional incline su rostro a Honduras y nos envíe las vacunas pronto, aunque sea las que tengan próximas a vencer.
Deberemos seguirnos cuidando, -ahora al extremo-, para no salir contagiados por este destructor virus, extremar las medidas de bioseguridad, cargar nuestro “botecito” de alcohol al salir y lo principal, confiar en Dios todopoderoso para que nos cuide de este desastre sanitario.
La enfermedad es impredecible, hay ancianos de más de 90 años con hipertensión, diabetes, obesidad que fueron entubados, que vencieron al virus y salieron con su silla de ruedas a su casa, mientras existen jóvenes con una vida por delante que no soportaron los embates de la enfermedad y fracasaron en su lucha por vivir.
Me parece una falta de fe salir corriendo hacia EEUU buscando la cura temporal de la enfermedad, desconociendo que somos seres frágiles, que la vida es un suspiro, que el dueño de la vida es Dios y que Él sabrá cómo y cuándo vamos a fallecer.
Sin pretender hacer un debate religioso, hay palabra de Dios en Salmos 91 que reza que “El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré”, o el Salmo 23, Jehová es mi pastor, nada me faltará.
Confiemos en Dios que pronto vendrá la vacuna y que castigará a todos estos quienes nos gobiernan, por negligentes, por indolentes y por tener una agenda oculta malévola que los llevará al infierno.
El no tener la vacuna en las cantidades requeridas para lograr una inmunización de rebaño, como ya lo están haciendo los otros países de Centroamérica, América y el mundo, o considerar a la vacuna como una herramienta política o una estrategia de manipulación, es un recurso satánico que corresponde solo a personas que irán al fuego eterno.