Loco suelto en el barrio

Por: Adán Hilario Suazo Molina
Coronel de Aviación ®

El concepto de autodeterminación de los pueblos, deriva de la compleja pero poderosa idea de nación. Tras la Primera Guerra Mundial, con el surgimiento de la primera liga de naciones, el principio comenzó a adquirir relevancia, respaldado desde posturas tan diversas como el liberalismo, el marxismo-leninismo, el socialismo y el nacionalismo. Después de la Segunda Guerra Mundial con la creación de las Naciones Unidas, su Carta entra en vigor el 24 de octubre de 1945, y reconoce en su primer artículo el principio de libre determinación de los pueblos, junto al de igualdad de derechos (Wikipedia). El concepto doctrinario, ha sido ampliamente utilizado indistintamente por naciones, gobiernos, pueblos o personajes que dependiendo de su interpretación, razón e interés invocan su derecho a la autodeterminación.

Para el año 2009 en nuestro país, producto del conflicto político generado por la sustitución presidencial, lo que finalmente se catalogó como golpe de Estado, se argumentó mucho sobre la autodeterminación, pero esto de nada valió, todos recordamos las difíciles consecuencias de dicho episodio, lo cual después de doce años no termina de superarse. Ahora, nuestro vecino anda transitando un camino parecido, han sustituido al fiscal general y a la Sala Constitucional de la Corte Suprema salvadoreña, utilizando una mayoría abrumadora en la Cámara Legislativa, no tardó mucho la invocación de la autodeterminación, así como las voces opositoras calificando el acto como golpe de Estado, en realidad, para muchos esto es solamente un acto anunciado derivado de una obra previamente concebida.

Para refrescar un poco nuestra memoria, el presidente Bukele durante su campaña, y en el transcurso de su gestión, ha demostrado antipatía y mala voluntad hacia nuestro gobierno, las expresiones groseras han sido múltiples para lo cual utiliza su propio estilo populista mediático, con estas acciones sin duda el presidente Bukele ha levantado perfil entre los opositores y detractores del régimen hondureño, el porqué de esta actitud lo desconocemos, asumimos que es de esos enemigos gratuitos que pelean hasta con el espejo. En este asunto recalcamos, no está en juego la medición de popularidad entre mandatarios y tampoco está la efectividad de gestión en sus respectivos países, cada quien conoce cuál es cual, total el sol no se cubre con un dedo, este asunto es más de nacionalidad y respeto al significado de patria, por lo tanto, no debe jugar el debate o la revancha política.

Lo que pasa en el país vecino, se nos puede antojar de ser irrelevante, algo ajeno que no nos incumbe, al final que hagan lo que su gobernante estime conveniente, que arreglen sus asuntos a su antojo. Pero da la casualidad, que además de nuestra vecindad, somos pueblos hermanos y a pesar de todo unidos por destinos comunes, dada nuestra colindancia compartimos intereses estratégicos adyacentes, en muchos aspectos dependemos uno del otro, de este cúmulo de coincidencias, se derivan compromisos pactados y firmados internacionalmente, que no se han cumplido por la inoperancia histórica de nuestros gobiernos, quienes solamente postergan el asunto, sumado a esto, ahora el Tío Sam nos ha encapsulado junto con Guatemala, en el famoso Triángulo Norte.

Es seguro que nuestros hermanos salvadoreños están recibiendo línea desde el lejano Oriente, algo que no se les puede reprochar, esto es parte del juego geopolítico que debemos asumir quienes somos tan solo peones en el tablero de las potencias dominantes.

Pero el asunto se complica más, cuando entre el vecindario te encuentras con un personaje, el cual intuimos que su lengua va más rápido que sus nuevas ideas. Alguien que ha llegado al extremo de citar como argumento comparativo, un tema tan sensitivo como el holocausto, algo que ha causado repudio internacional. No obstante: siempre y cuando el efecto se mantenga en los límites de su entorno y no piense ni trate de colisionar con nuestros intereses, es prudente respetar la autodeterminación proclamada, pero admitiendo, que este asunto, puede tener un efecto adverso en una región tan compleja como la nuestra.

Coloquialmente hablando y sin alusiones personales: si anda un loco suelto en el barrio, es procedente tener cuidado… nos puede perturbar la paz, quebrar los tejados, romper ventanas y hasta causar daños considerables.