¿Humanitarios o demagogos antipatriotas?

Por: Héctor A. Martínez
(Sociólogo)

Si Nayib Bukele se lanzara para presidente de Honduras en este momento, suponiendo que las reglas del juego democrático cambiasen hacia un modo de selección sin fronteras, estoy seguro de que ganaría las elecciones abrumadoramente. Las razones de ese apoyo masivo son de origen freudiano y cultural, desde luego. En los países más atrasados, la gente necesita sentir que existe un poder machista y viril que se muestre como el padre benevolente, pero, al mismo tiempo, con la fiereza autocrática del que manda en casa. A pesar de la seducción de la fanaticada, la comunidad internacional comienza a ver a Bukele como un peligro para la estabilidad de la región.

Mientras tanto, un grupo de alcaldes hondureños tomó la decisión de contactar a Bukele para que les regalara un par de vacunas con el propósito de aplicarlas en sus comunidades, en vista de la ineficacia del sistema sanitario hondureño para responder a la grave crisis de la pandemia del Covid-19. ¿Un acto humanitarito, o se trata simplemente de politiquería barata para ganar votos y, de paso, fastidiarle la existencia al gobierno de Juan Orlando Hernández? A lo mejor, todas: la maniobra ha dejado mal parado al gabinete de mando que se ha mantenido en modo silencioso, mientras los medios no se atreven a cuestionar la insolencia de los alcaldes díscolos, y han cubierto el suceso en forma de “La donación proveniente del hermano país”, es decir, sin críticas de nada. La ganancia mediática, eso sí, ha sido para Bukele, quien, para muchos hondureños, ha venido a llenar el vacío de liderazgo político que tanto ansiamos en el país en los últimos tiempos.

Aunque solo hemos considerado el lado humanitario y no la ignominia del acto perpetrado por los alcaldes, ello se debe a la estrechez moral con que manejamos los fundamentos de civismo que nos legaron los maestros de antaño y que han dejado de enseñarse en las escuelas “modernas”. Nos referimos, por supuesto, a conceptos como patriotismo e identidad nacional, que son los mismos que nos llevaron a defender el territorio nacional en el conflicto armado de 1969, en esa gesta que nos mantuvo unidos y orgullosos durante muchos años, lo recuerdo bien.

¿Por qué los políticos exhiben estas conductas que parecen moralmente buenas, pero que resultan políticamente incorrectas desde el punto de vista patriótico? Hemos llegado a un extraño territorio donde la moral se desterró para siempre de la política, dando lugar a una aleación espuria entre teoría y práctica democrática, de escasa utilidad para el pueblo, pero de altos quilates para unos pocos que han permanecido y pretenden permanecer gozando de las delicias del poder. La política ha perdido el sentido original de los medios y fines que exhibía el siglo recién pasado, contaminada por la torcedura ética de la mayoría de los demagogos de todos los partidos y organizaciones. Y esta ensalada desordenada de la política “Made in Honduras”; este mejunje que se parece a cualquier cosa, menos a política seria y responsable, termina de alear la moral con el deber patriótico que debe prevalecer en todo político que, pese a hacer oposición al gobierno, jamás debería enlodar su ascendencia patronímica ni el prestigio de la patria que lo vio nacer, solo para mantenerse cuatro años gozando de las mieles del poder.

Esas conductas demagógicas de los alcaldes pedigüeños – humanitaria, por un lado, pero burda por el otro-, es consustancial con el declive cívico que vivimos en Honduras. Nada de eso ocurriría si nuestros gobiernos no estuviesen controlados por la corrupción, bajo un poder que ignora los problemas de las mayorías. No se trata tan solo de la “crisis del Estado”, sino también de la impureza moral de nuestros líderes políticos, incapaces de prever las explosiones sociales que se avecinan en el futuro inmediato.

Son todas esas cosas que debemos considerar para las próximas elecciones: votar con fidelidad y decoro para no deshonrar más a la patria, y sacar, de una buena vez, a los corruptos del Estado. Ya saben de lo que estoy hablando.

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