DESMANTELAR LA VERDAD

EL interés por saber la verdad es un valor depreciado hoy en día. Cada vez importa menos conocer información veraz. Las redes sociales se encargaron de despedazar ese preciado activo. Y ahora, medios convencionales, inclinados más al espectáculo para entretener clientela, que al respetable oficio de informar fiel y equilibradamente, terminaron dejando al auditorio desprovisto de fuentes fidedignas y confiables. Es innegable el daño a la democracia y la erosión causada a la confianza de la opinión pública al proceso electoral, ocasionado de propalar mentiras tóxicas que se esparcen y se repiten hasta desfigurar totalmente la verdad. Los perdedores auxiliados por sus bocinas, propagaron sin escrúpulos la gran mentira que con fraude “les robaron la elección”. La inmensa mayoría de su partido –especialmente su base más fanática– creyó y sigue creyendo ser víctima del hurto. Después de escuchar su encendido discurso, el día cuando el legislativo debía certificar el resultado del Colegio Electoral, una turba enardecida irrumpió violentamente en el Capitolio.

Milagrosamente, la furiosa muchedumbre que asaltó las instalaciones, no les prendieron fuego. Anduvieron buscando –entre otros mandados ejecutados– al vicepresidente republicano que presidía la sesión para colgarlo “por traidor”. Bajo la descabellada creencia, totalmente equivocada, que podía detener la certificación de los resultados electorales y no lo hacía. Nunca admitió la derrota y para perpetuar la farsa pregonada no asistió a la toma de posesión del actual presidente. Lo insólito es que la táctica de la distorsión de la verdad produce réditos a los deformadores. Su influencia en la crédula base dura del partido le permite mantener rehén la institución. Ello es así gracias al pánico entre congresistas, senadores y gobernadores republicanos que les produce contradecirlo. Temen que sin su endoso –peor aún si decidiera hacer campaña en su contra– arriesgan su futuro político y pierden la reelección a sus cargos. Una de las voces solitarias, la congresista Liz Cheney, decidió enfrentarlo. Acaba de ser purgada de su liderazgo número 3 de los republicanos entre la Cámara Baja. Casi hubo un voto unánime en su contra para defenestrarla. Sus compañeros ni por respeto, se quedaron sentados a escuchar su último mensaje. Pese a quedar íngrima en su lucha –sin audiencia en el hemiciclo– no tuvo la menor intención de aferrarse a la jerarquía de liderazgo que le estaba siendo arrebatado.

Expresó lo siguiente: “No me quedaré sentada a mirar en silencio mientras otros llevan a nuestro partido por un camino que abandona el Estado de Derecho y se unen a la cruzada del expresidente para socavar nuestra democracia”. “Permanecer en silencio –sentenció la congresista– e ignorar la mentira envalentona al mentiroso”. Denunció que en sus esfuerzos de “socavar el proceso democrático” estadounidense, el exmandatario ha “engañado” a millones de estadounidenses “que solo han escuchado sus palabras, pero no la verdad”. De momento quedan pocos valientes que desafían el dominio que el ex POTUS ejerce sobre la base republicana. “El senador Mitt Romney, senador de Utah, fue abucheado durante una convención estatal, que estuvo a punto de censurarle por haber votado junto a los demócratas en los dos juicios políticos contra el expresidente”. Desde el atril el excandidato presidencial republicano (2012) les dijo a unos 2 mil delegados conservadores congregados: “Ustedes me conocen como una persona que dice lo que piensa, y no escondo el hecho de que no era fan de los problemas de personalidad de nuestro antiguo presidente –prosiguió Romney, en medio de abucheos. Detuvo su alocución unos segundos y luego espetó: ¿No les da vergüenza?”. Coincidente aquello con esa batería de falacias que aquí han montado para desmantelar la verdad y de remate socavar la única esperanza genuina que haya salida pacífica y democrática a la crisis. (Como poco interesa la verdad, avisen, –en los pueblos lo vieron y aseguran que volvió a aparecer– si se encuentran al Sisimite).